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Montañismo y Exploración
La vuelta al mundo en bicicleta
9 mayo 2012

Viajar alrededor del mundo es una idea de muchos. Alain Guigny y su esposa lo hicieron en bicicleta a principios de la década de 1980 por caminos no muy transitados donde encontraron “las caras ocultas de los folletos turísticos” y una forma de vivir a lo largo de dos años y medio.







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Alain Guigny. La vuelta al mundo en bicicleta. Ediciones Martínez Roca (serie Aventura), Barcelona. 1984. 217 páginas. ISBN: 84-270-0950-X

 

“Un viaje comienza siempre de la misma manera, en la cabeza, delante de los mapamundis, los escaparates de las agencias, las revistas, los relatos de otros. Te encuentras solo ante el sueño, de cara a lo desconocido, a la aventura. Pero un viaje comienza sobre todo ante el extracto de la cuenta bancaria, lo que tiene el efecto inmediato de pasar del sueño a la realidad. Hoy la aventura se paga con divisas.” (p. 10)

Dar la vuelta al mundo es una idea que cruza la mente de mucha gente. Para Alain Guigny fue una cuestión de salirse de la vida monótona que tenía en Francia a principios de la década de 1980. Junto con su esposa Babeth parte de Francia y aterriza en Brasil para tomar caminos poco transitados que los llevarán a conocer el mundo pero por sitios poco conocidos.

“En vez de llegar extenuados al retiro… o de no llegar en modo alguno… preferimos seguir la ruta del hambre, de las grandes soledades, de la desesperación. Iremos probablemente hacia las caras ocultas de los folletos turísticos.” (p. 11)

Pedalear en América Latina no es fácil y aunque Alan lo había hecho ya, su esposa descubre que no es muy sencillo cuando cae enferma y pasan por la larga penitencia de cambio de diagnóstico, tratamiento y medicamentos, sin que ella se recupere. Doctor tras doctor. Finalmente, deciden que ella regresará a Francia para recuperarse. Alan se queda solo y cruza los Andes hasta Bolivia, donde le alcanza Babeth de nuevo.

El libro está lleno de anécdotas de viaje y retratan desde la magnificencia de los lugares hasta la miseria extrema, pero no olvida mencionar lo que ellos hacen junto con una crítica personal hacia la sociedad de donde proviene.

“Tras dos meses de viaje, nos preguntamos qué hacemos montados en nuestras bicicletas… No seguimos el camino fácil, el más seguro, pero espero que tendremos la satisfacción de haber podido vivir una aventura que será imposible para nosotros dentro de unos años.” (p. 26)

“Hemos adquirido la costumbre de hablar con todo el mundo., de dirigir la palabra a nuestros vecinos. Al viajar me doy cuenta de que en Francia nos estamos muriendo de aburrimiento, cada uno en su rincón, sumido en sus silencios y sus bloqueos. Somos cincuenta y cuatro millones de franceses que nos ignoramos, nos hablamos con brusquedad, estamos separados por jerarquías, por primeras y segundas clases, encajonados en nuestro chovinismo provinciano y sumidos en una mezcla de orgullo y de timidez.” (p. 69)

“Y cuanto más viajamos más se acumulan los kilómetros recorridos por lugares tan diferentes. A fuerza de recorrer más y más, durante días, meses y años, creía que pronto estaría saturado, que sufriría una indigestión. Es curioso, pero cuanto más avanzamos, más deseos tenemos de avanzar.” (p. 150)

El autor es bastante bueno escribiendo y uno queda atrapado con el relato, pero pese al título, el viaje no es en bicicleta alrededor del mundo. En realidad, Alain Guigny hace tres finales. El primero es en China, donde deciden terminar de pedalear porque están en el inicio del invierno y les sería difícil continuar en esas condiciones (tampoco explica bien el por qué abandonaron su idea de ir por África).

En China toman un tren que los lleva a través de toda Asia hasta Polonia en sólo seis días y medio. Ahí es su segunda despedida, pues encuentran una Polonia devastada por los movimientos sociales. Así, su despedida es dramática:

“Terminar un viaje en Polonia es recibir una ducha fría. Nos dirigimos hacia el valle de zucha y llego al término de mi relato. No tengo valor para ir más lejos. Sin embargo, soñaba con un final chispeante de alegría, de cánticos y risas.” (p. 206)

El final del viaje real lo hacen en Francia, donde son detenidos por oficiales que les preguntan cómo es que viajan así. El regreso a su mundo.

El libro está segmentado muy claramente: la parte principal trata de América del Sur, donde a fin de cuentas no son más que “gringos”, pero que saben salir adelante. En Centroamérica la cosa cambia porque se encuentran países llenos de violencia y golpes militares. Cuando entran a Belice habla de “otro mundo”, un mundo que no los acepta y del cual quieren huir lo más rápido posible.

México y Estados Unidos son mencionados muy brevemente para pasar a Japón y China, donde abordarán el tren de regreso a Europa.

Si uno se pregunta por qué más de la mitad de un libro alrededor del mundo trata de América del Sur, puede pensar que el resto no les llamó la atención (lo cual dudo, pues el mundo tiene bellezas y fealdades por todos lados) o que el autor, tuvo la urgencia de entregar el manuscrito a tiempo para su publicación. Como sea, el viaje no se puede considerar una vuelta auténtica al mundo en bicicleta, que es lo que dice el libro.



 



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