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Montañismo y Exploración
El séptimo sentido
15 agosto 2008

El libro más reciente de Kurt Diemberger, el montañista que conquistó dos ochomiles vírgenes y aún vive. Dada la calidad literaria y de información de sus libros anteriores, este queda muy por debajo pero tiene información histórica valiosa.







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Kurt Diemberger. El séptimo sentido. Ediciones Desnivel, Madrid. 2007. 380 páginas. ISBN: 978-84-9829-070-7

Kurt Diemberger es muy conocido en el mundo del montañismo por ser el hombre vivo que conquistó dos ochomiles vírgenes, por su labor como camarógrafo de montaña de altitud en el Himalaya y sobre todo por dos libros excelentes que lo dieron a conocer en el mundo de la literatura de montaña como un gran escritor y no sólo porque tenía algo que escribir sino porque lo escribía con gran belleza y elegancia.

El Séptimo Sentido es el libro más reciente de Kurt y desafortunadamente perdió brillo de manera impresionante en ambos rubros: no cuenta algo importante y ha perdido su estilo tan brillante porque se resume a sus memorias, que deja en gran parte a los diarios que llevaba en su momento y que son transcritos, incluso con los dibujos, una fuente importante para la historia, sin duda, pero que deja a Kurt con una pesada carga en su trayectoria como escritor.

El libro comienza con la historia del ascenso al Broad Peak y la muerte de Hermann Buhl y continúa con algunas vivencias en diferentes épocas de su vida como montañista, para casi finalizar en las grandes montañas del Himalaya. Su último apartado es un compendio de cavilaciones y reflexiones en torno a las montañas, más bien un manojo de pensamientos.

Al principio del libro, el autor hace hincapié insistente en el “séptimo sentido” que es algo relacionado con la montaña y durante los primeros capítulos hace la narración con conclusiones al respecto, conclusiones que me parecían más bien forzadas. Pero después el tema lo abandona y uno nunca termina por saber el por qué del título del libro.

Pero no se encuentra al escritor Kurt Diemberger al que uno está acostumbrado en apenas dos libros más que al final:

“Todavía no estoy cautivado por el embrujo de lo desconocido.“No sólo en el desierto del Shaksgam.“Hay quien me dice: «Kurt, quédate en casa y disfruta la vida.»“Pero no funciona, no puedo soportarlo. Aunque a veces también he echado anclas, no puedo quedarme en ningún lugar demasiado tiempo. «Cuando la barca ya se ha hecho a la mar, déjala que navegue…»“Ahí está el magnífico árbol que da forma al portal.“El portal del tiempo. Inamovible, inalterable.“Seguiré adelante, después de atravesarlo.” (p. 363)

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