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Montañismo y Exploración
UNA AVALANCHA EN LOS ALPES FRANCESES

Artículo publicado en Impacto sobre el accidente de las Grandes Jorasses de 1995.







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Era ya de mañana cuando los dos mexicanos lanzaron la cuerda para su sexto rappel después de haber ascendido el día anterior 11 tramos de cuerda en su primer intento de llegar a la cima de Punta Walker, en las paredes de los Grandes Jorasses, en los Alpes Franceses.
Eusebio Hernández Andrade estaba a cinco metros de reunirse con su compañero cuando gran mole de rocas se desprendió en un gran alud. Eusebio Hernández sólo alcanzó a mirar hacía el cielo y rápidamente se despidió de sus hijas, de su familia, y fue abatido por la avalancha, e inició el vuelo de los cóndores y de las águilas reales.
Ahora, cientos de sus alumnos de los cursos de montañismo y de escalada en roca y exploración, y los montañistas universitarios, estamos de luto, murió un gran hombre. Apenas hacía siete días que nos habíamos reunido en ciudad Universitaria y nos dimos un fuerte abrazo. Esa fue la despedida.
Una noche antes se encontraban haciendo un vivac a 11 largos de distancia de la base de Punta Walker, en la pared de Los Grandes Jorasses, considerada como una de las rutas clásicas más difíciles en Los Alpes. Como el tiempo iba empeorando, decidieron bajar de la pared, lo cual hicieron en cuanto amaneció. Bajaron seis rappeles (se encontraban como a 200 metros de altura) y estaban en el punto de reunión de otro rappel. Eusebio se colocó la cuerda en el sistema de descenso, se quitó el autoseguro y comenzó a bajar, maniobras que deben realizarse para descender. Cuando se hallaban a cinco metros de Jorge Wingartz, un alud de roca se desprendió de lo alto y los cubrió.
Jorge alcanzó a meter la cabeza y la mitad de su cuerpo para protegerse, pero aún así perdió el casco, la mochila y una bota, además de que su vestuario especial para tormenta de nieve quedó destrozado.
Cuando la avalancha hubo pasado, Jorge estaba aturdido, pero consciente. Vio hacia la rampa por donde se encontraba Eusebio Hernández y no lo halló porque había sido arrastrado por el alud. El se encontraba sin cuerdas y sin equipo, además de lastimado. Comenzó a bajar desescalando en paredes de grado 5.8 hasta llegar a la parte alta del glaciar, en donde tubo que hacer una travesía para evitar un corredor de hielo que le impedía bajar.
Una vez en el glaciar caminó todo lo que pudo y después se detuvo a descansar, pero ya no se pudo levantar, por lo que continuó arrastrándose hasta llegar a un refugio en donde habían pasado la noche antes de comenzar el ascenso a la montaña. Como no pudo llegar, gritó pidiendo auxilio hasta que lo escucharon y lo atendieron. La gente del refugio llamó al cuerpo de rescate de Chamonix y lo trasladaron al hospital, mientras otros se daban a la tarea de buscar y rescatar el cuerpo.
En dicho lugar fue sometido a un estudio que implicaba una serie de placas de rayos X de todo el cuerpo. También le fueron suturadas todas las rajaduras que tenía en la cabeza. Posteriormente, el sábado 26, fue realizada una operación quirúrgica para drenar un hematoma enorme que tenía en una pierna y que no dejaba circular la sangre libremente al pie.
En la sencilla ceremonia que efectuamos un centenar de universitarios, instructores, profesores y alumnos de escuelas y facultades, en unión con la esposa, las hijas, sus padres y hermanos.
IMPACTO, 1995


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