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Montañismo y Exploración
Desierto de Altar
17 octubre 2003


…hay un Desierto de Altar desconocido. En torno a él existe un vacío bibliográfico e ignoramos si alguien antes que nosotros lo recorrió. Sus referencias en el campo científico son muy generales. Asimismo, se asegura que, por desconocido y solitario, es uno de los desiertos más peligrosos del planeta. Por estos motivos, nos pareció interesante conocer dicho rincón de nuestro país. Para ello, nos organizamos bajo los auspicios del grupo alpino del Sindicato de los Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, al cual pertenecemos.







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Armando Altamira. Desierto de Altar. Dirección General de Actividades Deportivas y Recreativas, UNAM, 1978. 56 páginas, S/ISBN.

 

La imaginación en Altar viaja
en la línea y velocidad del viento,
pasando solamente una vez de la misma manera.
El hombre, la desolación, el polvo, la sed,
son sus retos; pero su estoicismo
y su poder de mimetización lo impulsan,
—allí el espejismo es reflejo de la fe en el hombre—.
Que estas letras sean un homenaje,
que conforme y aliente, a los hombres que vivieron solos,
porque tenían todo.., soledad;
reflexionaron, fueron al encuentro
del Hombre con la soledad del hombre.

Manuel Andrade

Muy al norte de nuestro país, casi junto a la frontera con los Estados Unidos, se encuentra el Desierto de Altar, cuya extensión de 20 mil kilómetros cuadrados es desconocida para casi todos los mexicanos. Únicamente los habitantes de la parte noroeste se encuentran familiarizados con este desierto.

Dos carreteras permiten el acceso a dicha región del estado de Sonora. Una de ellas, próxima a la línea internacional, sigue al desierto en forma longitudinal. La otra, lo recorre transversalmente hasta llegar al Océano Pacífico.

Normalmente, sólo unos cuantos se aventuran a dejar la cinta asfáltica para internarse algunos centenares de metros entre la superficie arenosa; por lo regular, se trata de geólogos, cazadores, traficantes o enamorados.

Poco después de Sonoita hay un poblado llamado Vidrios, en donde prácticamente sólo hay un expendio de alimentos preparados. Aquí, un atento empleado registra el nombre, domicilio y teléfono de quienes desean "ir al desierto".

Por nuestra cuenta tratamos de conseguir información sobre este desierto, pero, casi siempre, varias de esas personas que aseguran haber cruzado el Altar, no saben decir qué hay más allá de esos primeros kilómetros de planicie. Cuando preguntábamos sobre los médanos que aparecen señalados en las cartas topográficas, la respuesta siempre era la misma:

—No vimos ningún montículo de arena.

Debido a ello, inferimos que hay un Desierto de Altar desconocido. En torno a él existe un vacío bibliográfico e ignoramos si alguien antes que nosotros lo recorrió. Sus referencias en el campo científico son muy generales. Asimismo, se asegura que, por desconocido y solitario, es uno de los desiertos más peligrosos del planeta.

Por estos motivos, nos pareció interesante conocer dicho rincón de nuestro país. Para ello, nos organizamos bajo los auspicios del grupo alpino del Sindicato de los Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, al cual pertenecemos.

Y así fue como un día dejamos la confortable y húmeda parte del sur del Valle de México "donde están nuestras casas" para marchar hacia el noroeste, del país que ya antes del paralelo 25 de la faja costera de Sinaloa y Nayarit presenta una dramática aridez.

Pasamos la primera noche en el kilómetro 100, de la carretera Sonoíta-San Luis Río Colorado. En la mañana nos echamos al hombro las mochilas, caminamos en sentido perpendicular a la trayectoria solar y bajamos por el meridiano 113º 50".

La razón que nos animó a realizar este viaje era absolutamente deportiva, de aventura y conquista; por eso pensamos en recorrer el desierto a pie, sin auxiliamos de ningún medio de transporte.

En el inicio de nuestro recorrido encontramos que en la misma proporción como avanzaba el día también subía la temperatura. A las 5:00 de la mañana nuestro termómetro registró 12º C y a las 13:00 horas la temperatura había subido hasta 39º C. Al caer la tarde el calor comenzó a disminuir y para las 20:00 horas el termómetro registraba 25º C.

Este primer día, al comienzo, caminamos sin ningún contratiempo entre los cactos gigantes llamados saguaros por los lugareños, así como entre colonias de cactos erizo, ocotillas "que aquí rebasan la altura de un hombre" y gobernadoras. A la izquierda de la ruta que seguimos se encontraba la zona conocida como El Pinacate, sitio que —aseguran— fue escogido para la ambientación de los astronautas estadunidenses enviados a la Luna. Al medio día vimos que en El Pinacate, en su azulosa y lejana serranía, había una tempestad de sol. En los frentes desprovistos de bosques, el terreno se veía muy accidentado y algunas congregaciones rocosas tenían sus aristas y bordes muy afilados. A esto se agregaba el que los cráteres y aluviales, fuertemente castigados por el sol, daban al paisaje un aspecto lunar.

Tiempo después, en las partes planas el avance se dificultaba porque ahí una multitud de roedores, a unos cuantos centímetros de la superficie, tenían su madriguera y habían perforado extensas redes de túneles, esto hacía que el terreno se rompiera con mucha facilidad al pisarlo, con lo cual a cada paso nos hundíamos; por ello, debimos tener mucho cuidado para no fracturamos un tobillo.

Con todas estas dificultades y los contratiempos que después tuvimos, nuestro recorrido desde un comienzo fue interesante, en especial porque ninguno de los cuatro integrantes del grupo teníamos experiencia en recorridos por lugares con topografía similar. Mientras nos internábamos más en el desierto descubríamos también un mundo distinto a todo lo que nosotros conocíamos; la aridez y sus distintas manifestaciones nos impresionaron enormemente.

El lugar nos pareció revestido de una singular belleza. Esto, con frecuencia, lo verificábamos al ver una águila inmóvil en lo alto de un saguaro, o bien, cuando un pequeño lagarto cornudo, del mismo color del piso, alarmado por nuestra presencia, se delataba y echaba a correr. Asimismo, la monotonía se alteraba cuando una y otra liebre del desierto desesperadas por alejarse de nosotros, sólo daban vueltas en círculos. Pero lo que más nos distraían eran las lagartijas cola de cebra que, también, con regular frecuencia cruzaban frente a nosotros.

Por cierto, en los primeros kilómetros hacia el interior del desierto, la fauna está muy expuesta a la acción depredadora de los cazadores, quienes en vehículos pueden desplazarse más o menos cómodamente. Los animales están a salvo a partir de donde las arenas comienzan.

En la primera parte de nuestro recorrido cruzamos por la zona semiárida, caracterizada por enormes e interminables mantos de cactáceas, de esas criaturas sabias en el arte de vivir en un mundo inhóspito, candente y falto de humedad. Y sentimos envidia de ellas, pues si hubiésemos tenido su epidermis nunca se nos hubieran presentado muchos de los contratiempos a los cuales nos enfrentamos.

De todos modos, ante la desventaja de carecer de un sistema protector para no perder los líquidos del cuerpo, nos alegramos de llevar una buena dotación de sueros para fijar el agua de nuestros tejidos y agradecimos a una doctora de la Facultad de Ciencias Químicas que nos hubiera preparado las fórmulas que de tanta utilidad nos iban a ser más adelante.

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