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Montañismo y Exploración
TIERRA DE SELVA
1 mayo 2003

La región de los Tuxtlas, en el estado de Veracruz, es famosa por sus brujos, curanderos y su selva. Lo que se conoce como







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LAS TRES AGUAS
�ngel nos deparaba otra sorpresa. Cuando bajábamos de la zona de momoxtles por la vereda que habíamos encontrado, se detuvo de repente, se abrió camino con su machete y, cuando creíamos que estaba perdiendo la cordura porque hacia donde iba no había nada, se agachó y separó con sus manos anchas la vegetación de un pequeño agujero; después cortó una hoja grande y la metió para sacar agua. Se me antojaba absurdo beber de ahí cuando estábamos a dos minutos del río. Entonces nos invitó a beber del �agua agria�.
Se trataba de agua mineralizada. Beberla en plena selva era una sorpresa y una delicia. Nos restauraba las sales perdidas con el sudor. Nos hartamos y pensamos en regresar con nuestros bidones para beber más de ella, pero �ngel tenía otros planes.
Volvió a desviarse de la vereda y se adentró en otra zona. Cruzamos arroyitos una vez y otra hasta que se dio por satisfecho y dijo: �Esta es el agua de azufre�. Estábamos a menos de 300 metros en línea recta del manantial de agua mineralizada y lo que teníamos enfrente era agua de azufre, también un manantial. Después nos hizo dar otra ligera desviación y llevamos al �agua caliente�.
Así que en una zona muy reducida teníamos tres tipos de aguas. La presencia de sólo una de estas aguas sería de un valor enorme para quienes desearan vivir en la selva (según nuestros paladares, la de mayor peso era la mineralizada porque satiçsfacía con creces la sed... ¡en plena selva!), pero tener las tres era algo poco común. Mentalmente comencé a llamar a las �ruinas� como Sitio de las Tres Aguas.
SELVA Y CASCADAS
Al día siguiente, nos desplazamos a otro campamento. Para nuestra delicia, también tenía agua agria pero encontramos una tienda de campaña sola y un �tendido� donde había pasado la noche el guía. ¿Quiénes serían? Dejamos nuestras mochilas y nos internamos en la selva. Esta vez no había duda: se trataba de selva. El día anterior yo había tenido la sospecha de que �ngel se orientaba más que nada por el viejo método de ensayo-error y que así había terminado por encontrar el Sitio de las Tres Aguas, pero esta vez no había una sola característica en el terreno que ayudase a orientarse y sería muy fácil extraviarse.
Pronto, mis sospechas se vieron derrumbadas: �ngel era un hombre conocedor de la zona que la conocía como la palma de su mano. Los 30 años de haber trabajado, cazado y vivido en la selva le daban el mejor conocimiento de cada lugar. Por eso podía decir tranquilamente: �A partir de aquí nadie ha pasado antes.�
Nos llevó a un lugar y otro, siempre en la búsqueda de cascadas y de los ríos más importantes. Era preciso conocerlos y tenerlos en cuenta para la futura exploración. Machete en mano, �ngel se movía con una agilidad asombrosa, como si tuviera 20 años y el machete y su rifle 22 no le pesaran.
En pocas horas, habíamos dejado atrás cualquier vereda y nos abríamos paso cortando plantas y más plantas. Para nuestra sensibilidad de citadinos preocupados por una selva que se está perdiendo, cortar tanta planta para sólo pasar cuatro personas por una sola vez estaba injustificada pero �ngel tenía otra forma de pensar y aunque estuviéramos detenidos platicando, paseaba su machete por el aire y una planta caía. De nada servía decirle porque �así es como se viaja en la selva�. Sólo una vez protesté con fuerza: �ngel atacaba un helecho arborescente de tres metros de alto para tumbarlo completamente. Su respuesta fue: �Tengo hambre y el corazón se come�.
La cascada más alta que vimos medía unos 12 metros pero más que su altura, nos interesaba el agua que nos refrescó cuando nos metimos a ella. Y luego, de vuelta a caminar. Poco antes de oscurecer, estábamos de regreso en el campamento. Ya estaban ahí los de la tienda �abandonada�: Noé Castellanos y Jorge Neyra, que iban con Valentín Azamar y Jesús, dos de los miembros de la Red. Habíamos planeado hacer este viaje juntos pero por algunas razones sólo nos encontramos ese último día y precisamente en el campamento, cuando las incursiones habían terminado. En su viaje habían encontrado manadas de monos. Lo que
TIERRA DE PLATA
Cuando bajábamos a la cañada, durante el primer día, �ngel nos había hablado de una mina de plata. Estaba unos cuantos metros por encima del amplio camino por donde bajábamos y decidimos dejarla para el regreso.
La mina había sido descubierta por un ingeniero que trabajaba para el gobierno y que usó los recursos que le daba su trabajo para localizarla, pero nunca la denunció sino hasta que lo hizo por su cuenta. Gastó todo lo que tenía en colocar la infraestructura propia de una mina: hacer el socavón principal, abrir el camino, colocar máquinas y un molino. Pero cuando ya tenía todo, jamás encontró a otro socio que quisiera compartir los riesgos y ganancias de una mina de plata y pirita. La gente prefería el oro verde que se cortaba en gran cantidad entonces.
Subí hasta la mina. Era un socavón bajo y estaba inundado por unos 15 centímetros de agua en la entrada, lo que me quitó las ganas de explorarla más adentro. Del socavón dejaban caer las rocas extraídas que eran recogidas en el camino y llevadas a un molino pero el proceso de extracción lo hacían en otro lado. �ngel recuerda que salía un camión lleno de �piedra molida� a la que nadie hacía caso en la abundancia de la madera fina.
LA SIERRA
Habíamos pasado unos días en la sierra. Habíamos probado la selva y el agua rancia... El agua rancia... Y los mosquitos nos habían probado a nosotros. Habíamos hecho incursiones que, además de darnos una idea de lo que era la zona que pretendíamos explorar, nos había abierto los ojos a todo lo que podríamos encontrar si lo hacíamos con profundidad. Nos resistíamos a dejar ese lugar con agua agria, el griterío de pájaros y los largos silencios. Yo sentía que debía quedarme para buscar más. Pero inmediatamente saltaba la pregunta: �¿Más qué?� Entonces se hacía urgente el regreso a la ciudad para investigar, meterse a los libros de arqueología, de historia, de botánica o de antropología para tener una perspectiva de lo que podríamos encontrar.
Después de todo, cualquier exploración es siempre eso: una búsqueda incesante que inicia y termina en el escritorio, pero que sólo es parte de otra exploración.

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