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Montañismo y Exploración
TIERRA DE SELVA
1 mayo 2003

La región de los Tuxtlas, en el estado de Veracruz, es famosa por sus brujos, curanderos y su selva. Lo que se conoce como







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El siguiente texto fue escrito por Noé Castellanos, quien, junto con Jorge Neyra, Valentín y Jesús (estos últimos de la Red Comunitaria de Ecoturismo de los Tuxtlas), hicieran una incursión a la parte alta de la sierra y encontraron monos.
FILO TENDIDO
Despertamos en el campamento donde se establecen los cazadores que se internan en la selva.
�Dejen sus cosas, nadie se las roba aquí �nos dijo Jesús, algo obvio si nos encontráramos solos, pero el día anterior habíamos detectado presencia de otras personas, �serranos�, según nos dijo, provenientes seguramente de "México Nuevo", primer ejido en la zona núcleo. Y así fue: los encontramos con varias
gruesas de palma �Camedor� y �Cola de Pez� que hacía poco habían cortado en el monte.
Les pregunté si su labor era muy difícil. �Sólo hasta que hay que subir hasta la montaña se hace más cansada.� Estas dos especies de palma en particular han sido explotadas fuertemente para construcción.
Vereda marcada. Eso es todo lo que puedo referir de este camino que en un principio comenzó clara, erosionada en su centro por efecto del pisoteo. Hasta que se convirtió en un camino apenas perceptible al ojo, luego un rastro visible si se observaba la vegetación quebrada, la hojarasca movida, con porciones desacomodadas. Pero en algún momento se perdió por completo. Estábamos en un claro y nosotros nos dirigíamos a lo que llaman Filo Tendido.
En realidad no se trataba de un claro en toda la extensión de la palabra pues por encima a unos treinta metros de altura teníamos el dosel. Fue entonces que me percaté de que en verdad estaba en la selva, en el bosque tropical perenifolio. En la escuela me hablaron de dos estructuras de la vegetación: el dosel o las copas de los árboles y el sotobosque o las plantas que crecen a la sombra de este, y esta fue la primer vez que corroboré que es verdad, lo veía claramente. Me emocioné mucho, pero aún faltaba lo mejor. Valentín me advirtió entonces de tener especial cuidado pues en espacios como estos es más fácil encontrar a la Nauyaca asoleándose en los haces del sol que penetran dispersos en el bosque. Estábamos en lo que llaman
Filo Tendido.
LOS MONOS
El objetivo de ir a
Filo Tendido era el de observar monos que habitan esta parte de la sierra. No los hallábamos. Jesús nos indicó que más arriba era posible encontrarlos o llegar hasta una arista de la cordillera desde donde se observa El Bastonal, el rancho por donde entramos a la selva un día antes.
Nos encaminamos cuesta arriba. Valentín y Jesús caminaban muy rápido y me preocupó no aguantar su paso. Mantenía un paso sereno pero continuo tratando de no perder el ruido de sus pisadas. En esta parte de la selva, en dos metros dejas de ver a tu compañero y si no eres capaz de seguir el rastro (el camino ya no existe) hay que comenzar a vociferar como ave. Es curioso, pero éste es el sonido que escuché entre la gente que vimos en el camino y entre ellos para ubicarse.
Nuevamente en un espacio abierto por debajo del dosel escuché ruidos semejantes a pujidos. Pregunté a Valentín si sabía que eran y con un ademán me indicó que subiera la mirada.
Me quedé absorto, se trataba de un grupo de monos saraguato o aullador, unos cuatro machos y una hembra con cría. En un claro gesto de defensa, sus gritos se dejaron escuchar al vernos directamente alarmando a todo el grupo. Me sentía un extraño invadiendo la paz de un hermano pero a la vez sentía una ansiedad increíble de ser espectador de este regalo. Los gritos eran más fuertes, con los binoculares me encontraba frente a sus miradas que me retaban a salir de ahí, a dejarlos en paz. Y lo hicimos. De todas formas estaban muy alto para lograr una buena foto comentó Jorge.
Y sin pasar más tiempo, recibimos otro premio: monos araña.
Mientras Jorge fotografiaba un árbol de dimensiones colosales llamado localmente encino, Jesús nos señaló monos araña que estaban pasando a espaldas nuestras. Es increíble la rapidez con que se mueven por las ramas. Los seguimos, literalmente corriendo. Varios machos, tal vez quince con varias hembras con cría. Llegamos a una cuesta muy empinada donde sólo les vimos brincar cuesta abajo sobre el dosel.
Llegamos a la cumbre del monte en que estábamos. Lo supe al ver a mis compañeros sentados sobre la vegetación. Literalmente llegué aventando el morral pues por un momento creí que había dado mi mejor esfuerzo. Luego de veinte minutos de reposo emprendimos el regreso. No habíamos desayunado aún y ya era más de mediodía.
Mientras me movía de un lugar a otro cuidando no caer o agarrarme de un chocho (
Asthrocaryum mexicanum, palma con el tallo provisto de espinas largas y agudas) pensaba en lo afortunado que había sido al poder contemplar este espectáculo, al darme cuenta de mi terquedad por llegar hasta la meta y de soportar el cansancio. Todo eso desapareció al ver los monos, al darme cuenta de que no soy el único en este mundo con forma de humano, de saber que existen hermanos libres. De seguir en el camino que una vez tracé y del cual creí estar desviado.

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