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Montañismo y Exploración
Lugares desérticos
15 noviembre 2002


La India, es el país que Robyn Davidson elige para realizar una nueva travesía en camello. Sin embargo, este viaje sería completamente distinto del que realizara en Australia y que le hiciera mundialmente conocida. No hay silencio y casi no hay privacidad. Unida a una caravana de nómadas, realiza un viaje más allá de sus límites, adonde ella misma reconoce que no puede seguir. Libro muy profundo por las reflexiones que realiza sobre su propia sociedad y la que le rodea.







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Robyn Davidson. Lugares desérticos. Planeta-Seix Barral, Barcelona. 1997. 320 páginas. ISBN: 84-322-4046-X


En la India, estar solo es ser un anormal; ser una mujer sola equivalía a un insulto a la caballerosidad; y ser una mujer europea sola, una invitación al equívoco.

...cuando uno está solo en lugares desérticos, y las cosas pequeñas van mal, quizá sientas temor (irrazonable en la mayor parte de los casos porque, aunque puedas sentirte sediento, o hambriento o enfermo o fatigado, es improbable que mueras), y puedes maldecirte a ti mismo por ser un estúpido. Sin embargo, el agua es el único recurso sumamente importante que se alza entre ti y el pánico.


Después de su viaje por el desierto de Australia acompañada por "tres camellos y medio" y su perra, Robyn Davidson se plantea como meta viajar con los nómadas de la India que realizan migraciones con camellos. Pero aclaremos: el viaje no es precisamente una meta en el sentido deportivo: una después de la otra. Entre Australia y la India debieron pasar quince años para que ella encontrar la motivación suficiente.

"En Australia puedes caminar durante meses sin encontrar a un solo ser humano. Miles de kilómetros vacíos de huellas, libres de los errores de la historia. Gracias a una asociación con los habitantes originales, había aprendido a ver esos páramos como un jardín... el hogar primordial del hombre antes del arado. Los senderos de los antepasados lo marcaban y le daban un significado, de modo que, por lejos que un individuo pudiera viajar de su lugar de origen, en el sentido más profundo él o ella se encontraban siempre en su hogar en el mundo. En la sociedad aborigen todo el mundo se basaba en el conocimiento acumulado, al que todos podían aspirar." (p. 8)

En cambio, la India es un mundo diferente, donde "La muchedumbre era como un diluvio que ahogaba la voluntad individual. Les quitaba a las cosas su significado." (p. 7) "Dondequiera que mostrara mi cara, un millar de otras caras se reunían inmediatamente alrededor de ella... Lo mismo podría yo haber sido un oso amaestrado o un mono atado con una cadena. Me desnudaban de mi humanidad, me chupaban mi vitalidad, y la única defensa contra ello era retirarme dentro de mí misma, desaparecer psíquicamente. O encerrarme en la amable, vacía, oscuridad de mi habitación." (p. 57-58)

Sin embargo, sabe que el viaje vale la pena:

"Este siglo ha sido testigo de los mayores movimientos de población de la historia de la humanidad. Pero lo ha sido también del fin del nomadismo tradicional, una descripción de la realidad que ha estado con nosotros desde nuestros comienzos... nuestro recuerdo más antiguo de ser. Hay nuevas clases de nómadas, no personas que se encuentran en su hogar en cualquier parte sino que no están en su hogar en ninguna parte. Yo soy una de ellas." (p. 12) y que "...algo inapreciable se perderá si la migración cesa. Porque es el hecho de su movilidad lo que refuerza las cualidades que tanto los distinguen: tolerancia, astucia, independencia, coraje, ingenio." (p. 212)

La India y un objetivo específico implicaba que "...haría falta dinero y eso significaría conseguir el patrocinio de una revista y soportar a un fotógrafo ocasionalmente." (p. 13) Patrocinada por "una revista", pasa poco más de un año en la India buscando a los grupos nómadas con los cuales viajar:

"Mi plan era comprar un jeep y vagar sola por las zonas desérticas hasta encontrar a ese grupo rabari con los que pudiera establecer una relación intensa. Luego, al cabo de unos meses, yo misma compraría algunos camellos... Tras lo cual continuaría viviendo en el poblado que ellos hubieran elegido hasta que fuera el momento de iniciar la migración." (p. 21)

Durante ese año, "Yo había recorrido el alfabeto entero de planes fracasados. Ahora me lo ponían todo sobre el plato." (p. 90) y muchas veces se había cuestionado su credibilidad y sus compromisos financieros:

"¿Pero era realmente útil, me pregunté, viajar con un puñado de nómadas de los que nadie había oído hablar nunca? ¿Y si los rabari se extinguían dentro de cincuenta años? ¿A quién le importaría un pimiento? ¿Y de qué les serviría a ellos que mil personas, o siquiera a un millón, les importara realmente algo? ¿Y si el nomadismo estuviera destinado a extinguirse, a apagarse, como una vela, en el mundo entero?" (p. 46)

Finalmente, se queda con los nómadas, a quien ha sido confiada tras largas negociaciones:

"...y me volví hacia mi «familia», con la cual tenía aproximadamente veinte palabras en común." (p. 129) Este "pequeño" rasgo sería crucial en los meses que pasaría con ellos porque "Yo me había imaginado que podía comprender a través de una especia de lenguaje de signos prelingual, interacciones bastante complejas, como si pudiera simplemente mantenerme a flote en un océano de incomprensión. La verdad es que me estaba hundiendo." (p. 155)

Ese hundimiento era básico: "No hay nada tan frustrante como estar con gente de la que dependes para tu supervivencia, de la cual tienes mucho que descubrir, que te gusta mucho y a la que pareces gustar tú, que quiere saberlo todo sobre ti... y tener que comportarte como si te hubieran cortado la lengua con un pedacito de cerebro." (p. 130)

Además, su fotógrafo tiene dificultades para realizar su trabajo:

"—Han decidido que no podéis fotografiar.
"Dilip estalló como un petardo, pero de nada sirvió. La decisión había sido tomada. Era el final.
"Yo estaba preparada por Dilip. Porque decía «Vales lo que vale tu última fotografía», y creía que no estaba consiguiendo las fotos que buscaba." (p. 111)

Se trataba de vivir como los nómadas, sin beber agua durante un largo periodo de tiempo y en su lugar beber leche de camella, lo que le resulta muy duro. Incapaz de comunicarse lo único que le queda es su interior y a reflexionar profundamente:

"A aquellos que tienen un punto de vista romántico de los viajes, o que, anhelando la libertad que imaginan que éstos traen, desean desprenderse también de viejos empleos, de viejos maridos, de viejas responsabilidades, y dirigirse en busca de climas más amplios, donde "están convencidos" tanto la vida como ellos mismos serán enteramente diferentes... es decir, mejores; a aquellos que no comprenden que uno se lleva consigo el yo, como una vieja y pesada maleta, vaya donde vaya; que consideran el viaje, no como una vía de investigación, o una satisfacción de la curiosidad, o como un método gracias al cual comprender mejor el mundo, sino como un escape de la trivialidad, debo decirles esto: cuando estás tan cansada, frustrada y sucia que te gustaría llorar pero no puedes porque hay gente que te está mirando... cuando te das cuenta de lo lejos que estás de los lugares y personas a los que comprendes y que te comprenden; cuando tu piel céltica, que se enrojece incluso bajo un débil sol septentrional, ha sido cocida como cerámica por el sol y la sal, de tal modo que tienes que dejar de pensar en los cánceres que seguramente se estarán formando, por no hablar de los años que estás añadiendo a tu rostro... cuando has llegado a sumergirte en las profundidades de la trivialidad, entonces empiezas a preguntarte si merece la pena.

"Sí que merece la pena, exactamente?
"Los momentos." (p. 120-121)

Inmersa en una cultura que no comprende y que no es capaz de asimilar por falta de comunicación, alcanza a comprender que los nómadas son especiales en cierto sentido:

"Aunque se sentían orgullosos de sí mismos como casta, parecían vivir en algún lugar donde no existían las más rígidas jerarquías de la gente sedentaria... nunca les vi mostrar descortesía hacia otro ser humano, por baja que fuera su condición, ni tampoco crueldad gratuita para con otra forma de vida." (p. 141)

Su tabla de salvación era el jeep que alcanzaba al grupo a tiempos regulares y Narendra, el influyente hombre que la hubiera invitado a hacer algo en la India, y con quien puede tener contactos telefónicos, cuando los había. Sin embargo, una vez terminada la travesía, que no pudo seguir viviendo como nómada porque "Lo que se requería era un cambio en la manera de mirar. No la mirada australiana entrecerrando los ojos que se traga la vista, sino una búsqueda más miope en el detalle del primer término donde está inscrita la historia." (p. 189) Sabe que "El verdadero viaje sería ver el mundo, siquiera por un instante, con los ojos de otro." (p. 175)

"Nunca he hecho nada en mi vida tan agotador como viajar con los rabari. Pero yo podía volver al confort y la seguridad; para ellos, en cambio, aquello era la vida real." (p. 211)

Para reforzarse internamente, decide hacer un pequeño viaje en el desierto, sola, como en Australia: "Hasta aquel momento, yo había dado prioridad a todo y a todos antes que a mí misma... Ahora me disponía a templar mi ánimo en las desiertas inmensidades..." (p. 217)

Pero descubre que no podrá hacerlo porque si en Australia estaba sola, en la India no lo estará y que es esto precisamente lo que le podría acarrear problemas. De cualquier manera, "Todo el mundo pensaba que mi idea de cruzar el Rann en camello era de lo más peculiar. Pero ir sola era ya una especie de herejía subcontinental." (p. 216)

En la segunda parte de su viaje, el de regreso, lo hace acompañada de Chutra, su peor pesadilla, pero de quien no puede separarse por ser su camellero oficial: "Tú y Chutra sois las vivas ilustraciones del viejo proverbio marwari : «Dos hombres tuertos no pueden llevarse bien, y sin embargo, no pueden separarse»." (p. 299)

Aunque de carácter más ágil en la narración, esta segunda parte descubre al lector pensando y juzgando siempre lo que pasa del otro lado de los ojos de la autora: uno se siente inclinado a pensar que ella tiene razón y que precisamente aquello no debiera hacerse. Pero Roby Davidson se muestra más sagaz y procura no juzgar, pese a las condiciones que pasa:

"¿Pero dónde termina la relatividad cultural? ¿Qué moralidad puede aplicarse universalmente?" (p. 230)

De alguna manera, tras viajar y sufrir la vida de un nómada (pese a las grandes facilidades que su piel, su dinero y su lengua le abren), descubre algo nuevo en aquella India con la que se sentía desconcertada al principio del viaje:

"Había una extraña anomalía en mi actitud hacia la India. Aquí había conocido a las mejores personas, las mejores clases de personas en toda mi vida. Gente cuya profundidad, calor y dignidad, cuya envergadura y facultades hacían parecer estrujados a los occidentales, por comparación (estrujados entre el dedo de Dios y el pulgar de Satán). La capacidad de gozar aquí, la gratitud hacia la vida sin importar el trato que ésta te hubiera dado. La apertura y el respeto por la manera de ser del otro, como si todas las almas del mundo se hubieran encontrado muchas veces en el pasado. En este sentido, yo me sentía más en casa aquí, más enamorada de la vida de lo que nunca me había sentido..." (p. 234)

El libro tiene varios relatos y leyendas de la India que pueden parecer aburridos o pesados al lector pero que son auténticas bellezas literarias. Y si alguien quiere hallar aquí a una mujer que quiere romper récords mundiales (Australia, la India...), no la hallará. En su lugar encontrará a una mujer completamente humana.

"...siempre volvería; una parte de mí, al menos, quería pertenecer a allí. Porque, en el lugar de donde yo vengo, la vida no era bastante dura, o bastante peligrosa, para exigir grandeza de los individuos. Allí, en la India, la grandeza era aún posible." (p. 320)



 



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