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Montañismo y Exploración
Estrellas y borrascas
15 agosto 2000

Uno de los libros clásicos del montañismo escrito por Gaston Rébuffat. Seis paredes norte de los Alpes ascendidas por una persona que, nacido cerca del mar, se convierte en guía de montaña de Chamonix. Además de ser el clásico que motivó a más montañistas durante casi 20 años, se descubre en Rébuffat una facilidad de lenguaje que lo hizo prácticamente el poeta de la montaña durante ese tiempo. Más allá del contenido literario, está la visión de un montañista que ama por encima de todas las cosas su profesión de guía.







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Gaston Rébuffat. Estrellas y borrascas: seis paredes norte. Editorial Juventud, Barcelona. 1955. 160 páginas. Sin ISBN.

 

"...las Calanques, junto al mar, en donde ha nacido en mí el amor al viento y a los grandes espacios, a las estrellas y las borrascas, a las flores y a los bosques, al olor y al sabor de todas esas cosas." (p. 10)


Un muchacho se prepara para hacer el descubrimiento de su vida: "A los diecisiete años me preparaba a afrontar la alta montaña, que había entrevisto cuatro años antes gracias a una escapatoria. Pasaba las vacaciones en Ailefroide y desde allí seguí a distancia y, sin decirles nada, a tres alpinistas que subían al refugio Caron. Así divisé la Barre des Ecrins, y por primera vez en mi vida me hallé ante una gran cumbre." (p. 21)

Gastón Rébuffat es ese muchacho, aquel que después de su primer ascenso a la Barre des Ecrins como regalo de cumpleaños en donde sintió "ese miedo que avergüenza y paraliza" (p. 28) siguiera subiendo montañas hasta tomar una decisión importante: "He soñado con ascensiones durante años y años, mientras residía en Marsella, y cada invierno esperaba impaciente la llegada del mes de julio. Por fin sonaba la hora de emprender la marcha hacia Ailefroide o Chamonix. Pasaba algunos días en las cumbres; luego tenía que esperar un año más. Hasta que, por último, decidí vivir para siempre en la montaña y me hice guía." (p. 7)

Guía profesional, procura siempre ir más allá de donde los demás han llegado porque "...no queremos conformarnos con poner los pies en las huellas marcadas por nuestros predecesores, sino ser dignos de su herencia." (p. 92)

De esta forma, escala seis paredes norte de los Alpes, las más importantes: el Espolón Walker de las Grandes Jorasses, el Piz Badile, el Petit Dru, el Cervino, la Cima Grande di Lavaredo y la Eigerwand. No son sólo nombres de montañas, sino todo un currículum del alpinista de mediados del siglo veinte, cuando pocos han hecho estas ascensiones aunque muchos las desean. Así, al escalar la Walker, no le basta la escalada: "...he soñado demasiado con esta pared, durante varios años, para conformarme con una sencilla ascensión; descubrirla es lo que deseo. En toda ascensión no cuenta solamente la escalada y el panorama, sino también su misterio." (p. 36)

Se trata no sólo de una ascensión, sino de un descubrimiento: "En la práctica del alpinismo, una importante parte del placer proviene del descubrimiento." (p. 101). Es un ambiente de pioneros en los que entrar a escalar a una pared sin información es más relevante que la escalada misma: "Como en la Walker en 1945, volví a emprender un itinerario de Cassin, sin saber nada, o casi nada, de este itinerario: en la Walker no sabía nada; en el Badile conocía una ficha técnica, pero existía el ambiente de un macizo extranjero, alejado y completamente desconocido para mí. Mejor sentirse «Cassin» al pie de las grandes paredes que he escalado, con su deseo de conquista y su voluntad, pero también, ante todo, con su amor. Todo lo demás se os dará por añadidura: el placer de la escalada bajo todas sus formas, y la victoria."(p. 52-53)

A lo largo de las escaladas reafirma su vocación de guía y descubre con intensidad aquella parte del alpinismo que no se puede explicar: "Una cuerda une entonces a dos seres que no tienen más que una vida... dos hombres no pueden sentirse extraños cuando comparten la misma suerte, buena o mala." (p. 9) "La cordada es algo maravilloso por su espíritu de caridad. Sin embargo, estoy solo para vencer esta hendidura, estoy solo para escalarla. Mi compañero se encuentra veinte metros más abajo. ¡Qué caída si resbalara! Allí está la cuerda, hermosa y, no obstante, inútil. Pero no me vería capaz de escalar sin ella, sin amistad; esta cuerda conforta el corazón." (p. 39)

Libro clásico que motivó a muchos alpinistas de la época porque tiene las fichas técnicas de las paredes de las que habla, Estrellas y borrascas es también la forma de ver la montaña, que se puede leer entre líneas, pero muy resaltadas: "Pero luego el hombre se adapta. Ha empezado por ser un espectador de un mundo desacostumbrado, y este mundo se convierte poco a poco en el suyo." (p. 133) "El hombre descubre que este viento, esta nieve y este frío no son enemigos, sino obstáculos." (p. 134)



 



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