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Montañismo y Exploración
Para ver hacia delante: la historia en el montañismo

El montañismo carece de información sobre lo que se ha hecho por los latinoamericanos y el resultado es que se está “inventando” una y otra vez un primer ascenso pero en general no se hace nada nuevo. ¿Cambiaría esto el saber algo de nuestra historia y aplicarla hacia el futuro?







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Esta semana tuve un agradable encuentro con un amigo con quien escalé hace muchos años. De entre los muchos senderos que se toman en las conversaciones de este tipo, saltó un comentario: “Escuché a una persona decir que nadie había hecho esa escalada antes. Pero es porque no saben de lo que hicimos nosotros y los de antes de nosotros.”

En realidad no importa de qué se trataba, lo realmente importante es que no se trata de un hecho aislado: mucha gente cree que está haciendo algo por primera vez. La razón: no conocen la historia. Entre los escaladores es común hablar de quién ha llegado a ser campeón de tal competencia y se conocen entre sí, pero muchos de ellos no han oído hablar de Santos Castro, los hermanos Costa, Raúl Revilla, Carlos Ariza, Sergio Fitch, Eduardo Mosqueda, Miguel Ángel Gómez, Germán Wing, Adrián Benítez y muchos más. Todos son nombres representativos del montañismo mexicano.

Mi amigo tenía razón al enojarse: nadie debería afirmar una “primera” (de lo que sea) sin que se haya informado a fondo antes. Hace poco, por ejemplo, alguien informaba a través de Facebook que él y su compañero de cordada habían hecho el primer ascenso mexicano al Chacraraju. Después de una investigación breve, resultó que no era la primera. La información está ahí y se puede buscar y encontrar con cierta facilidad. El American Alpine Journal lo registró en su tiempo y la nota apareció en algunos periódicos, aunque ellos mismos nunca escribieron algo que lo hiciera patente.

Por otro lado, creo que ese enojo de mi amigo tiene otra vertiente: las diferentes generaciones de escaladores han llegado, hecho algo y han desaparecido, prácticamente sin dejar más rastro que su palabra (que muchas veces es modificada) y algunas notas bastante escasas en algunos periódicos y menciones en libros.

En el siglo XXI, en que la información se transmite básicamente a través de Internet, estos documentos son considerados de “difícil acceso” porque algunos libros ya no existen más que en algunas bibliotecas particulares y prácticamente nadie se va a una hemeroteca a revisar los periódicos para encontrar una nota aislada. Y porque sólo un pequeño grupo busca información "en papel".

Así que en cierta forma, la culpa corresponde a todos aquellos que no han dejado constancia escrita de lo que hicieron. Un ejemplo contrario: de no haber sido porque don César Morales Arnao es periodista y le fascina la montaña, prácticamente nadie sabría de esos hombres que lograron el primer ascenso totalmente peruano a la montaña más alta de su país en 1954.

Es posible que de tanta historia que nos enseñan desde la primaria, hayamos concebido que la historia es sólo fechas de sucesos que no importan a nadie si no es fiesta nacional. También es probable que se nos haya infiltrado muy a fondo la mentalidad de no presumir hacia los demás porque el montañismo “no es competitivo”.

El resultado es el mismo: los montañistas no escribimos lo que hacemos y tenemos como consecuencia el estar haciendo lo mismo que hace muchos años se hizo. El montañismo en América Latina (salvo notables excepciones) es hacer más de lo mismo: más ascensos al Aconcagua, más viajes al Everest, más Siete Cimas, más rutas “normales”. Sólo unos cuantos hombres se dirigen a montañas para abrir rutas nuevas.

Hace varios años, otro amigo me pedía informes de una pared que yo no había escalado y cuando le dije eso, me respondió que entonces no iría a la pared. Su respuesta me sorprendió. ¿Por qué no ir allá? Lo peor que podía pasar era que no pudiera subir, pero era muy fuerte, tenía equipo más avanzado que quienes subieron esa pared por primera vez y estaba notablemente entrenado. Entonces, ¿por qué no? Me quedó claro que no a todos se les puede pedir una mentalidad de explorador y que esperan que alguien más les abra huella.

¿Cambiaría todo esto si los montañistas hubieran escrito algo desde el principio? Lo ignoro, pero tengo la impresión de que estaríamos mucho más avanzados y estoy seguro de que hablaríamos con orgullo de nuestros montañistas como se habla ahora de Whymper, Messner, Bonatti, Bridwell, Chouinard, Terray, Herzog, Cassin y tantos más. Y es muy probable que haya quienes desconozcan estos nombres que abrieron camino en el montañismo mundial.

No se trata sólo de hombres, hechos y fechas, sino también de la evolución de técnicas y de equipo y quizá de la mentalidad con que se enfrenta una misma situación. El conocimiento de esta información permitiría valorar el ascenso al Everest de Hillary y Tenzing contra el de un montañista actual, por ejemplo. Esto le quedó claro a Conrad Anker y Leo Houlding cuando quisieron subir el Everest con el mismo tipo de equipo con que subieran Mallory e Irvine en 1924. Al final desistieron de usar ese equipo y subieron con el moderno.

Quizá en América Latina no hayamos hecho un primer ascenso como los franceses en el Annapurna en 1950, pero no por ello el montañismo de una nación es mediocre. Cada país hace el montañismo que tiene a su alcance y siempre es movido por individuos que terminan moviendo todo el esquema anterior para terminar en un nuevo nivel. El montañismo llega a ser mediocre cuando no hay nuevas aspiraciones, cuando no se busca ir más allá del último listón, cuando lo que se hace es siempre lo mismo, cuando no se reconoce la labor de los cientos de montañistas que han estado ahí antes que uno mismo.

La historia —y leerla— ayudarían mucho. Nosotros nos hemos comprometido a hacer reportajes sobre esos montañistas para que se sepa quiénes fueron (y siguen siendo, porque sobre los hombros de ellos nos alzamos). Como dice Mafalda en una de sus tiras cómicas: “La historia la quiero hacia delante”. Con mucha razón.



 



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