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Montañismo y Exploración
¿Cuál es la causa de los calambres musculares?
7 julio 2009

Los calambres musculares son contracciones involuntarias en los músculos voluntarios y producen un gran dolor que puede arruinar desde el entrenamiento hasta la ascensión más esperada. Saber cómo se producen es un buen paso para llegar a una prevención y un tratamiento.







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A todos nos ha sucedido alguna vez. La carrera va de maravilla, pero de pronto, sin saber cómo ni por qué, un músculo comienza a agarrotarse y aparece el calambre. Reduces el paso, deseando que el problema desaparezca. Lo hace, pero tan pronto como vuelves a apretar la marcha, el calambre vuelve. La promesa de una carrera fantástica se esfuma.

Para los atletas no existe otro problema tan intrigante como los calambres. Los músculos parecen decidir hacerse un nudo en los momentos más inoportunos: pocas veces mientras uno está entrenándose, pero muy frecuentemente durante las carreras.

El problema real es que nadie sabe cuál es la causa de los calambres. Existen varias teorías, de las cuales la más popular dice que los calambres musculares tienen su origen en la deshidratación o en desequilibrios entre electrolitos. Estos argumentos parecen tener cierto sentido, al menos superficialmente. Los calambres son más frecuentes durante la época de los calores estivales, época en que también resulta más probable que el organismo sufra déficit de líquidos y pérdida de sales como consecuencia de la sudoración.

Pero los resultados procedentes de la investigación no siempre apoyan estas explicaciones. Por ejemplo, a mediados de la década de los ochenta, se realizó un estudio con 82 corredores varones, antes y después de un maratón, con el fin de examinar una serie de parámetros sanguínea cuyas fluctuaciones se consideraban relacionadas posiblemente con la aparición de los calambres musculares.

Quince de los corredores sufrieron calambres a partir del kilómetro 28. No hubo diferencia alguna, ni antes ni después de la carrera, en cuanto a sus niveles en sangre de sodio, potasio, bicarbonato, hemoglobina o hematocrito. Tampoco hubo diferencias en el volumen sanguíneo entre los que padecieron calambres y los que no sufrieron el problema. Ni se observaron tampoco diferencias significativas en la manera en que habían entrenado los miembros de uno y otro grupo.

En el caso de eventos de muy larga duración —más de cuatro horas—, se sabe un poco más sobre el tema. Unos cuantos estudios han vinculado los calambres a la hiponatremia, es decir, a los bajos niveles de sodio en sangre, desequilibrio que puede producirse al beber grandes volúmenes de líquidos bajos en sodio, y que puede agravarse aún más si se comienza la carrera con déficit de sodio. El día antes y la misma mañana de la jornada en que planeamos participar en una prueba larga puede ser adecuado para utilizar sal para incrementar dichos niveles. Del mismo modo, las bebidas deportivas que se empleen en el transcurso de la carrera también deben aportar cantidades adecuadas de sodio. En el caso de carreras largas, tomar alimentos salados puede ayudar a evitar no sólo los calambres, sino también los peligrosos síntomas de la hiponatremia.

Es interesante señalar que los deportistas no son las únicas personas que experimentan calambres musculares. Las personas que trabajan en ocupaciones que exigen el uso continuo de un músculo, especialmente si éste cruza dos articulaciones, también son susceptibles  de este problema., incluso a pesar de que no suden profusamente, tal como sucede en el caso de los atletas. Un buen ejemplo lo constituyen los músicos, que sufren calambres en las manos y en los brazos.

Así pues, si la deshidratación o el desequilibrio entre electrolitos no constituyen la causa última de los calambres, ¿a qué se debe este problema? Están apareciendo otras teorías. Algunos investigadores señalan como culpables las malas posturas o la ineficiencia biomecánica. Ciertos patrones motores incorrectos pueden producir una perturbación en la actividad de los órganos tendinosos de Golgi, que se encuentran en los tendones, y que funcionan a modo de indicadores de tensión dentro de los tendones con el fin de evitar las roturas musculares.

Cuando son activados, éstos órganos ordenan la relajación del músculo amenazado y al mismo tiempo estimulan la contracción del músculo antagonista —es decir, el que causa el efecto contrario sobre la articulación—. Podría ser que algún capricho de la biomecánica alterase el normal funcionamiento del órgano de Golgi, desencadenando el patrón del calambre muscular. Si ésa fuera la causa, el modo de prevenir el problema pasaría por mejorar el esquema biomecánico, así como por estirar y fortalecer regularmente tanto los músculos que tienden a sufrir calambres como sus músculos antagonistas.

Otra teoría sugiere que los calambres se producen cuando el organismo quema proteínas como fuente de energía cuando no hay suficiente disponibilidad de carbohidratos. De hecho, esta noción parece respaldada por un estudio según el cual se detectaron calambres musculares en los sujetos del experimento que mostraron mayores índices de liberación de nitrógeno durante el ejercicio, dato que atestigua la utilización de proteína como combustible para la contracción muscular durante el ejercicio. Esto sugiere que habría que incrementar la reserva de carbohidratos antes del ejercicio y reponer éstos en el transcurso de actividades intensas y de larga duración.

La próxima vez que experimentes la inminencia de un calambre muscular, recuerda que hay dos maneras para tratar de evitarlo. Una de ellas consiste en reducir la intensidad de la actividad y bajar el ritmo, algo que no nos apetece en absoluto si estamos participando en una carrera importante. La otra consiste en estirar y relajar alternativamente el grupo muscular afectado sin dejar de movernos. Esto es difícil o imposible de realizar en ciertos deportes, como correr, y también depende del grupo muscular de que se trate.

De hecho, existe una tercera opción en la que algunos atletas creen a pie juntillas: pellizcarse el labio superior. Pruébalo la próxima vez que te ataquen los calambres. ¿Quién sabe? A lo mejor funciona.

Reproducido con permiso de Ediciones Desnivel de: Loren Cordain y Joe Friel. Paleodieta para deportistas. Una fórmula nutricional para el deporte de alto rendimiento. Ediciones Desnivel, Madrid. 2007. 296 páginas. ISBN: 978-84-9829-094-3. Páginas 56-57



 



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