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Montañismo y Exploración
Los deportes extremos vistos por quien no los practica
3 agosto 2012

El 1 de agosto, la revista Nexos publicó un artículo titulado “Apuntes para una historia de los deportes extremos”, firmado por Ignacio Ortiz Monasterio. Grosso modo, el autor sostiene que los deportes extremos tienen su origen en “coliseos y anfiteatros …







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El 1 de agosto, la revista Nexos publicó un artículo titulado “Apuntes para una historia de los deportes extremos”, firmado por Ignacio Ortiz Monasterio. Grosso modo, el autor sostiene que los deportes extremos tienen su origen en “coliseos y anfiteatros romanos” porque los gladiadores ponían en riesgo su vida.

El siguiente paso es la aparición de los grandes torneos, donde “El problema de la muerte permanecía, ciertamente, aunque ahora era una posibilidad más y en tal sentido un factor de expectación”.

El tercer paso del autor es mostrar que los deportes extremos (“y en general los deportes”) “tienen su origen en la beligerancia entre individuos y grupos… Así parece sugerirlo otra forma de deporte extremo: el duelo”.

Para terminar, comenta que los deportes extremos incluyen también a las corridas de toros y las peleas de perros, aunque en esta última hace una distinción: “Aunque stricto sensu no pertenecen a la clase que hemos abordado en estos párrafos, sino al amplio género de los deportes de sangre, las peleas de perros constituyen a nuestro entender una sublimación, en el sentido aristotélico del término, de los deportes extremos.”

Ése es el resumen del artículo escrito por alguien que se nota que no tiene noción de lo que es vivir un deporte dentro de él. Los ejemplos son históricos o desde lejos y siempre aluden al riesgo de perder la vida o de ser herido.


¿Son deportes?

La Real Academia Española define deporte como “1. m. Actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas. 2. m. Recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre.”

En los círculos deportivos, se utiliza al deporte como una actividad lúdica. Aunque es posible que hubiera gladiadores a quienes les gustara matar en la arena, es difícil aplicar la palabra deporte a la actividad de luchar entre sí con la intención de matar, aunque fuera para esparcimiento de un público que vivía de pan y circo. Ni los gladiadores de un circo romano ni los torneos de la edad media son más deporte que la guerra. El hecho de poner en peligro la vida sólo significa que el autor no conoce la experiencia de vivir una actividad de éstas. Hay que distinguir actividades barbáricas de lo que es un deporte llevado al extremo.

En montañismo, que es lo que conozco, se habla ciertamente de ser osados, arriesgados y temerarios, porque se “pone en riesgo la vida” en cada paso en la montaña. Hemos publicado constantemente ideas de diferentes personas que afirman que en un deporte “extremo” (usemos por el momento la expresión) no se busca la vida, sino la capacidad de vivir más intensamente. No es el suicidio lo que lleva a hacer esa actividad. Dejaría de ser deporte para ser una forma más de quitarse la vida. ¿Saben quiénes siguen afirmando que se trata de un acto temerario? Precisamente: aquellos que no han practicado el deporte, que no lo conocen desde dentro.

Pero si los gladiadores y los torneos medievales son actividades humanas, incluir a la tauromaquia dentro de deportes (cuando en algunos países se está prohibiendo) es un disparate un poco menor que el de hablar de las peleas de perros. ¿Deporte? ¿De verdad estamos centrados en el tema deportivo o es sólo publicar un artículo en época de olimpiadas?


¿Son extremos?

La misma Academia Española proporciona 14 definiciones de la palabra extremo. La más cercana a nuestro tema es: “2. adj. Dicho de una cosa: Que está en su grado más intenso, elevado o activo. Frío, calor extremo.” Ninguna de las acepciones de la palabra incluye el concepto de muerte, un concepto que se deriva del desconocimiento de la actividad.

Un deporte sería extremo si se hiciera la máxima proeza dentro de cada actividad. Sin embargo, debemos reconocer que el término extremo surgió de la necesidad de motivar a cientos o miles de turistas hacia las actividades deportivas realizadas en la naturaleza. Un rapel, que es una maniobra muy común en los montañistas, es vendida como una actividad extrema a esos turistas.

Lo que se vende a cada uno no es la idea de hacer algo extremo, sino de salirse de la cotidianeidad de su vida, que al final, resulta aburrida, sea para el turista o para su círculo de vida. Es decir: se vende el concepto. Pero en realidad se hace cada actividad con toda la precaución posible y hay prácticamente un nivel muy bajo de accidentes. No podemos llamar a eso “extremo”, sea usando la acepción de la RAE o la del autor del artículo en cuestión.


Deporte extremo

El deporte como tal existe y siempre está ahí antes de que alguien lo quiera comercializar. El montañismo como deporte tiene más de 200 años de existencia y fue sólo hasta finales de la década de 1980 que comenzó a denominarse “extremo” gracias a la comercialización hacia los turistas.

No hay que olvidar que los deportes implican entrenamiento físico, desarrollo de una técnica y habilidad mental. Sobre todo últimamente, el deporte ya no puede ser tachado de una actividad sin bases científicas. Las propias Olimpiadas son una muestra excelente de ello: se ha planeado, investigado, discutido y puesto en marcha cada mejora, desde el mínimo detalle del equipo hasta diferentes programas de entrenamiento que hace al ser humano más capaz de lo que era antes.

Si un clavadista llega a hacer un salto que implique cinco giros impresionantes que no se hayan hecho antes nunca, estaremos ante el extremo de lo que se haya hecho en clavados. Lo mismo puede aplicarse a cualquier deporte. El deporte es una actividad que lleva al hombre a buscar y superar sus límites. He ahí lo extremo, no espectáculos donde una muerte segura de un ser vivo es el platillo principal.


Reflexión

Tratar de hacer “apuntes para la historia” es un tema muy común entre los historiadores de las diferentes ciudades que no son el centro de la metrópoli. Muchos de ellos carecen de fundamentos y aunque ponen todo su tesón en ello, no llegan lejos por diferentes razones, aunque hay notables excepciones.

Los “apuntes para la historia” hechos por un escritor que desconoce el tema, no dejan de ser más que esbozos del desconocimiento que tiene del tema y una orientación hacia lo que él cree que llevaría. Unos verdaderos apuntes para la historia incluirían la motivación lúdica (psicología) implícita en cada deporte, un escenario (en nuestro caso la montaña) y unas reglas, pero también nombres de personajes, fechas precisas, hechos verificados.

De otra manera, no pasa a ser más que una opinión que desinforma al lector.

 

Apuntes para una historia de los deportes extremos



 



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