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Montañismo y Exploración
Más cerca de mi padre


En un afán por seguir las huellas de su padre y encontrar lo que le hizo tan especial, Jamling Tenzing Norgay acepta participar en la expedición IMAX que realizaría el ascenso al Everest. El resultado de esta expedición es este libro tan difícil de describir pero tan importante para cualquier persona que quiera saber el punto de vista del pueblo sherpa hacia las expediciones, una visión que sólo se ha visto reflejada por muy breves observaciones de occidentales. Con una narrativa excelente y una estructura histórica increíblemente bien trazada, Jamling nos hace ascender al Everest no una sino varias veces, depende de las botas que uno se ponga.







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Jamling Tenzing Norgay. Más cerca de mi padre. El viaje de un sherpa a la cima del Everest. Adventure Press National Geographic, Barcelona. 2001. 317 páginas. ISBN:84-8298-217-6


Desde la cumbre de la montaña no se puede ver todo el mundo, Jamling. La vista sólo le recuerda a uno lo grande que es el mundo y las muchas cosas que quedan por ver y aprender.

Tenzing Norgay

En nuestra naturaleza está el esforzarnos y ponernos retos en el mundo físico. Tal vez sea esta lucha y su dominio final lo que da sentido a nuestra vida: un regreso al tiempo, no tan lejano, en que los desafíos de la vida giraban en torno a la simple, pero peligrosa y ardua, tarea de sobrevivir.

Jamling Tenzing Norgay

La vida en las montañas hace salir el verdadero carácter de quienes viajan a ellas. Tal vez sea ésta una de las muchas razones por las que escalamos: para ver lo más hondo de nosotros mismos, sin la concentración y las envolturas a que nos obliga vivir aferrados a las exigencias de la sociedad tecnológica y del consumismo.

Jim Litch


Relatos de ascensiones al Everest hay por decenas. ¿Qué hay de notorio en un libro que hable de una ascensión al Everest que no se haya dicho antes? Las primeras exploraciones y avances, la pérdida de Mallory e Irving en la cara norte, la conquista por Hillary y Tenzing en 1953, la escalada a la pared Noroeste en 1975 por un equipo inglés al mando de Chris Bonington, el primer ascenso sin oxígeno por Messner y Habeler en 1978 y la tragedia del 10 de mayo de 1996. ¿Qué más puede decirse de nuevo en todo un libro? Para un escritor de cultura occidental, quizá nada. Por ello se puede leer uno y se han leído la gran mayoría ya, cambiando al personaje, la nacionalidad, la fecha, el estilo...

Este libro está escrito por un hijo de Tenzing Norgay: "Tenía que averiguar qué había impulsado a mi padre y qué había descubierto en la montaña." (p. 23). Mas esto no es lo importante "o no demasiado" sino el hecho de que se trata de un libro escrito por un sherpa en el que proporciona la visión del otro lado, panorámica a la que no estamos acostumbrados.

Aunque al principio se tenga una cierta reticencia por ser "el hijo de Tenzing", el libro se lee con avidez conforme pasan las páginas y uno se adentra en una escalada al Everest vista totalmente por los sherpas, lo que quiere decir que no hay una descripción exhaustiva de la cascada de hielo de Khumbu o del tórrido calor del Cwm Occidental o de los problemas inherentes de la escalada, algo que es prácticamente un patrón en los demás libros de una ascensión.

Jamling nos ofrece otras facetas de la escalada en el Everest: un pequeño relato de la "tragedia del 10 de mayo", ya narrada en Mal de Altura y Everest 1996 con minuciosidad y su participación en la filmación de la película IMAX que se filmara en ese año, expedición que se vio fuertemente involucrada en los acontecimientos cuando proporcionó sus propias botellas de oxígeno a los supervivientes del Collado Sur, algo a lo que Jamling, que quiere seguir los pasos de su padre, no es insensible:

"David [Breashears, jefe de la expedición IMAX] les dijo que cogieran oxígeno de nuestras reservas. Sólo pensábamos en ayudar, pero a mí no se me escapó imaginar que si utilizaban nuestras botellas eso sería el final de la expedición. Mi sueño seguiría siendo un sueño y mi pasión poco más que un deseo reprimido." (p. 187)

Es precisamente esta frase la que más caracterizaría al libro en su conjunto: el choque de dos culturas en una expedición. Jamling había estudiado en los Estados Unidos por varios años y se vio visto inmerso en la cultura occidental, cuyo escepticismo aprendido manifiesta hacia las dos culturas:

"El éxito era el santo grial universal y mis compañeros de clase estadounidenses empezaban a perseguirlo incluso antes de haberse graduado. ¿Qué esperaban que les diera? ¿Más tiempo libre? ¿Más bienes materiales? Estados Unidos tiene innumerables aparatos que ahorran tiempo. ¿A qué se debe, pues, que los estadounidenses parezcan más presionados por la falta de tiempo que otros que no disfrutan de esas comodidades?" (p. 210-211)

¿Sherpa u occidental? Su participación en la expedición IMAX es condicionada a los resultados de la predicción de un lama y es seguida poco a poco por una conversión del mismo Jamling:

"Antes de pasar por debajo de un inquietante bloque de hielo colgante, me paré y saqué de una bolsita de algodón algunos de los granos de cebada bendecidos que me había dado Geshé Rimpoché. Eché un puñadito en el trayecto que quedaba por delante, preguntándome por un momento qué pensarían los escaladores que venían detrás de mí si se daban cuenta de ello." (p. 107)

Este temor de ser visto por otros "escaladores" (se refiera a los no sherpas) va quedando eclipsado poco a poco pero de manera profunda conforme se acerca a la cima y es en ella donde el cambio es radical:

"Allí estaba mi padre, a mi espalda, junto a una roca desnuda de hielo. Vestido con su chaqueta de plumón de 1953, se había quitado la máscara de oxígeno y se había levantado las gafas sobre la frente. Su rostro brillaba, resplandecía. ¿Me estaba mirando? ¿Podía verme allí, triunfante y exhausto, como él había estado? ¿O sólo era yo el que notaba su presencia?" (p. 259)

"Abrí el paquete de reliquias bendecidas de altos lamas tibetanos que Geshé Rimpoché me había dado y esparcí un puñado por la cima. Luego eché un poco de chaane a los cuatro puntos cardinales y desenrollé la larga bandera de oraciones. Até uno de los extremos a los katas y otras banderas enrolladas a la estación meteorológica que había dejado en la cima una expedición científica." (p. 262)

Tal cambio de actitud sólo reflejaba una cosa:

"Como resultado no previsto de mi ascensión al Everest, he redescubierto mi fe en el budismo y he renovado mi respeto por las tradiciones orientales del Himalaya, aunque sigo haciendo gala del escepticismo que aprendí en Occidente. En realidad, el budismo tibetano estimula el escepticismo." (p. 280)

Pese a la calidad de las vivencias y la narración de ellas, esto no es precisamente lo más importante del libro, sino la continua mención del pueblo sherpa y de la historia de su padre, desde su primera participación en una expedición al Everest con Eric Shipton hasta las penurias políticas que le trajeran la fama después de su ascenso, sobre todo la consabida pregunta de quién de los dos había sido el primero en hollar la cima. Jamling se lo pregunta a su padre:

"«Quién fue realmente el primero?», inquirí. Yo tenía veinte años y en aquella época me pareció curioso no habérselo preguntado hasta ese momento.

"«Ascendimos como equipo, Jamling. El uno sin el otro no habríamos podido hacerlo».

"En su autobiografía, mi padre admitió que Hillary había llegado a la cima unos segundos antes que él. Años más tarde, mi padre me dijo que había hecho esta concesión con la esperanza de librarse por fin de la pregunta tantas veces repetida, y para aliviar a la montaña y al montañismo de una creciente manipulación política. Mi padre habría concedido el privilegio de llegar el primero a la cima a su amigo y compañero Hillary con tal de resolver la cuestión. Fue su oferta final de respeto a una montaña que sabía que nunca podría ser reconquistada. En realidad, reivindicar que alguien la había conquistado sería una arrogancia, por no decir un sacrilegio. A los humanos no se les concede más que una audiencia con la cima del Everest, y eso en contadas ocasiones y durante breves instantes.

"Si algún día se aclara la cronología exacta de los hechos de ese día en la cima, ello no otorgará más mérito ni importancia a Hillary o a mi padre y tampoco se la quitará. Aquí no hay nada en juego." (p. 275-276)

En comparación, Hillary declararía en su libro Una visión desde la cumbre, que él había sido el primero en pisar la cima.

Además de su peregrinación en busca de algo que lo una con su padre, a Jamling le preocupa también su pueblo, el sherpa, de quienes logra dar una imagen nítida:

"Nosotros decimos que en la montaña hay que evitar cualquier actividad que genere ira, celos, lujuria y orgullo, porque eso afectará a la concentración mientras escalamos." (p. 140)

De los acontecimientos por los que el Everest fuera una noticia sensacional por primera vez después de 1953, Jamling defiende a su pueblo:

"El Himalaya se ha cobrado un gran peaje, sobre todo entre los sherpas, y el monte Everest más que ningún otro... Cuando muere un sherpa en una escalada, poca gente se entera fuera de nuestra comunidad. No puedo evitar pensar en su familia y siento una gran tristeza." (p. 167)

"Los sherpas no se habrían arriesgado tanto a cambio de nada. Más tarde hablé con algunos de ellos y me dijeron que habían esperado que algún miembro de la expedición de Fischer o de Hall comunicara por radio su intención de recompensar el rescate con unos 5,000 dólares. Los sherpas aman las montañas y se enorgullecen de su trabajo, pero su principal motivación es económica. Ayudar en las expediciones es para ellos un trabajo y no un pasatiempo." (p. 198)

"A los sherpas no les molesta demasiado que los extranjeros se adjudiquen toda la gloria y el éxito de una ascensión. Los sherpas quieren estar bien pagados, a ser posible con primas, porque su principal deseo es sostener a su familia y contribuir al progreso de su poblado. Aprecian, sin embargo, el trato justo y el reconocimiento personal." (p. 200)

"Vi cómo se marchaban algunos escaladores y luego me dirigí a la cocina. Allí estaban los sherpas, un tanto deprimidos. Algunos no habían recibido ni siquiera unas palabras de agradecimiento de los clientes a los que habían ayudado a bajar, a menudo con gran esfuerzo. Los clientes se limitaron a marcharse sin despedirse y todos notamos ese tipo de comportamiento." (p. 208)

Más cerca de mi padre es un libro valioso por su profundidad, por acercarnos nuevamente a Tenzing, pero desde otro punto de vista: 43 años después y visto por su hijo. La cultura tibetana y sherpa están fuertemente remarcadas aquí y uno siente más que simpatía por ese pueblo que afirma:

"Somos pobres pero felices —responden muchos sherpas—. La vida en estas montañas es dura. Perdemos hijos en accidentes mientras escalan, y ganado por culpa de los depredadores, las tormentas y las grietas de los glaciares, pero no cambiaríamos nuestra vida por ninguna otra." (p. 61)

"Los montañeros deberíamos esforzarnos en llevar con nosotros a todas partes la experiencia espiritual de las montañas. Cuando regresamos a entornos normales, lo mundano puede percibirse como un estado sin sentido. Tenemos que volver a las montañas para alimentar esa experiencia liberadora, porque dependemos de lugares y acontecimientos externos para que nos ayuden a comprender." (p. 226-227)



 



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