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Montañismo y Exploración
Campo 4
15 junio 2003


Steve Roper, un escalador de la década de los sesenta, es el autor de Campo 4, un libro que contiene la historia de la escalada de Yosemite, desde sus orígenes hasta terminada la edad de oro de la escalada en el Valle. El Half Dome, el Capitán y muchas otras paredes son abordadas por escaladores como Yvon Chouinard, Royal Robbins y el mismo Roper.







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Steve Roper. Campo 4. Recuerdos de un escalador de Yosemite. Ediciones Desnivel, Madrid, 2002. 302 páginas. ISBN: 84-95760-75-4

¿Por qué la escalada en Yosemite es tan diferente? ¿Por qué tiene su propia técnica, ética y material? La razón fundamental descansa en la misma naturaleza de la roca. En ninguna otra parte del mundo la roca está tan quebrada, tan pulida por las glaciaciones y tan carente de agarres. Todas las líneas de escalada siguen sistemas de fisuras verticales. Todas las fisuras que se equipan con clavos, todos los agarres, son verticales. La necesidad es lo que ha hecho desarrollar técnicas y equipo especiales.

Yvon Chouinard

No hay nada más satisfactorio que ser un pionero.

Allen Steck, 1950



El Valle de Yosemite. O, simplemente, el Valle. Un lugar apartado del mundo y descubierto por la civilización occidental en 1851, cuando el Batallón Mariposa, que perseguía "a indios que habían estado hostigando los asentamientos de los blancos en las colinas de abajo" (p. 25) entró por primera vez a lo que les pareció "un paraíso" y que después habría de ser la Meca de los escaladores de roca.

Steve Roper, un escalador de la década de los sesenta, se lamenta de que "Los turistas y los hippies escalaban las paredes sin tener ni idea de la impresionante historia del Valle, ni de su lugar en el mundo de la escalada." (p. 256) Pero ¿cuál es la historia del Valle? Bastante larga, por supuesto, así que Roper se dedica a la "edad de oro" de la escalada, sobre todo a las escaladas más significativas y a los escaladores visionarios.

"Con escaladas significativas normalmente me refiero, aunque no siempre, a primeras ascensiones de alguna de las grandes paredes o sistemas de fisuras difíciles; escaladas que por su audacia elevaron el listón. Con escaladores visionarios me refiero a aquellos que vieron que las grandes paredes podían ser escaladas sin usar cuerdas fijas, con pocos buriles, con un estilo más eficaz o quizá con un tipo de material. Gente como ésa, y era muy poca, meditó largo y tendido sobre la escalada en roca y después actuó conforme a sus ideas." (p. 16)

Roper inicia la historia desde el primer ascenso, en 1869, de John Muir, quien "se las arregló para abrirse paso hasta la cumbre de la Catedral Peak." (p. 22) Pero la base de esta historia son las salidas que organizaba el Sierra Club al Valle haciendo de vez en cuando escaladas fáciles, que entonces se hacían sin cuerda. Aquí inicia todo. Gente preocupada, trajo a quien conocía la técnica de cuerda y así, los miembros del Club "...pasaron la mayor parte del 1932 y 1933 aprendiendo a asegurar y a rapelar correctamente." Su lema era seguridad. Pronto encontraron que el seguro europeo al hombro no era tan práctico e "...inventaron el aseguramiento de cadera..." (p. 24)

Así, para 1934 "...se había desarrollado una ética que, en mi opinión, dice mucho del carácter de los escaladores implicados. Entrénate duro para una escalada y sé consciente de dónde te estás metiendo. Sé valiente, pero practica técnicas seguras. No tengas miedo de retroceder. Lo más importante: no sometas la roca a la tecnología; usa material sofisticado, pero empléalo con juicio." (p. 30)

Habría que esperar hasta 1947 para que iniciar la "edad de oro", cuando inicia "El concepto de escalada de big-wall, que puede ser definido como una escalada de varios días que precisa técnicas artificiales en paredes de roca largas y verticales, se asentó del todo durante los intentos de 1947" (p. 49), con el ascenso de "Ax Nelson y John Salathé por la Chimenea Arrow durante cinco días de septiembre de 1947 supuso un verdadero hito: la primera big-wall realizada nunca en Estados Unidos, y sin duda el comienzo de la edad dorada de la escalada en Yosemite." (p. 49)

Desde esa escalada hasta la apertura de Tis-sa-ack, en el Half Dome, en 1969, Roper se dedica a pasear al lector en el Valle de Yosemite y los personajes que destacarían en la escalada y se asentaban en el Campo 4:

"...en esos años el Campo 4 ni siquiera existía, al menos como campamento oficial. El lugar era utilizado de manera informal por los esquiadores del Sierra Club como un campamento de invierno desde 1930, y hacia 1939 estaba catalogado en el registro oficial del parque como un «lugar de excursión». La edición de 1941 de este mismo registro le otorgó una nueva clasificación: Campo 4 (se escogió este número porque, durante el cambio de siglo, era el que tenía asignado una zona de acampada alejada unos doscientos metros, que fue desmantelada durante la primera guerra mundial)... A este campamento, que pronto se haría famoso, acudieron los escaladores de posguerra, sobre todo cuando no formaban parte de un grupo mayor del Sierra Club, el cual todavía se quedaba en el Campo 9 durante sus salidas organizadas." (p. 36)

Los cambios en la evolución de la escalada son palpables con la narración: la creación de clavos nuevos, ideados para escalar en Yosemite; la invención de un sistema de graduación de dificultad específica para escalada (ideada por Royal Robbins, quizá la figura más sobresaliente y su compañero de cordada, Don Wilson) y mejorada por Mark Powell y posteriormente por Jim Bridwell; la creación de los rurps por Yvon Chouinard, esos clavos diminutos del tamaño de una estampilla de correos; el perfeccionamiento de calzado especial para escaladores; el asentamiento por largas temporadas de los escaladores, lo que creó una "comunidad" que se comunicaba entre sí y polemizaba sobre la libertad individual, la ética, el uso y abuso de buriles, las dificultades, las nuevas rutas y otras mejoras en equipo y técnica, como la aparición de los jumars, las cuerdas de perlón e incluso el cambio de longitud (de 35 a 45 metros) o el uso de los empotradores, que terminaron por reemplazar a los clavos, y muchos otros temas.

. Como dato interesante, los primeros ascensos al Capitán (La Nariz y Salathé Wall) fueron hechos con nudos prusik, inventado en la década de los 20's, porque aún no aparecían en el Valle los jumars.

Sobre todas estas apariciones técnicas, sobresale el espíritu de escalar lo más limpio posible, sobre todo por Robbins: "Harding creó el concepto de big wall; Robbins lo perfeccionó." (p. 153)

Es notorio el empuje de esa generación por llegar cada vez más lejos, de innovar, de ser pionero, como ya había dicho Allen Steck.

Pese al subtítulo (Recuerdos de un escalador de Yosemite) no se trata precisamente de los recuerdos de una sola persona, sino de la recopilación de información de la historia de la escalada en el Valle. La cantidad de citas de otros escaladores es impresionante, sea de artículos de revistas, declaraciones en vivo o cartas, lo que hace de Campo 4, una historia bastante bien narrada, aunque se queda a finales de 1969, cuando los protagonistas de los primeros años acaban por retirarse de la escalada por compromisos de otra clase, por la familia o porque así se cerraba un ciclo de vida para cada uno de ellos.

Pero si a veces parece que se está leyendo un libro sobre personas casi irreales por lo legendarias ("Royal Robbins fue una de las verdaderas estrellas del Valle; marcó el paso, durante veinte años, hacia un espíritu de aventura en la escalada." [p. 65]), Steve Roper se dedica a humanizarlos:

"...la mayoría de los escaladores del Campo 4 no eran ni intelectuales ni autómatas sin sentido del humor. Nos lo pasábamos muy bien escalando y con seguridad todos éramos bastante humanos." (p. 172)

Son, sobre todo, personas que rechazaban la sociedad tal como se les imponía en 1960 y por ello les toca convivir con los problemas más graves: los derechos humanos, la guerra de Vietnam y la aparición de los hippies, que traerían algo nuevo al valle:

"Es posible que la falta relativa de aperturas, a finales de los sesenta, fuera un resultado de nuestro estilo de vida más dejado, lo que, ciertamente, incluía fumar mucha droga: un ritual que no era compatible con ponerse a escalar al amanecer y con las vías difíciles." (p. 263)

Un libro lleno de datos importantes que hacen vislumbrar que la escalada en el Valle de Yosemite marcó de repente la vanguardia en muchos aspectos. Libro altamente recomendable tanto por su contenido como por su estilo muy ligero, tiene también un índice alfabético para que uno no se pierda en el mundo de nombres que se mencionan a lo largo del texto.

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Erratas

Página 23, final del penúltimo párrafo, dice: "...del Monte Whitney, la cumbre más alta del país." El McKinley es la cumbre más alta de los Estados Unidos.

Página 68, inicio del último párrafo, dice: "A mediados de julio de 1945..." El año a que se refiere es 1954.

Página 211, final del penúltimo párrafo, menciona: "Más tarde acudieron importantes escaladores europeos al Valle, a quienes se les podría considerar realmente los primeros visitantes extranjeros". El autor está hablando del año 1963, pero en la página 104, ya había mencionado: "Un francés tímido y de cara alargada que estaba por el Valle (ofreciendo conferencias por toda América, incluyendo una en Berkeley, la noche anterior, a la cual asistí), contempló toda la escena, pero nadie pidió a Gaston Rébuffat, el escalador más famoso del mundo, que se uniera al equipo." (en 1957, p. 104) Rébuffat escaló entonces la Washington Column con John Harling.

Página 236, inicio del último párrafo, dice: "...la Muir Wall fue la única ruta de Grado IV que se abrió..." La Muir Wall es de grado VI.

Página 263, línea 11, dice: "...desierto de Sonoran, de la Baja California..." Se refiere al desierto de Sonora (en inglés: Sonoran, de sonorense).



 



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