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Montañismo y Exploración
El leopardo de las nieves
25 septiembre 2004


Llegar a la Tierra de Dolpo en 1973 para observar el comportamiento de los bharales o corderos azules himalayos, llevó a los dos viajeros europeos a cruzar de sur a norte la Cordillera más grande del planeta. El resultado: una serie de vivencias que dejan una fuerte sensación al lector de estar ahí, mientras lee cada página.







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Peter Matthiessen. El leopardo de las nieves. Ediciones Siruela, Madrid. 1998 (tercera edición de la primera edición en ingles, de 1979). 364 páginas. ISBN: 84-7844-262-6

En la zona de donde procedemos, la cara norte de las murallas del Himalaya (que los occidentales ven pocas veces) se alza en torres heladas de un blanco deslumbrante; parece impensable que la vida humana pueda mantenerse en un lugar así, pero nosotros sabemos, o creemos saber, que Shey Gompa se halla entre esos barrancos perdidos, bajo la Montaña de Cristal.


En 1973, casi a 20 años de que la primera expedición de alpinistas pasara por la zona del Annapurna y el Dhaulagiri, en el Himalaya, dos hombres se internan en la misma zona. Pero van más allá, hacia donde la cordillera más larga del mundo va terminando en la inmensa planicie que es el Tibet. Su objetivo: observar al “bharal, o cordero azul himalayo” en un intento por descubrir si este animal pertenece al mismo del que surgieron tanto cabras como ovejas.

Peter Matthiessen y George Schaller, dos naturalistas contratan un pequeño grupo de porteadores, un serpa y se adentran en la cordillera en pleno monzón, pues “Viajaríamos en otoño, para observar a los animales cuando estuvieran en celo, ya que comer y dormir, sus ocupaciones habituales durante el resto del año, no proporcionan prácticamente ninguna pista sobre su evolución y comportamiento, desde el punto de vista comparativo.” (p. 21) Su objetivo es el antiguo reino de Dolpo.

“…durante una visita a Nepal, tuve ocasión de ver, en el norte, las asombrosas cumbres nevadas del Himalaya; reducir aquella distancia, recorrer paso a paso la mayor cordillera de la tierra hasta un lugar llamado la Montaña de Cristal, era una verdadera peregrinación, un viaje de descubrimiento interior.” (p. 22)

Un descubrimiento interior, una oportunidad parea dos personas que apenas se conocen de convivir en busca de algo que parece una quimera. Un amigo común de ambos viajeros se interesa morbosamente por el viaje: “Estoy interesado en saber lo que George y tú veis, oís y conseguís en una marcha a través de Nepal. Debo advertirte que el último de mis amigos que anduvo con George por Asia regreso, o, más bien, tuvo que volverse cuando las botas se le llenaron de sangre…” “«El tipo aquel no estaba en buena forma», responde GS secamente.” (p. 46)

Mientras viajan, Matthiessen y Schaller (a quien llama GS) se enfrentan a los problemas comunes de todas las expediciones, sobre todo de la época: falta de porteadores y “Un problema crónico a lo largo de todo el camino ha sido la barrera del idioma.” (p. 148) y el hecho de estar en monzón les complica aún más las cosas pues algunos pasos se cierran por las nieves o los porteadores no quieren seguir por miedo a no pasar.

Pero hay otro punto más importante: conforme se alejan de la civilización el invierno se acerca al Himalaya y con ello la posibilidad de quedar atrapados por las nevadas prematuras de invierno.

“GS está tranquilo. Sin embargo, esta mañana ha confesado que ver de noche los picos helados por donde hemos cruzado para llegar hasta aquí es suficiente para que se vuelva asustado al saco de dormir; sabe, por supuesto, tan bien como yo que el monasterio no tiene reservas de comida para nosotros o, por lo menos, no tiene las suficientes para que todos superemos el invierno.” (p. 227)

Están en la Tierra de Dolpo. “En estas montañas hemos caído por detrás de la historia.” (p. 147) Ahí se practica una forma de budismo primigenia y vive gente que les abre los ojos porque “Al enfrentarse con el sufrimiento de Asia, no es posible mirar, pero tampoco es posible volverle la espalda.” (p. 32) Pero también están los bharales que han ido a estudiar y el leopardo de las nieves: “…se trata de un animal tan cauteloso y escurridizo que su invisibilidad llega a parecer cosa de magia, porque se camufla tan bien en el sitio que elige para reposar que es posible mirar directamente en su dirección desde pocos metros de distancia y no reparar en su presencia.” (p. 173)

El viaje tiene una conclusión de naturalista: “Las recomendaciones del doctor Schaller al gobierno de Nepal dieron como resultado la creación de una reserva natural en Shey de 240 kilómetros cuadrados que todavía no se ha convertido oficialmente en parque nacional. Es una lástima, ya que cada vez hay más pruebas de que el leopardo de las nieves puede desaparecer pronto del país.” (nota 6, página 351)

Pero hay más. Matthiessen, experto en budismo, presenta poco a poco diferentes facetas del budismo que parecen no tener conexión con el viaje pero que resultan una parte medular porque con estas incursiones se descubre al hombre que vive en esas montañas. Observador intenso, ve la vida de la gente y descubre a la gente misma:

“Observar a los habitantes de este extraño sitio es como ver a la gente desde un escondite, porque tienen a gala fingir que no estamos presentes.” (p. 101) pero “La gente sonríe: ése es el mayor milagro.” (p. 32-33) Gente sonriente a más de cinco mil metros de altitud: “…los grandes pecados, dicen los serpas, son arrancar flores silvestres y amenazar a los niños.” (p. 155-156) O gente desconcertante: “…se tiene la impresión de que, en una u otra vida, Tutken ha estado en todos los rincones de la tierra… Sea quien fuere este hombre —vagabundo o monje perverso, santo o brujo— parece disfrutar de lo que los tibetanos llaman «sabiduría loca»: es un hombre libre.” (p. 104) Pero todos “…ríe silenciosamente con toda el alma.” (p. 106) aunque “…la multitud exhala ese universal olor reconfortante de las personas que viven en estrecho contacto con la tierra, un olor hogareño, pero no agrio, de sudor y humo de hogueras y del aceite de la piel humana.” (p. 163)

También el yeti aparece mencionado en el libro y, como parte de la cultura occidental, Matthiessen opina que “…el alegato en contra de la existencia del yeti —totalmente teórico y totalmente basado en la suposición de que muchos observadores prestigiosos son estúpidos o mentirosos— es todavía menos «científico» que las pruebas a favor de su existencia.” (p. 143)

La gente lo ha cautivado ya porque ha descubierto que el resultado más importante de su viaje es reconocer al Himalaya no por las montañas, tampoco por su gente. El Himalaya [“…Himalaya: la alaya (morada o casa) de hima (la nieve).” (p. 34)] no es una sola cosa, es todo. Las montañas son habitadas por hombres y éstos tienen una religión específica que fue, además, modelada por el Himalaya. Un círculo completo donde el Om mani padme hum es vital, tanto como el yeti o las leyendas sobre la creación del mundo o sobre Milarepa. Y sin embargo, esta conclusión es bastante parca. Habrá que leer el libro completo de nuevo para descubrir que se está en el Himalaya junto al autor mientras él lo vive.

Ahora, pasados más de ya 30 años de ese viaje, la “Tierra de Dolpo” se ha popularizado y es un destino de algunas compañías de viajes. Desgraciadamente, el excelente libro de Matthiessen ha tenido un efecto que el autor no podía prever y que le era difícil de explicar entonces: “El esfuerzo de encontrar palabras corrientes para lo que he visto en estas semanas extraordinarias parece haber gastado ciertas reservas de energía, y la pérdida de intensidad va acompañada de pérdida de confianza y de equilibrio interior…” (p. 167)

Con tres mapas que no son excelentes pero que sirven de gran ayuda al lector para ubicarlos geográficamente, el libro se constituyó en una joya de la literatura de viajes y ganó el National Book Award en el año en que fue publicado (1979).


Erratas

Página 48, final del primer párrafo, dice: “En 1950 la cumbre más occidental, conocida como Annapurna Uno, se convirtió en la primera montaña de más de 7,500 metros escalada por el hombre.” En una nota al final del libro (nota 4, página 346), el autor hace mención de que “En Nepal las altitudes… varían según el mapa de que se disponga y, en este libro, se consideran sólo aproximadas excepto cuando se trata de las recogidas por el altímetro de George Schaller”, el Annapurna fue el primer ochomil escalado por el hombre y eso era conocido prácticamente en todo el mundo 23 años después de su conquista, cuando el viaje a Dolpo se realiza. Lo mismo sucede en la página 50, cuando menciona “Annapurna y Dhaulagiri, ambos con más de 7,800 metros de altura…”



 



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