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Montañismo y Exploración
Cerro Telapón y Río Frío: altamente peligrosos

En la tarde del 27 de agosto, dos individuos asaltaron a un curso de montañismo de la UNAM y a uno de los monitores resultó muerto de un balazo. Aquí se presenta el acta levantada ante el ministerio público y la relación de hechos pero ante todo, se advierte que la zona de los cerros Tláloc y Telapón, en la población de Río Frío, es altamente peligrosa.







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ERRATAEn el boletín extraordinario enviado el día 29 de agosto, donde dice "Huixquilucan, estado de México", debe leerse "Ixtapaluca, Estado de México".

ANTECEDENTES

La Asociación de Montañismo y Exploración de la Universidad Nacional Autónoma de México imparte cursos de montañismo de diferentes niveles desde 1976. Uno de estos cursos, cuyo objetivo es promover el montañismo e iniciar a cualquier persona en su práctica, es el Curso Básico, que tiene una duración de 14 semanas.

 

Una de las prácticas de este curso es de orientación y en este curso se eligió como destino el Cerro Telapón, en el municipio de Ixtapaluca, Estado de México. El curso estaba bajo la tutela de un grupo de instrucción de cuatro universitarios y en total asistieron 23 personas, incluyéndolos. El grupo llegó a Río Frío, en donde dejó estacionados sus automóviles y comenzaron a subir hacia el Telapón hacia las 10:00 de la mañana.

 
 

LLAMADAS TELEFÓNICAS

Alrededor de las tres de la tarde, recibí una llamada telefónica en mi domicilio indicando que un Curso Básico, al mando de Héctor Barrón, había sido asaltado en el cerro Telapón, en el Estado de México. También indicaba que un muchacho había recibido un balazo en la cabeza.

 

Los movimientos inmediatos fueron comunicarse con las personas que estaban en el lugar para saber los datos precisos y activar a todas las personas posibles que pudieran ir a la montaña para un posible rescate.

 

El contacto se realizó vía teléfonos celulares y supe el estado de gravedad en que se encontraba Humberto Cabrera López. Por razones técnicas, bajar a una persona así de esa montaña implicaba su muerte, por lo que me aboqué a conseguir un helicóptero a través de numerosas instancias, incluida la Dirección General de Actividades Deportivas y Recreativas. Por desgracia, sólo contaba con el número telefónico de Rosalía Villa Muñoz, coordinadora de nuestro deporte en la Dirección.

 

También establecí contacto con el presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A.C., para pedirle que usara todo lo posible y nos ayudara a conseguir un helicóptero.

 
 

SALIR AL TELAPÓN

Por otro lado, reunir a montañistas de nuestra Asociación a esa hora de un domingo, fue difícil, por lo que salí del D.F. en compañía de Oliver López y de Arturo González para ser el primer grupo de encuentro. El segundo grupo lo organizaría Javier Vargas y Mario Mira, quienes tenían indicado que deberían encontrar a Manuel Casanova (que entonces estaba en el Ajusco en una excursión con otro curso) y varios miembros más. Ellos constituirían el segundo grupo de encuentro.

 

Durante el camino seguí realizando llamadas telefónicas y finalmente supe que el helicóptero había recogido de la cumbre del Telapón a Humberto Cabrera, así que lo inmediato era buscar al resto del grupo para atenderlos. Así que dirigí a Adrián Farfán Flores y Manuel Casanova hacia la Cruz Roja de Polanco (adonde habían llevado a nuestro compañero) para que se hicieran cargo de todo los trámites necesarios para hospitalización y tratamiento.

 
 

LLEGADA A LLANO GRANDE

Encontramos a Alejandro García, uno de los instructores de cursos básicos en el montañismo universitario, en Llano Grande (al pie del Telapón) con un grupo de policías que estaban dispuestos a ayudarnos, pues habían hecho llamar a vehículos que podían adentrarse en la montaña. Platiqué con quien estaba al mando, comandante Leopoldo Quintero Robles, y me indicó que en la última llamada que tuvo con Héctor Barrón por teléfono celular, éste le había indicado que bajarían hacia Río Frío porque ahí habían dejado sus autos, detalle que no conocíamos hasta ese momento.

 

Nos dirigimos hacia allá y encontramos a varios muchachos sentados junto a sus autos. Faltaba más de la mitad del grupo, por lo que dimos un tiempo de espera antes de poner en marcha un operativo que implicaba a los miembros de nuestra asociación y a los policías estatales del Estado de México y sus vehículos. Una camioneta fue hacia las faldas del cerro y al pueblo para localizar a quienes pudieran, pues los demás muchachos comentaban que ya estaban cerca.

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