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Montañismo y Exploración
Exploración de un barranco en Tepoztlán

En Tepoztlán, México, un grupo de barranquistas realizaron diferentes exploraciones a un barranco aún no recorrido para reconocerlo en su totalidad. Este es el relato de varios viajes a lo largo de dos años de trabajo.







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En agosto del 2008 supe, por medio de una publicación en Internet, de la existencia de un barranco de cinco horas de recorrido pero sin ningún escape en Tepoztlán. Para un barranquista esto es muy llamativo, así que nos dispusimos a encontrarlo, pero no encontramos a alguien que nos diera información. Todo lo contrario: algunos la ocultaron. Lo único que pudimos obtener fue una foto satelital que marcaba dónde estaba y cómo llegar al él, y la altura del rapel más alto. Creímos que con eso era suficiente, así que nos fuimos a buscar esa belleza.

Vista de frente de la entrada, del rapel largo y el rapel del hoyo.
Fotos: Héctor Barrón.
Click para agrandar.

Primer encuentro

Llegamos a Tepoztlán para trasladarnos a San Juan y de allí nos adentramos en el cerro. Dimos una vuelta enorme (que pudimos evitar) y después de varias horas en ese día lluvioso llegamos a un mirador. Desde ahí pudimos apreciar un barranco. Pensamos que debía de ser el que buscábamos, pero éste estaba aún más abajo y no encontrábamos por donde llegar a él.

Después de un rato pasó una mujer que llevaba a un grupo de niños a divertirse a las pozas y cascadas. Nos llevaron hasta la base de una pequeña cascada de un par de metros. Se veía que el río tenía una caída de unos 30 metros de altura más arriba pero el grupo nos decía que río abajo habían otras cascadas y que de allí era donde había visto gente que se dejaba descolgar.

Buscando entrada al barranco.

Eran las dos de la tarde cuando llegamos a las otras pozas. La mujer nos mostró por donde era que se empezaba el barranco. Dudé por un momento: se trataba de un barranco de varias horas, sin escape y eran las dos de la tarde: se nos podría hacer de noche una vez dentro. La mujer no sabía cuánto faltaba para Meztitla pero consideraba que bastante.

Éramos cuatro y decidimos hacer lo nuestro lo más rápido posible. En lo que decidíamos, la lluvia arreció tanto que en ese momento hizo crecer el río demasiado: lo que minutos antes era un pequeño riachuelo, alcanzaba a ser una sábana blanca de casi metro y medio de profundidad con la suficiente fuerza como para tirar a alguien. El río tenía un volumen de más de mil litros por segundo. Decidimos abandonar.

Entrada al barranco.

Un nuevo acercamiento

Para marzo del 2009 regresamos con mi curso de cañonismo, esta vez en época de secas. Llegamos a la base de la caída de 30 metros; más adelante empezaba el barranco, pero no era aquel adonde nos habían llevado meses atrás. Este pequeño barranco empezaba con un rapel de cuatro metros y más adelante se veía otra caída. Pero no se alcanzaba ver algún anclaje.

El barranco que buscábamos no tenía escapes y como no era el que habíamos visto antes, decidimos no entrar pues se trataba de un curso y no era objetivo de esa salida abrir un barranco. Regresamos a las pozas donde nos habían dejado los niños. Nos preparamos y vimos una caída de cinco metros sin anclajes. Sin embargo, escalando un poco se podía evitar esa caída.

Entrada al pasillo.

Seguían un par de pequeños toboganes y un rapel de pocos metros que anclamos de un árbol. Un poco más adelante nos encontramos con una caída de casi 30 metros, armado con un par de spits separados uno de otro por un metro y ya en el vacío. Unimos ese par de puntos y bajamos los cinco para darnos cuenta que allí se acababa el barranco. Entonces… ¿dónde estaba el barranco de varias horas sin escape?  Para mí quedaba muy claro que este barranco, del que recorrimos sólo la última parte, no estaba explorado.

Cabecera del rapel grande.

Entrada al barranco.

Chesus y Héctor en el barranco.

Exploración

Un par de meses después hicimos una exploración, pero sólo para reconocerlo por arriba, caminando. Necesitaba definir la extensión y escalar por algunas partes para ver las caídas que tuviera el barranco. Así fue como descubrimos que casi al inicio había otra caída que calculamos en 60 metros, vimos la de 30 metros bajo la cual habíamos llegado antes y que venía de una pequeña cueva, una parte muy oscura del barranco.

Platiqué de esto con Jesús Montesa (Chésus) y le mostré fotos. Se interesó y en noviembre, durante un curso de barranquismo con él, me preguntó si estaría bien hacer la salida de ese curso con la exploración de ese barranco. Gentilezas que nos e dan todos los días. Yo contesté que sí.

Así, el 1 de noviembre, exactamente a un año de haber estado juntos explorando barrancos en Durango, estábamos en otra parte de México, pero explorando de nuevo. Esta vez éramos nueve, un número grande para una exploración. Empezamos buscando la entrada hasta encontrar  un lugar por un árbol del que nos colgamos unos pocos metros para luego hacer otro rapel de 35 metros que nos llevó realmente al interior del barranco.

Más adelante encontramos una pequeña caída en la cual literalmente desescalé a Chésus. Llegó a un pasillo pequeño que podría recorrerse con varias desescaladas pequeñas pero preferimos equiparlo para mayor seguridad porque después seguía esa gran caída, yo había visto de lejos: unos 60 metros.

Chésus se acercó a la orilla, lo miró un rato y luego volteó a verme: “Joder, está largo.” Colocó un par de bolts y luego me dio el taladro y todo el material de armado para que bajara. Si las cuerdas no llegaban hasta abajo, tenía lo suficiente para hacer un fraccionamiento y colocar una cuerda más. Chesus se quedaría arriba porque era el que tenía mayor experiencia en autorrescate y era precisa su presencia arriba para resolver cualquier incidente.

Bajaba por una rampa de conglomerado y la cuerda se atoraba constantemente con las salientes rocosas. Tuve que recuperar la cuerda y arrojarla de nuevo varias veces. Además de cansado, esto hacía difícil distinguir si las cuerdas llegaban o no a la base. Comencé a buscar un lugar donde poner el fraccionamiento y me dirigí a un lugar apropiado para ello pero en ese momento alcancé a ver que las cuerdas llegaban al suelo.

Continuamos por algunas desescaladas hasta un rapel que anclamos a un árbol. Ahí vimos un pequeño agujero por el cual decidimos bajar: un par de bolts más para que el descenso fuera exactamente por el hoyo, por donde escurría la poco agua del río. Descender era algo que hacíamos casi a ciegas hasta que de repente se abría para encontrarse uno colgado en un tubo vertical de grandes dimensiones.

Cuando bajé estaba lleno de alegría de bajar por fin ese rapel de 30 que tanto habíamos visto desde la base. Continuamos, pero esta vez no por el pequeño barranco que terminaba a los pocos metros, sino por aquel al que no quisimos entrar en temporada de secas. Ahí hubieron varios rapeles más.

Como ya oscurecía escapamos en el primer momento que pudimos. Seguimos una vereda que nos llevaría a Tepoztlán pero ya entrada la noche no pudimos continuarla. Esto nos llevo a otro barranco, que exploramos tiempo después. Un año antes, Chésus y yo estábamos caminando también de noche buscando la salida de un barranco. Esperamos que esa costumbre se termine pronto.

Última exploración

En mi curso de cañonismo en Montañismo y Exploración hicimos una salida que tenía por objetivo terminar de explorar el barranco. Esta ocasión comenzamos en el rapel del hoyo y llegamos a la parte que nos faltaba explorar: sólo era una desescalada y un par de rapeles más. Después de eso, estábamos en el final del barranco que ya habíamos recorrido un año antes.

Después de varias visitas y un par de años, terminamos de explorar este precioso barranco. Falta armarlo bien, pues la entrada está un poco fuera del inicio, hay un tobogán con raíces que tal vez haya que mover, y otros detalles.

Coordenadas de entrada 19° 0'28.66"N-99° 5'37.20"O
Coordenadas de salida 19° 0'11.58"N-99° 5'15.78"O
Altitud en el inicio 2318 metros
Altitud en el final 1920 metros
Altura del rapel más alto 65 mmetros
Longitud 980 metros
Tiempo de recorrido 6 horas
Clasificación según norma española v4 a2 III
Clasificación según Asociación Americana de Cañonismo 3B R III
Escapes Casi después de cada 3 rapeles hay un escape.
Nivel de caudal Poco a seco.
Época a visitar Todo el año, en especial en lluvias para que tenga agua, de lo contrario es seco.
Tipos de anclajes Naturales y bolts
Tipo de roca Conglomerado
Neopreno requerido Sólo en época de lluvias

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