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Montañismo y Exploración
Los colosos del Baltoro

Esta historia comienza muy reborujada y los que estaban en un principio en el proyecto resultan ser los que no van. Mario Oñate, Armando Dattoli y un servidor fuimos los que tuvimos la oportunidad para visitar el otro lado del mundo; con el fin de escalar la famosa aguja en las Torres de Trango.







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Campamento uno

Armando ha sufrido de dos enormes ampollas en los pies. No debía caminar porque las heridas estaban en carne viva. Mario, Alí, Muzaffar y yo cargamos nuestras mochilas con 15 kilos de peso y emprendimos por primera vez la aproximación por el enorme corredor de rocas, con un desnivel de mil metros. Después de cinco horas arribamos al campo 1 (C1), que se encuentra a 5,200 metros. Vaciamos las mochilas y permanecimos una hora bebiendo y admirando el paisaje. A unos cuantos metros por debajo de una pared extraplomada, había dos tiendas colocadas sobre repisas pequeñas. Una es de los estadunidenses y la otra de los alemanes. Cuando emprendimos el regreso, ya estaba el trío de alemanes en C1. Dicen estar dispuestos llegar al C2 y esperar su turno de ascenso. Les deseamos la mejor de las suertes y continuamos cuesta abajo. Nos tomó dos horas descender el enorme corredor y llegar al CB.

Una noche estábamos todos dormidos y un gran estruendo en medio de la lluvia y gritos por parte de Alí nos hicieron salir de las bolsas de dormir. Vemos entre sombras y escuchamos el enorme deslizamiento de rocas que la lluvia ha ocasionado. El ruido no paró por cerca de 20 minutos. El boulder más grande casi llega al campamento. Cada quien se mete a su tienda, pero tomó un rato conciliar el sueño. El clima es inestable y no pasan más de 8 horas con buen tiempo. Para nosotros es importante aclimatar y relacionarnos con el entorno. Sobre todo, tenemos en cuenta que estamos rodeados de grandes colosos estáticos pero que parecen moverse. Cada montaña desprende una avalancha de nieve o rocas ocasionalmente y vale la pena saber a que hora y por dónde cae.

Por la mañana hicimos una carga más hasta el C1. Esa vez nos tomó 3 ½ horas subir por el enorme y casi interminable corredor. Al regresar nos topamos con Tim y Miles que han bajado de la Gran torre de Trango por el mal tiempo. Los invitamos a comer y a que nos platicaran de su historia. Piensan darle otro pegue más, a ver si se deja.

Seis de los ocho barriles que trajimos contienen comida. Los demás vecinos saben de ello y frecuentemente nos visitan. Esto le molesta un tanto a Alí, el cocinero, en parte por que sólo se acercan por la comida y otra por que es más trabajo para él. Por la tarde los tres oficiales de enlace y los cocineros juegan un partido de volibol. Una tormenta cae y la nieve cubre casi todas las montañas.

El pasito tun tún

Ya han pasado cerca de ocho días. Armando ha sanado de sus heridas y está listo para ayudar a colocar el campo dos (C2). Uno de los escaladores alemanes nos propone cambiar las cuerdas que están fijas sobre el hombro, por las nuestras. Fue una decisión difícil, consultamos entre los tres ya que esto implica no tocar los primeros ocho largos de la ruta. Acabamos por la opción de subir por las cuerdas fijas e instalar el C2 a 5,600 metros. Esta labor nos tomó cuatro días y cuando llegamos al hombro los alemanes retiraban sus cuerdas que llegaban casi hasta la cumbre. Recogieron su C2 y se marcharon con la cumbre en la bolsa.

Mario, Armando y yo por primera vez rodeados de los grandes Himalayas.

En este punto se pueden ver el Shipton, Gasherbrum 2, Gasherbrum 4 y la Torre de Mustang. Absortos por este paisaje colocamos las tiendas y fundimos nieve. Por la tarde platicamos de nuestro avance, sabemos que hemos llegado tarde en la temporada, el clima ha pegado más fuerte que otros años y las posibilidades de subir son pocas.

Decidimos bajar al CB y para suerte el cocinero tiene una fuerte infección con alta temperatura. Una tormenta se ha desatado y los yanquis han tenido que bajarse de la pared. Los alemanes alistan sus cosas pues ya han terminado con la expedición. Al día siguiente Mussafar, Kamal, Armando y Mario acompañan a Alí hasta Payu, que se encontraba mal. Con este imprevisto se han perdido cuatro días más.

En este lapso visité el campamento del Shipton, es una amplia pradera con mucho pasto y un riachuelo que es alimentado por las montañas de alrededor. Como una enorme punta de flecha, la pared de Shipton se yergue entre dos glaciares. En ese momento Michael y John la ascienden en el más puro de los estilos, en tan sólo cuatro días. Hacen el segundo ascenso de esta pared. Una ventana de buen tiempo nos sorprende y Tim y yo salimos disparados para el CB. Al llegar, los "compas" aún se sienten cansados y a mí me dio una diarrea de tres calzoncillos sucios. Por una o por otra perdimos la ventana de buen tiempo y yo la esperanza de continuar. Miles y Tim nos piden compartir el permiso de escalar la Torre Sin Nombre y accedemos siempre y cuando los oficiales de enlace lo aprueben para evitar malos entendidos. Los yanquis no pierden el tiempo y se lanzan a darle un pegue en estilo alpino.

Mario y Armando suben al C2. Una vez recuperado de la fuerte diarrea, habían pasado ya cuatro días para que yo los alcanzara. Ellos apenas fijaron dos pequeños largos. El clima es muy malo y no da espacio al trabajo, tenemos que permanecer varios días dentro de las tiendas lo que es muy desesperante. Los yanquis ya le habían dado un pegue a la Llama Eterna y tuvieron que bajarse por falta de ropa para vivac. Después de esperar varios días dentro de las tiendas y cuando paró brevemente la tormenta, intentamos bajar, pero las cuerdas estaban cubiertas por una gruesa capa de hielo.

Regresamos a las tiendas y llamamos al Campo Base. Contestó Tim y nos dijo que no tuviéramos miedo y descendiéramos lo antes posible ya que esta tormenta va para largo. No lo pensamos ni un minuto más, tomamos las mochilas y comenzamos el descenso por las cuerdas congeladas. Sentí algo de miedo cuando se atoraban en el ocho con el hielo así que sujetaba con fuerza la cuerda para que no se resbalara. Me seguía Armando y al último Mario, el sentía que lo abandonábamos. Tan rápido bajé que los otros dos todavía tardaron en llegar al C1. Reunidos los tres comenzamos el descenso hasta el CB. Nos recibieron los yanquis, los cocineros y los oficiales de enlace. Hicimos una enorme comida y platicamos de la experiencia tormentosa.

Estos yanquis insisten en darle otro intento a la Torre Sin Nombre y esperarán una ventana de buen tiempo. Mario y Armando se suben hasta el C2 con el fin de desmontar el campamento. Al segundo día suben los yanquis al C1 y por la madrugada comienzan el ascenso. Mario y Armando ni cuenta se dieron cuando pasaron por el C2. Por suerte los vieron más o menos por el largo número 15. Tim sufre una caída de 40 metros y aunque sólo sufrió golpes y raspones, tienen que abandonar por última vez su intento. La verdad es que tuvo mucha suerte de que no pasara a mayores. Cerca de las 18:00 horas observo con los binoculares que vienen bajando los cuatro por el tortuoso corredor. Hablo por radio con Mario y me informa de lo acontecido y en acción de solidaridad bajan juntos. No pudieron desmontar el C2.

Primero atendimos las heridas de Tim y al poco rato nos deleitamos de una rica cena. Momo (cocinero de los yanquis), se muestra muy preocupado y a su vez contento de que sus integrantes se encuentren con bien y sabe que han dado por terminado sus intentos y que pronto regresaran a casa. Por la noche realizamos una pequeña fiesta en honor a todos los que nos encontramos sanos y salvos en esta aventura.

Por la mañana mis dos compañeros vuelven a subir hasta el C2. Ya llevan cinco días intentando desmontar el campamento y por unas u otras no han podido. Sólo nos quedan dos días para partir y comenzar el regreso de cuatro días hasta la civilización. Al día siguiente arriban al CB con la noticia de que por fin desmontaron todo y lo dejaron en C1, para que tres porteadores de altura bajen todo. Por la tarde arriban los 18 porteadores que llevarán todas nuestras cosas. Por la tarde y como despedida, la Gran Torre de Trango descarga una enorme avalancha de rocas, que va a dar hasta el corredor por donde subimos varias veces. Provocó una enorme nube de polvo que cubrió todo el campamento y que sin duda llego hasta el Campamento de Shipton.

Hasta luego

Somos la penúltima expedición en abandonar el Glaciar del Baltoro. Los últimos son Miles y Tim, que partirán un día después que nosotros. Nuestro oficial de enlace se cerciora que no quede basura en el Campo Base y que hayamos bajado todo de la pared. Sin pensarlo dos veces comenzamos el retorno junto con los porteadores. Por último hago un alto frente al enorme coloso de la Torre Sin Nombre; que se encuentra cubierta por un enorme velo de Nieve y hielo. Doy gracias por permitirnos acariciar su textura y con la certeza que un día volveremos con la idea de alcanzar su cumbre.

Tres días nos tomó llegar a Skardu bajo un clima lluvioso. La última jornada fue muy dura, caminamos siete horas hasta llegar a los jeeps y a bordo de ellos viajamos otras ocho horas hasta el hotel en Skardu. Ahí pasamos dos días esperando encontrar boletos de avión para Islamabad, pues no queremos regresar por tierra.

Un día de turismo en el Parque Nacional Deosai donde pudimos observar un valle que se encuentra sobre 4,000 metros de altura. Habitan enormes marmotas, ibec's, vacas y chivos. El día que partimos, esperamos cuatro horas para abordar un avión al que le estaban colocando una refacción. Esperamos que funcione. Nunca sabes como van a suceder las cosas y mucho menos en Pakistán que viven en otra revolución y como dicen ellos, Insha Allah (si dios quiere).

Por fin Islamabad, ciudad como todas. Mucha gente, claxones que no paran de pitar y, sobre todo, mal aire. Con un calor húmedo (38° C) nos depositan en un hotel y ahora tenemos que aclimatarnos a la ciudad. Nos dio la bienvenida Alí Porik el dueño de la agencia que contratamos y nos confirma que dentro de dos días salimos para Londres y hay que cerrar el reporte de resultados de la expedición en turismo. Al día siguiente acudimos a la oficina de la agencia y pedí ver los boletos de avión, resulta que teníamos que haber partido dos horas antes y hemos perdido el vuelo. La línea aérea dice que hay lugares para dentro de 25 días o formarse en lista de espera. Esto puede ser una pesadilla y no perderemos la oportunidad de salir de Pakistán.

Pagando el exceso de equipaje y un extra en el boleto, abordamos la cápsula voladora. Al llegar a Londres de nueva cuenta perdimos el avión que va a México, sólo nos queda esperar, disfrutar de las bellezas femeninas que circulan por estas tierras y caminar por sus largas calles.

La visita ha sido una gran experiencia al hermoso Pakistán. Ahora conocemos la logística que implica una expedición de esta magnitud. También sabemos que hay que venir en la temporada correcta con un margen de tiempo mayor y que hay que venir muy preparados física y psicológicamente. Hay otras montañas y paredes que esperan por un primer ascenso y que no son conocidas o comerciales. Solo trabajar duro y buscar la oportunidad para regresar y lograr unas de sus incomparables cumbres. Esto es solo un hasta luego y no un simple adiós.

Insha Allah

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