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Montañismo y Exploración
Viajar en bicicleta, o cómo ver un país desde dentro
29 enero 2011

Después de varios viajes en bicicleta, uno puede darse cuenta que lo ha estado haciendo desde hace mucho tiempo para ver el mundo desde otrro ángulo, tal vez dentro de sí mismo.







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De vez en cuando un ave se levanta y vuela a algún sitio que le llama la atención. Supongo que no podría decirte porqué, pero de todos modos lo hace.

Ian Hibell

Debo de haber tenido unos 10 años, pero lo recuerdo muy bien: era un tipo descuidado con una apariencia áspera, llevaba una bicicleta cubierta de polvo, mucha barba y un machete amarrado al manubrio. Lo vi en una gasolinería mientras viajaba con mi familia a ver a mi abuela en Michoacán; mi padre cargaba de gasolina el Ford LTD, mi madre y mis hermanas platicaban mientras, en mi cabeza, trataba de entender que haría un hombre con una bicicleta cargada de equipaje. ¿Qué estaría sintiendo este hombre pasando sólo por allí? ¿Qué sentiría yo si estuviera en su lugar?

La llegada a Puerto Ángel
Fotos: Everardo Barojas.
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Fue este el momento en el que decidí viajar con mi bicicleta, y lo primero que hice cuando regresamos a casa en el Distrito Federal fue informarle a mi padre de mis planes de irme en bicicleta a Huatulco. Mi plan era muy sencillo, rodaría a 60 km/h sin parar hasta llegar, en uno o dos días máximo. Me parecía que llegar al paraíso tropical de Huatulco con la bicicleta sería mucho mejor que llegar en un camion. Desgraciadamente, mi padre no creyó que fuera tan buena idea: al final sólo tenía 10 años. Decidimos dejarlo para cuando pudiera ir por mí sólo.

Huatulco y la Golden Coast de Oaxaca

Llegué a Puerto Ángel con el sol poniéndose en el horizonte y cuando al fin alcancé Mazunte ya habían salido las primeras estrellas. Había pedaleado más de 160 km y cruzado la Sierra Madre del Sur en dos días, sin embargo, todas estas eran meras formalidades. Lo importante es que, de pronto, estaba a 50 km de Huatulco, a punto de cumplir uno de los sueños de mi infancia.

Atardecer en Punta Cometa.

Pero ni siquiera por el desvío de 20 kilómetros hubiera dejado de ir a Mazunte: esta costa siempre ha tenido un significado especial para mí; además había allí otra cosa muy importante:  de entre los bistros, pizzerías y panaderos artesanos, nace una vereda que sube hacia uno de los lugares más bellos de México, un afloramiento rocoso que se extiende hacia el Océano Pacífico, el punto más al sur de Oaxaca y de todo mi viaje: Punta Cometa. La Punta (de cariño) se asoma hacia el Pacífico como un gran muelle dentro de una laguna, flanqueada por mar abierto hacia el oriente y el poniente y es de los poco lugares donde se puede ver al sol salir del mar y meterse en él. Un lugar especial donde se respira un aire de tranquilidad.

Llegar a Huatulco fue mucho menos glamoroso y emocionante de lo que imaginé. El Huatulco con el que había soñado de niño era muy diferente a lo que FONATUR hizo con La Crucecita, (Santa Cruz Huatulco). Ciertamente hay bahías increíbles en la zona, pero las más impresionantes sólo pueden alcanzarse por el mar o están rodeadas por hoteles gran turismo. Al final, Huatulco se convirtió en una desviación más que pasaba de largo y me evité la decepción de ver qué tan poco aceptaban a un ciclista.

Ver la ruta seguida en un mapa más grande

El México que no aparece en las revistas de avión

 

Una sensación mañanera de frescor y de templanza que le hizo comprender, había llegado la hora y no cabían titubeos ni demoras. Esta sensación peculiar, que él llamaba “despertar”, le era conocida desde los momentos decisivos de su vida; era vivificante a la par que dolorosa, una mezcla de despedida y marcha que le sacudía en lo hondo de su inconsciente, como un vendaval de primavera.

Herman Hesse, como José Knecht

Salí de mi casa tres días después de lo planeado hacia el Paso de Cortés, a un viaje para el que había esperado mucho tiempo. Un viaje por México que empecé sin querer hace cuatro años cuando pedaleé por la península de Baja California; un viaje a través de las entrañas de mi país, de los caminos más altos y más bajos y del verdadero México que se arrastra por el suelo, herido. Éste es el México que no aparece en las revistas del avión, los noticieros ni los periódicos, el México remoto y solo.

En Paso de Cortés, con el Popocatépetl detrás.

Así comenzó Rodando por los Caminos de México y la consigna es recorrer todos los estados del país, todas las sierras y ecosistemas de esta vasta extensión sobre bicicleta. Pero lo importante no es eso; mucha gente ya ha cruzado México sobre su bicicleta. Lo importante es documentarlo. No es lo que uno hace, sino lo que uno entiende y lo que uno puede entregar al lector. Finalmente, este documento es el verdadero proposito de mi viaje, una pequeña muestra de un México que, para la mayoría, permanece desconocido.

Rodando hacia Palenque en los Altos de Chiapas.

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