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Montañismo y Exploración
EL ALPINISTA SECRETO
1 enero 2006

Todo montañista tiene un comienzo y casi siempre lo queremos expresar de una forma u otra. Alfonso Vizán lo logra en esta narración donde no habla de la montaña, sino del hombre de ciudad que tiene una vida cotidiana y que se ve atraido por las alturas. Relato con una gran calidad literaria, es fascinante y un buen retrato de casi todos los montañistas.







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Pero lo más importante para mí en 1928 era andar con pies de plomo. Seguir la farsa. Lavarme los dientes. Peinarme. Disimular a toda costa mi risa realmente aterradora.

J. D. Salinger



�¿A qué piso va usted?

Â?Al octavo.

Â?Seguro que eres el hijo alpinista de Mariluz.

�Pues sí.

Â?Vaya, menuda pinta tienes.

Â?Ya, es que acabo de llegar en tren de los Pirineos, y claro.

�Sí, es un poco sucio eso del campo, pero muy sano ¿eh? Ojalá mi hijo se fuera al campo en vez de andar por ahí haciendo el gamberro.

�Sí, es una pena. Bueno, adiós.

�Hála, hasta luego, majo. Ah, y dile a tu madre que no se olvide de lo de mi camisa.

Alfonso Vizán�Descuide �le dije sonriendo mientras me cerraba la puerta del ascensor. Pero enseguida, al quedarme solo, me empecé a imaginar que era el típico camarero inescrutable que nunca da los recados en las películas policíacas �«Descuide, jefe»�, y mientras tanto hacía muecas en el espejo del ascensor.

Desde luego es increíble la influencia que tiene el cine, y eso que llevaba una semana en plan salvaje; sin ver televisión.

En verdad tenía un aspecto lamentable. Parecía que hubiese salido de un campo de concentración.

Ahora que lo pienso me doy cuenta de que era verdad, en cierto sentido, aunque creo que se parecía más a un manicomio. Sí, acababa de salir del manicomio vertical, y pronto recuperaría del todo mi aspecto normal.

Pero mientras tanto me regocijaba por mi aspecto demacrado porque era como las heridas de guerra. Era el resultado de mis trabajos, de lo que yo había querido hacer.

Bueno, la verdad es que uno no es del todo responsable de sus empresas, y en este caso, para empezar, me vi envuelto en un vil chantaje de Rafa Doménech, que consistió en llevarnos a Zoilo y a mí a Pirineos, a cambio de que yo fuese su pareja en la carrera de esquí de travesía de la copa catalana, que se celebraba ese fin de semana. Fue la III traça catalana, y en resumen recorrimos más de 20 kilómetros y salvamos 2,00 metros de desnivel. Quedamos en el puesto 25. Estuvo bien. No sé si os enterásteis de que la mejor pareja española clasificada fue Carlitos y Carlangas, pero como dicen los libros de aventuras, eso forma parte de otra historia.

El caso es que no había dejado de darme palizas en toda la semana, y eso sin contar con la paliza psicológica que supone convivir a todas horas con Zoilo; para que os hagáis una idea, es como los interrogatorios de Mortadela y Filemón, en los que el caco siempre confiesa cuando le ponen las canciones de Julio Iglesias y algo así. Ahora que escribo esto le recuerdo borrosamente mientras derretía nieve y no paraba de decirme cosas absurdas (porque ya sabes que dentro de un paréntesis te puedes encontrar cualquier cosa).

Se me han olvidado muchas cosas ya, en realidad la mayoría de ellas no las he recordado por primera vez todavía. Debería haber advertido al principio que �todo parecido con la realidad es pura coincidencia�. Así debería haber empezado el artículo, pero es que el principio de las cosas no suele estar donde debe, es decir, al principio. Sólo aparece después de buscarlo, o a lo mejor aparece de improviso, pero suele ser por en medio y eso sin contar los círculos viciosos.

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