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Montañismo y Exploración
Erick González plasmó sus vivencias en
6 agosto 1998

Los “Días de gloria” del atleta diabético Erick González, que ha vivido en sus diversas expediciones árticas, los lleva plasmados en un libro escrito por él mismo en 1996, justo con ese nombre, y ya prepara otro.







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Los “Días de gloria” del atleta diabético Erick González, que ha vivido en sus diversas expediciones árticas, los lleva plasmados en un libro escrito por él mismo en 1996, justo con ese nombre, y ya prepara otro.


“Es un primer intento donde narro hasta 1995; preparo un material más completo, porque este ha sido corto, muy escueto, pero ahora quiero llevarlo a la experiencia fotográfica, espiritual y científica, que pueda estar al alcance de todos”, señaló el atleta de 35 años, que recién acaba de alcanzar las mil millas de caminata en solitario en el Ártico.


En esta obra trata de comunicarle al mundo que la fuerza del hombre es la espiritual, donde se debe tener una voluntad superior y saber que todo lo que se realiza es alcanzable, que no hay obstáculos, en referencia a su diabetes.


Destaca que aunque en un aspecto primario, el mensaje va dirigido  a una extensa población. “Estamos ávidos de ejemplos de triunfos fuera del país, donde es difícil lograrlo y no se considera”.


Erick no ha recibido el reconocimiento en México por sus logros, pero en el extranjero sí han sabido valorar sus proezas, prueba de ello es la medalla de oro al mejor atleta diabético en el mundo en 1996, y al año siguiente fue acreditado como miembro del Club Internacional de Exploradores, distinción que se otorga bajo análisis y votación: “Aquí es difícil que te reconozcan, porque esto es una experiencia nueva a nivel deportivo nacional, las autoridades se fijan en deportes a la mano como el futbol, y cuesta trabajo sensibilizarlas.”


Bien informado, no peligra su vida


Pese a su enfermedad crónica, Erick González señala que en sus expediciones la diabetes no pone en peligro su vida, aunque constantemente la arriesga: “Si fuera un paciente diabético mal informado, si no supiera manejar la terapia insulímica, las calorías al día por la caminata y los alimentos en los momentos de la expedición, sí estaría en peligro”.


Agrega que desde 1991, cuando comenzó su carrera atlética, la preparación le ha permitido internacionalmente transmitir esta información. “A través de la educación, gente con diabetes expande sus expectativas de vida; lo más importante detrás de esta expedición —mil millas—, no es sólo el hecho de someterse a una caminata tantos días en territorio ártico, sino que para lograrlo se necesita un conocimiento importante.


“Es ahí donde México (Secretaría de Salud) debería hacer hincapié, en el tipo de educación que reciben los diabéticos, ya que existen cerca de 28 millones de personas afectadas por esta enfermedad, pero el gobierno no se ha preocupado por enseñar. La diabetes permanece estable si sabes controlarla, si conoces los beneficios hará que no haya progresión en las complicaciones crónicas; la práctica de un deporte es una de las medidas más importantes, ayudas al organismo a crecer cardiovascularmente, a nivel sensibilidad de glucosa, y se logra que estos niveles bajen y no dañen el organismo.”


Temperaturas extremas, un reto a vencer


Al retomar el tema de su récord de las mil millas de caminata en solitario en el Ártico, Erick recuerda que en su expedición de junio pasado en Groenlandia, cuando totalizó ese recorrido, pese a las condiciones climatológicas, con fallas de deshielo (sic), el clima fue bastante benigno. “Lo peor a lo que estuvimos fueron -2 grados centígrados y no hubo problemas como en expediciones anteriores, cuando llegamos a tener -50, -60 y hasta -80 grados, cuando te resfrías y tan sólo caminar te resulta sumamente difícil”.


Al hablar de estas temperaturas extremas le viene a la mente una de sus peores anécdotas, sucedida en 1997 en la isla Devon, en Canadá: “Pasamos una tormenta de -80 grados centígrados y un compañero me dijo que debía entender que estábamos al borde de la muerte, que me relajara y me despreocupara, porque era un día ideal para morir. Fue una frase que jamás me habían dicho, es una experiencia amarga pasar una noche así y al día siguiente se repitió la tormenta; es un infierno puro, no puedes quitarte los ‘gogles’ porque se congela la retina y tienes problemas de visibilidad, se congelan también las fosas nasales.”


Pero así como ha vivido el lado oscuro, también ha disfrutado maravillas de la naturaleza: “En 1995, cuando terminé la expedición al Polo Norte, en ese momento se pintó el cielo en un tono verde esmeralda y salió la aurora boreal. Fue una experiencia maravillosa.”




Ovaciones

Agosto 6 de 1998





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