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Montañismo y Exploración
La Nariz, El Capitán
16 agosto 2005

Estaba volando a 300 metros de altura suspendido de una cuerda que, ante la inmensidad del Capitán, es sólo un hilo: una sensación inexplicable. Cuando al fin alcancé el sistema de grietas tenía que escalar diez metros sin protección sobre una grieta de palmas y dedos. Definitivamente la mejor escalada de mi vida.







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ARMADO

El lunes 18 de julio Adrián, Rodolfo, y yo llegamos temprano a la base de la ruta. Debíamos fijar los cuatro primeros largos de la ruta, los más difíciles, ya que presentan grietas ciegas y solo se puede proteger en los agujeros de clavos, además de varias travesías en tensión. Yo estaba ansioso por comenzar, ya había esperado mucho.

Adrián fijó el primer largo, a mí me tocó el segundo. Era un 5.11b con travesía en tensión. Al inicio caí. No había problema. La pieza aguantó. Continué. Realice la travesía y me encontré con una grieta muy fina en la que sólo se podía proteger con microstoppers y tuve que dejar una gran hebra para que la cuerda no presentara mucha fricción.


Al terminar el largo me di cuenta de que todos los microstoppers se habían salido por la tensión en la cuerda. ¿Y si hubiera caído? Seguramente habría descosido todo el tramo. Son cosas que no piensas allá arriba.






El Capitán visto desde el espacio. Se pueden apreciar varias rutas: Salathé, La Nariz, North American Wall y otras más.



Rodolfo fijó el tercer largo sin problema. Él decidió hacer el cuarto largo, con una secuencia muy rara de movimientos, y Rodolfo cayó, lastimándose el codo. Lo bajamos y me tocó armar ese largo. Después de dos travesías en tensión llegué al Sickle Ledge. Lo más difícil de la ruta ya había pasado, lo de arriba era resistencia física… y mental.


Mientras descendíamos, una cordada que bajaba desde Dolt Tower tiró accidentalmente bloques de granito muy grandes y cayeron cerca de donde unos turistas pasaban, en la base de la pared. Afortunadamente no golpearon a ninguno.


Es sorprendente la cantidad de material que se desprende del Capitán.


El día siguiente fue de contabilizar el equipo necesario para la ruta: levas, stoppers, micros, hooks, steel nuts, etc. Preparamos la comida y el agua que subiríamos, que debido a la experiencia en la East Butress subimos en exceso (48 litros). No pasaríamos más sed.


Queríamos llegar a la base a las tres pero llegamos hasta las seis. Adrián ascendió por las cuerdas fijas y comenzó a costalear. Nada: el marrano ni se movía. Pesaba aproximadamente 70 kilos, además Rodolfo y yo veníamos cargando mochilas de ataque y bandolas. Le sacamos agua y comenzó a moverse, pero perdimos mucho tiempo y decidimos comenzar al día siguiente. Para entonces yo ya estaba impaciente pues nos habíamos retrasado tres días del plan original.


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