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Montañismo y Exploración
Primera mundial en el valle de Karator

En el Valle del Karator en Kuilu, en Kyrgyzstan, hay muchas montañas aún sin subir y aunque no tienen mucha altitud, los problemas técnicos pueden ser muy altos. Este es el relato de la tercera expedición a la zona, donde participó el autor y escalaron por primera vez una montaña.







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CAMPO BASE AVANZADO

3,900 MSNM

29 de agosto de 2004


Las banderas habían quedado guardadas en la capucha de la mochila y atrás nuestro objetivo principal con casi 20 días de trabajo duro en la montaña. Después del tercer intento para llegar a la cima de “nuestra montaña” (no tiene nombre en el mapa) lo más que logramos fue terminar la pared de 450 metros de hielo, nieve y roca y faltando remontar una arista con al menos 250 metros más de desnivel para llegar a tan ansiada cima, la tormenta nos escupió una vez más.


Así que aquí estamos, dos días después, echados dentro de la tienda pensando en todo y en nada. El cansancio acumulado le ha ganado a la frustración y las lágrimas que inevitablemente corren al momento de decidir prudentemente que hay que dar vuelta atrás, han quedado en el olvido. Ya sólo quedamos Gerard y yo en este último intento.


Ayer tuvimos que desmontar el campo de altura y bajar en medio de la tormenta al campo base avanzado. Hoy, día de descanso, hay un tiempo estable y un sol que nos cuestiona si es que fue simple mala suerte o si hubiera sido mejor esperar un par de días más. Lo cierto es que después de permanecer ocho noches en el campo de altura tres intentos y tormentas recurrentes todas las tardes, decidimos bajar y el cansancio mental y físico no nos permiten arrepentirnos.


En tres días el vehículo todo terreno llegará por nosotros y aún falta bajar al campo base y desmontar. No podemos calificar de derrota nuestro desempeño pero tampoco de éxito, finalmente el objetivo no era abrir una ruta en una pared sino llegar a la cima. Así que la ruta “Controlador Aéreo 20” son siete largos y medio de una bonita escalada MD inferior y nada más.


El tiempo sigue corriendo, la tarde llega y Gerard me propone subir a una morrena para ver el panorama de una posible ruta a una aguja que sobresale en una cuerda de cimas. Subimos 45 minutos por roca suelta hasta la base de la pared donde comienza el hielo. Analizamos las condiciones de la posible escalada a este cuatro mil y aunque la perspectiva no ayuda, pensamos que no serán más de 4 largos para llegar a la cima, cuentas alegres, nada más.


De vuelta en la tienda Gerard me dice que quiere subir mañana y me pregunta cómo me siento. “No sé”, digo, y que estoy muy cansado y un poco harto y que las rodillas me molestan un poco. Él responde diciendo que si sólo son las rodillas y el cansancio, mañana lo intentamos para no regresar con las manos vacías, pero que si en realidad el “no sé” es porque ya no me hace ilusión, entonces bajamos mañana mismo a campo base. “Mañana vemos” respondo y no se habla más del tema.


Llega la noche y hacemos todos los preparativos para salir al día siguiente en pos de la pared y la cima. Acordamos levantarnos a las 4 de la mañana para salir a eso de las 5 que ya hay luz y pensamos que para las 11 de la mañana podemos estar de vuelta en el base avanzado, recoger el campamento y bajar al campo base por la tarde. Con ese plan terminamos la cena y nos vamos a dormir, no sin tener en mente que ya en la tarde, como casi todas las tardes, las nubes habían hecho su aparición y eso generalmente significaba una noche de nevadas.


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