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Montañismo y Exploración
Montañas menos conocidas del Perú: el Chachani
22 diciembre 2012

Cuando pensé en Perú lo asocié con la majestuosa Cordillera Blanca. Quebradas innumerables y hermosos picos a los que se llega desde Huaraz, a 400 km al norte de Lima y sobre los tres mil metros de altitud. En esta …







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Cuando pensé en Perú lo asocié con la majestuosa Cordillera Blanca. Quebradas innumerables y hermosos picos a los que se llega desde Huaraz, a 400 km al norte de Lima y sobre los tres mil metros de altitud. En esta pequeña ciudad confluye gente de todo el mundo que quiere subir montañas sin importar la dificultad, que hay para todos.

Huaraz se ha vuelto cosmopolita gracias a todos los extranjeros que visitan cada año la Cordillera Blanca y por ello mismo han surgido numerosas agencias de turismo de montaña y guías, lo que ha contribuido a desarrollar a las comunidades y a aumentar la calidad de vida de la zona. También debido a esto, el montañismo ha sufrido una mayor comercialización y se encuentra a gente que ha aportado poco al deporte pero que en cambio vende su imagen como lo mejor.

Este tipo de personas prometen ascensos por rutas difíciles incluso con mal tiempo, pero al final es mentira. En ocasiones alcanzan sus metas personales utilizando recursos de su cliente, a quien dejan sin lo prometido. Por desgracia, me tocó vivir esto: gasté mi esfuerzo y recursos en vano. No volvería a pasar.

Cuando llegó la oportunidad, viajé a Perú de nuevo. Era principios de septiembre, cuando la temporada de montaña prácticamente había terminado y los vientos hacían difícil subir. Tenía 15 días de vacaciones pero busqué otra alternativa. ¿Adónde? Siempre había tenido deseos de conocer Arequipa por sus casonas viejas, por su claustro de Santa Catalina, por sus altas montañas parecidas a las de México, porque no sabía nada de Arequipa. Una hora de vuelo desde Lima me dejó en el pequeño aeropuerto.

Arequipa es una ciudad de casi un millón de habitantes —la segunda más poblada de Perú— y se encuentra al sureste de Perú, a 2400 metros, y muy cerca de la frontera con Chile y Bolivia. Es famosa por su arquitectura colonial y porque en las montañas cercanas se encontró hace unos años a la mundialmente conocida momia “Inca Juanita”, que fue adoptada como símbolo de la región. El Volcán Misti (5,825) domina el paisaje de la ciudad pero un poco más al noroeste se ve el volcán Chachani (6,075).

El Chachani… al verlo supe cuál sería mi objetivo. Los taxis no subían por aquellas pendientes y sólo podría llevarme un 4x4, pero ya había pasado la temporada de montaña. Busqué agencias de turismo y les expliqué que quería hacer el ascenso en solitario y sólo necesitaba que me acercaran y fueran al día siguiente por mí. Cuando concluí con todo, caminé por la tranquilidad de las calles de cantera de Arequipa.

El Nevado Chachani es un complejo volcánico formado por estratovolcanes y domos coalescentes, situado en la cordillera occidental centro-andina del sur de Perú, en los departamentos de Arequipa y Moquegua. Tiene cuatro cumbres: la principal o noroeste (6,075, mi objetivo), la norte o pico de los Ángeles (5,852), la sureste o monte Trigo (5,820) y la oeste, también llamada La Horqueta (5,484). Chachani significa “valeroso”, en lengua aymará.

Tras dos horas y media de viaje en un transporte 4x4, al día siguiente estaba en la pampa Matacaballo (4,200) pero el camino para el vehículo termina en los cinco mil. Ahí debía iniciar el ascenso. El campamento lo instalé a los 5,350, tras una breve caminata. Es una gran plazoleta al pie de un largo arenal que baja de la cumbre. En este camino hay una planta muy rara que parece musgo: crece en las rocas y son duros como ella. Los llaman yaretas [Azorella compacta, planta con flor que es exclusiva de los andes de Perú y Bolivia. N. del E. ].

Ahora me espera una noche en la soledad de la montaña.

Al día siguiente inicio el ascenso a las 4:30 de la mañana. Hacía frío. Había leído que esta zona es una de las regiones más áridas del Perú porque está bajo la influencia de sistemas de altas presiones tropicales y la corriente fría de Humboldt. Mi ruta de ascenso es sencilla: subo hacia el collado que se forma entre las cumbres Los Ángeles y Monte Trigo, rodeo el pico Los Ángeles y a los 5,950 metros comenzaba la nieve con profusión. Abajo eran más bien manchas esparcidas. Pero no tengo necesidad de ponerme los crampones. Unos metros más adelante, la pendiente termina.

Las 9:30 de la mañana. Sólo me llevó cinco horas subir a paso tranquilo y deteniéndome a tomar fotografías. Desde la cumbre se ven más montañas: al noroeste el Sabancaya (5,976), el Ampato (6,288) y el Nevado Coropuna (6,425); al sureste el siempre presente Misti pero muchas más cumbres de más de cinco mil metros. Un mundo de montañas.

Decidí descender por un terreno que me era familiar: el gran arenal que baja desde la cumbre por el lado norte. Un desnivel de 750 metros sobre arena me permitiría divertirme como niño pese a que en el inicio la pendiente fuera de caso 60 grados y que la arena estuviera muy compacta por estar congelada. No me equivoqué: incluso con algunas paradas para tomar fotos, 45 minutos después estaba en el campamento. El resto sería más sencillo, pero menos divertido. Lo importante era haber subido una montaña poco conocida de Perú.


 



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