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Montañismo y Exploración
El río
16 marzo 2010

La botánica se ocupa de las plantas. Hasta ahi sabemos todos. Lo que no sabemos es todo lo que los botánicos hacen para llegar a esas plantas y todo lo que las plantas hacen posteriormente para todos nosotros. Este es un libro que esboza esto mismo pero para las exploraciones de dos generaciones de botánicos.







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Wade Davis. El río. Exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica. Banco de la República / El Áncora Editores, Bogotá. 2001. 639 páginas. ISBN: 958-36-0076-8

El río: exploraciones y descubrimientos en la selva del Amazonas
Para un lector a quien le gustan los relatos de viajes, un libro con un nombre como este sugiere desde el descubrimiento del Amazonas hasta la época moderna pasando por todos aquellos que han buscado en esa extensa región de América del Sur la leyenda de El Dorado hecha realidad: un lugar lleno de oro que perdió a cientos de viajeros.

Pero el libro no es eso precisamente, sino la historia de la exploración etnobotánica del Amazonas, vista en tres generaciones: la del propio autor, su mentor (Richard Evans Schultes) y el mentor de éste. Por supuesto, con este giro drástico, uno puede quedar desencantado de entrada y dejar la lectura.

Sin embargo, Wade Davis logra algo más importante que sólo un bosquejo histórico de las exploraciones de una superficie más amplia que los Estados Unidos: logra dar una idea de lo que es el Amazonas desde cualquier ángulo. No se tratan sólo de sus visitas o las de Schultes, sino de proporcionar al lector con la información necesaria para que sepa por qué el botánico va ahí.

¿A buscar la planta de la coca o el uso de los hongos en Oaxaca? A principios del siglo pasado era un enigma, igual que muchas plantas alucinógenas. Schultes encontró el significado de la planta para la gente que la usaba y con ello comenzó la etnobotánica.

“…el naturalista, interesado en las plantas y los animales, cosas ambas que preocupan de cerca a los indios, generalmente es aceptado con exceso de atención a sus deseos. Estos líderes son caballeros, y todo lo que se requiere para sacar a la luz su suave virilidad es una virilidad de recíproca cortesía. Hasta que el desagradable barniz de la cultura occidental introduce la codicia, la impostura y la exploración, que tan a menudo van a la par de costumbres extrañas para estos hombres de la selva, conservan esas características que las sociedades civilizadas modernas sólo pueden envidiar.” (Richard Schultes, citado en p. 265-266)

La historia de Schultes y de las propias exploraciones pueden ser muy interesantes, pero sin el marco histórico, social y cultural con que las rodea Wade Davis, pasarían a ser un punto más en el mundo de relatos de exploración. Davis le da un nuevo sentido a la palabra “exploración” cuando une lo que pasó hace 500 años con lo que está haciendo ahora o con sus planes a futuro… sólo buscando una planta, sea entre los indios que ingieren peyote en Estados Unidos o los hongos en Oaxaca o la coca en América del Sur.

Un ejemplo increíble de ello es la breve historia del caucho que narra en las páginas 277-285. Sencilla, desde el nombre con que los indios conocían a la planta del caucho, pasando por los usos indistintos y accidentales que le llegaban a dar los europeos hasta su explotación a gran escala debido a la segunda guerra mundial.

Quizá estoy siendo demasiado escueto para un libro tan completo. Los relatos de exploración son narrados siempre en una línea recta, de principio a final. Wade Davis comienza desde el suelo y recorre una rama, luego otra y otra y otra más… hasta haber recorrido todas las ramas de un árbol. A final, el lector tiene una noción muy cercana de lo que es el árbol. Y el árbol en este caso es la exploración del Amazonas con un objeto: la botánica y la etnobotánica.

El libro tiene, por supuesto, errores como el mencionar que los franciscanos fueron expulsados de Colombia en 1767 (p.201), cuando en realidad fueron los jesuitas los expulsados; o decir que una planta fue encontrada por Américo Vespucio en Venezuela (p. 62), cuando Vespucio jamás pisó América, o confundir la nacionalidad de Carl Lumholtz: de noruego pasó a danés en un plumazo (p. 82). Pero son errores menores.

Lo importante del libro es la gran imagen del Amazonas, de sus indios y sus leyendas, ritos y costumbres; de las plantas amazónicas y la historia de la zona. El lector encontrará aquí no sólo algo nuevo para leer y con qué acrecentar su conocimiento de América del Sur y del mundo y no la repetición de las historias de muchos hombres a lo largo de la historia que, por otro lado, se encuentre muchas veces en diferentes títulos.



 



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