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Montañismo y Exploración
Encuentro con el Himalaya


Con Jerzy Kukuczka, Carlos Carsolio descubrió las puertas a un alpinismo que le llevaría a ser el cuarto hombre en el mundo en subir a los catorce ocho miles. Este libro es apenas el inicio de su carrera de himalayista junto con Elsa Ávila. El Nanga Parbat, el Manaslu Este, el Sisha Pangma y el Everest, se da a conocer en forma demasiado breve la historia de un encuentro con la cordillera más alta del planeta.







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Elsa Ávila y Carlos Carsolio. Encuentro con el Himalaya: la aventura de la esperanza. Fernández Cueto Editores. México. 1990. 200 páginas. ISBN: 968-6510-00-1


Después de su ascenso a la cara sur del Aconcagua, Carlos Carsolio se convirtió en pocos años en la figura número uno del alpinismo en México y una figura muy conocida en el alpinismo mundial. ¿Por qué? Se convirtió en el cuarto hombre que lograba la cumbre de las catorce montañas de más de ocho mil metros. Encuentro con el Himalaya nos relata sólo unas cuantas de ellas: Nanga Parbat, Manaslu Este, Shisha Pangma, Cara sur del Lothse, Makalu y Everest. No son muchas y no todas son ocho miles (el Manaslu Este tiene 7,992), y tampoco todas las narradas fueron ascendidas (en el Lothse tuvieron que replegarse), sin embargo, se trata de las primeras montañas que Carlos emprende en el Himalaya, las que lo formaron para posteriores expediciones. Por esto el libro es muy importante.

El Nanga Parbat, una introducción de alta calidad por una nueva ruta junto a Jerzy Kukuczka, su "gran maestro y amigo", y otros expedicionarios polacos, se convertiría en el parteaguas de su carrera como alpinista, carrera que ya tenía formados los cimientos desde su juventud y que ahí sólo encontraría el campo ideal para aplicarse. A la bajada de la cumbre, "llegamos nuevamente a la cueva, donde apenas a rastras nos pudimos meter. Allí dentro, en esa congelada habitación... consumimos parte del poco gas que nos quedaba en derretir un poco de nieve para beber otro medio litro de agua. Pasamos allí una nueva noche en blanco, asediados por un frío atroz, con la garganta reseca y la clara conciencia [sic] de que cada quien dependería de sí mismo para llegar vivo al campamento base." (p. 32)

El Manaslu Este, la montaña número 23 en altura del mundo, fue una primera conquista: "aún quedaba por conquistar su cumbre este, de 7,992 metros de altitud. Parecía un sueño irrealizable escalar esa pirámide de roca y hielo." (p. 36) "Nuestro gusto por las escaladas de gran dificultad nos había llevado a enfrentar esa cumbre virgen." (p. 43)

El Shisha Pangma es muy importante, pues Elsa se convertiría ahí en la primera mujer latinoamericana en escalar un ocho mil y para ambos en algo casi mágico: "La realidad, esta realidad, se volvía, a medida que nos adentrábamos en ella, en una experiencia que superaba cualquier sueño, por fantástico que hubiera sido, y quedaría en nuestro recuerdo como algo muy superior a la imagen que de ella nos habíamos formado." (p. 64)

Después de leer expedición tras expedición, es difícil decir cuál de ellas es la más representativa para el matrimonio Carsolio, pero es indudable que el Lothse tiene especial importancia por el alto nivel de dificultad y porque, años después, ahí moriría Kukuczka, "a sólo cien metros de terminar la escalada en la cara sur del Lothse."

"La conquista del Himalaya, como cada una de las expediciones que hemos llevado a cabo en diversas partes del mundo, ha representado para nosotros un reto deportivo y humano. Pero más allá de las victorias y fracasos experimentados, de todos los momentos de inigualable emoción y camaradería que guardamos en el recuerdo, nos quedará para siempre, y como el mejor estímulo, la certeza de que algo nuevo nos espera más allá del final de cada ascenso; pues el alpinismo es y será, ante todo, la eterna aventura de la esperanza." (p. 181)

El libro tiene quizá sólo un defecto: ser muy breve para tantas vivencias presentadas, por lo cual las ascensiones tienden a ser casi un diario, lo cual pudiera ser en parte debido a que ni Carlos ni Elsa escribieron totalmente el libro, sino que acudieron a un escritor para hacerlo. Esto, por supuesto, no es denigrante pero sí le quita la frescura que pudiera haberse dado de la forma tradicional, pese a que es notorio que ambos alpinistas revisaron a conciencia el libro final para dar su aprobación.

Con numerosas fotografías, mapas, esquemas de las montañas con las rutas seguidas, y cuadros de información, diversos apéndices, glosario y bibliografía.



 



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