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Montañismo y Exploración
Al kayak no lo cambiaría por nada: Rafa Ortiz

Con apenas 25 años, Rafa Ortiz se ha convertido en uno de los kayakiustas más importantes a nivel mundial, sobre todo en salto de cascadas y en afrontar ríos de todo el mundo. Desembarcado recientemente del Amazonas, le hicimos una entrevista.







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Aguas bravas, rápidos, espumas, cascadas… Es el medio natural de un kayakista pero pocos se ponen a saltar cascadas. De hecho, el salto de cascadas es reciente y las alturas son cada vez mayores, conforme las técnicas y el equipo van mejorando. Pero sobre todo la mentalidad, porque por mucha tecnología que se tenga, pocos pensarían en asomarse al borde de una cascada para saltar sobre un pequeño kayak.

Rafa Ortiz tiene actualmente 25 años y conoció el descenso de ríos sobre una balsa a los nueve. Le gustó y lo continuó pero a los 14 años “me subí a un kayak y desde entonces no me bajan de él”. En su kayak ha experimentado de todo y dice que le ha cambiado la vida porque “siempre fue más que un deporte, más que una excusa para salir al campo y a la naturaleza. Hoy vivo viajando y remando por todo el mundo. No lo cambiaria por nada”.

¿Por todo el mundo?

Sí. Rafa acaba de regresar a México de una expedición al Amazonas, desde sus fuentes en el río Mismi hasta su desembocadura en el Atlántico. Pero Rafa sólo fue a la parte de rápidos.

Uno de sus patrocinadores le había hecho llegar la noticia de que estaban buscando a un equipo de kayakistas de muy buena calidad para un proyecto de la National Geographic llamado Amazon Express. “Y estas oportunidades no las dejas pasar”. Así que participó.

“Llegué a Perú con pocas expectativas en cuanto al río y con mucha disposición a ayudar a West [Hansen]. El río inmediatamente supero mis expectativas en cuanto a dificultad y calidad. Con muchos rápidos grandes, fuertes y descendibles, pasamos tres semanas recorriendo cada uno de sus kilómetros. Lo único que me decepcionó un poco fue la contaminación en el agua y la basura.”

Pero no sólo ha ido al Amazonas. Entre los ríos más destacados que ha descendido están: Santo Domingo, en Chiapas (mi río favorito, el tramo de río con más desnivel que se ha descendido en la historia en kayak); el río Indo, en Pakistán (simplemente, el más lejano); el río Presidio en Durango (una superaventura) y el Amazonas, en Perú (la más reciente aventura).

Dentro de la dificultad en los ríos, las cascadas se presentaron como una alternativa más. Un amigo le introdujo en esta modalidad hace seis años y ahora ha hecho saltos por todos lados, incluido el salto más largo hecho hasta el momento. La mayor altura que ha saltado es 58 metros, en Palouse Falls, Washington, EUA.

Pero Rafa Ortiz no se queda con esa sola faceta. Ingeniero mecánico, también se ha dedicado a la fotografía desde hace seis años, pues tiene la suerte de convivir mucho con fotógrafos y camarógrafos. Actualmente está produciendo en conjunto con Rush Sturges un documental sobre “el arte de descender cascadas, que aparecerá en 2013”. Sólo de ver sus fotografías uno se percata de la intensidad que plasma en ello.

Rafa Ortiz también pasó por el peor miedo por el que todos pasamos: “Cuando me gradué como ingeniero, tenía miedo de no poder hacer algo o no saber qué hacer con mi tiempo. Un año después, decidido ya por el kayak, me quejo de no tener suficiente tiempo para pasar con mi novia”.

Hasta ahora, Rafa no se ha visto limitado por compañeros, aunque no tiene a uno fijo. “Cambian mucho. He tenido la suerte de poder mezclarme con varios grupos, desde canadienses y estadounidenses a mis broders mexicanos. Y siempre estoy dispuesto a experimentar y viajar con alguien a quien no conociera tanto”.

Rafa piensa que se puede vivir como aventurero. “No es fácil, pero prefiero esto mil veces a lo que haría en una oficina”. ¿La diferencia? “Pasión, es lo que me diferencia de entre muchos kayakistas, aunque quizá estoy un poco loco. Creo que veo cascadas y rápidos con una perspectiva diferente y estoy dispuesto a tomar ciertos riesgos que los demás no tomarían. Aunque también creo que es hereditario porque mi papá también es adicto al peligro.”

Tiene planes futuros, pero se muestra reservado al respecto aunque una última frase llama la atención: “Pero sí te puedo decir que a veces no me dejan dormir.”



 



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