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Montañismo y Exploración
K2, el nudo infinito. Sueño y destino


Atrapados por una tormenta por encima de los ocho mil metros en el K2, segunda montaña más alta del mundo, varios alpinistas ven pasar el tiempo y las posibilidades de bajar con vida de la montaña. Con su estilo característico, Kurt Diemberger plasma sus vivencias como uno de los supervivientes.







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Kurt Diemberger. K2, en nudo infinito, sueño y destino. Ediciones Desnivel, Madrid, segunda edición, 1993. 320 páginas. ISBN: 84/87746004.

. . 1957. Una montaña de más de ocho mil metros, uno de esos gigantes de la Tierra, está siendo asediada por cuatro puntos minúsculos. Sólo cuatro. Un estilo diferente de ascender, lejos de las grandes y pesadas expediciones que hasta entonces han asediado y conquistado algunos ochomiles. El jefe de la expedición es Hermann Buhl. Junto a él, Kurt Diemberger ve el atardecer en la cima y admira el K2, la “montaña de las montañas”. Pocos días después de ese ascenso, Hermann Buhl moriría en el Chogolisa, pero Kurt seguiría escalando, ese mismo Kurt Diemberger que poco a poco se irá desarrollando como alpinista y cineasta hasta llegar a plantearse como meta de vida el ascenso al K2.

1986. La situación de aislamiento ha cambiado en el Karakorum: “En 1984 había ya una docena larga de expediciones cortejando una sola gran montaña: el Broad Peak. Hermann buhl hubiera mirado con asombro si hubiera vuelto al espolón oeste... Sólo quien conocía la época de la soledad podía sentir nostalgia.” (p. 122) Y frente al Broad Peak, el K2 es asediado por varias vías. Un alud en el que muere un montañista estadounidense hace cambiar de opinión a algunos y se dirigen a la vía más transitada: el espolón de los Abruzzos. Esta decisión haría que la montaña estuviera más transitada de lo normal. Desde 1890 hasta 1983 se habían sucedido 31 expediciones y sólo siete habían logrado llegar a la cima. Este año, ocho de las once expediciones que están al pie de la montaña logran llegar a la cumbre, pero la cantidad de muertos es considerable: trece.

Siete montañistas permanecen por una semana a los ocho mil metros, en la llamada “Zona de la muerte” atrapados por una tormenta. Quienes están abajo los dan por muertos, pues nadie ha pasado antes tanto tiempo a esa altura y sobrevivido. “Un ochomil sólo te pertenece cuando estás de vuelta abajo, mientras le perteneces tú a él... El regreso de una cumbre de un 8,000 es siempre una huida hacia abajo, de vuelta a la vida, a los hombres. Aun cuando es la vida precisamente lo que se ha estado buscando allá arriba, donde las cumbres tocan el cielo. Y que se encuentra durante momentos inolvidables.” (p. 73) “Queremos salvar todo en lo que consiste la vida. También los sueños, pues han sido ellos los que nos han hecho subir aquí arriba.” (p. 80)

Pese a todo, los de abajo siguen esperando que el tiempo mejore para lanzar un ataque hacia arriba y salvar a quien haya sobrevivido. Pero nadie que no pueda salvarse a sí mismo de la montaña puede ser rescatado. Sobrevivirían sólo dos, uno de ellos Kurt Diemberger, quien hace un relato pormenorizado de lo que sucedió allá arriba. “Los alpinistas saben que alcanzar una cumbre comporta una serie de riesgos, pero procuran reducir al máximo el peligro existente. Cuando hay un peligro conocido, puede uno evitarlo. Pero siempre existen algunos elementos variables, más o menos difíciles de estimar, por lo que siempre queda un factor riesgo que hay que afrontar, de otra forma no se debería nunca escalar montañas. Yo no creo que se pueda decir que aquellos que sobrevivieron a una gran montaña fueran mejores que los que murieron. La suerte juega sin duda su papel, pero los errores pasados tienen su valor del mismo modo que la experiencia y la precaución.” (p. 152)

Es imposible decir más de este libro sin entrar directamente a la trama. Más bien es preciso leer concienzudamente el libro para descubrir los errores ocurridos lo mismo que la calidez humana. Kurt Diemberger es un autor de literatura de montaña que es leído con gusto porque tiene el don de proporcionar descansos, como cuando uno asciende una montaña, para apreciar con calma lo que se está leyendo. “K2, el nudo infinito” es una obra literaria además de un testimonio. Ganó el Premnio ITAS de literatura de montaña en 1989.






 



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