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Montañismo y Exploración
Popocatépetl, aventura y toma de riesgos

El Popocatépetl es la segunda montaña más alta de México y hasta 1994 era la más visitada tanto por turistas como por montañistas porque su actividad volcánica aumento hasta ser peligroso. Sin embargo, hay personas que siguen yendo. Esta es una opinión de cómo debería tratarse esos ascensos clandestinos.







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Deshollinó cuidadosamente sus volcanes en actividad, de los cuales poseía dos, que le eran muy útiles para calentar el desayuno todas las mañanas. Tenía, además, un volcán extinguido. Deshollinó también el volcán extinguido, pues, como él decía, nunca se sabe lo que puede ocurrir. Si los volcanes están bien deshollinados, arden sus erupciones, lenta y regularmente.

Antoine de Saint Exupery
El Principito

El Popocatépetl es la segunda montaña más alta de México y hasta 1994 era la más visitada tanto por turistas como por montañistas. Para la inmensa mayoría era la primera montaña nevada que subían: un reto. El Popocatépetl siempre ha sido un volcán activo pero en 1994 su actividad era tal que las autoridades decidieron cerrar el acceso porque representaba un peligro a quienes pudieran estar cerca.

La sola idea de prohibir el acceso a una montaña no cabía en la cabeza de muchos. Al final sólo se trataba de un poco más de esa nube que salía de las diferentes fumarolas que tenía el cráter. Era sólo un poco más, nada de qué asombrarse. De hecho, dos años antes la columna de gases había sido tan densa que muchos de los que subieron tuvieron enfermedades de vías respiratorias. Por eso la gente continuaba yendo. Uno de esos grupos que había subido al cráter no regresó. Sus cuerpos fueron hallados varios metros debajo, quemados. El volcán no pidió permiso ni dio avisos.

Entonces se volvió más palpable el riesgo. La gente dejó de intentar subir y se dirigió al Iztaccíhuatl, la montaña que le seguía en altitud y muy cercana al Popocatépetl. De hecho, usa la misma carretera para llegar.

La historia no paró ahí, por supuesto. El Popocatépetl sigue ejerciendo una fuerza magnética para quien lo ve y han surgido los ascensos “clandestinos”, por llamarlos de alguna manera. Sólo tienen que evitar el acceso y caminar un poco más. Eso es todo. Algunos han tomado videos de su ascenso y lo han exhibido en un festival de cine de montaña o en Youtube. Al final, su ascenso no vale si alguien más no sabe que lo hicieron.

Esos videos son de aventureros que buscan ese reconocimiento de ser audaces, de montañistas que buscan patrocinadores o de familias que no saben lo que hacen. Una sola explosión cerca de ellos no los hizo retroceder. A una familia le sorprendió una erupción a pocos metros y se veían volando rocas del tamaño “de un refrigerador”. A un aventurero alemán una erupción le sorprendió a sólo 30 metros del cráter. Ninguno dio media vuelta.

La crítica se ha levantado en torno a la aparición de esos videos clamando prácticamente que no se hagan (ni los ascensos ni el video, claro) porque ofrecen un mal ejemplo, porque violar una norma puede equivaler a una muerte segura en donde, además, se pondría en peligro a cuerpos de rescate cuando se plantee su búsqueda.

¿Cuerpos de rescate? ¿No que subieron a escondidas para que nadie les impidiera el paso?

Una familia sube al Popocatépetl y presencian una erupción volcánica

Es posible que todos ellos hayan avisado a alguien más adónde fueron y qué iban a hacer. Porque es diferente violar una prohibición a no querer ser auxiliado en caso de necesitarlo. Es posible que la familia del video haya dicho a otras personas adónde iban y qué harían. Después de todo, era una familia que llevaba hasta a sus mascotas. Lo mismo pasaría con los demás, así que una vez que no regresaran, alguien daría la voz de alarma y los cuerpos de rescate, que son voluntarios en México, se echarían a cuestas ese problema.

La acción de unos pocos pondría en peligro la vida de más personas.

Acceder al volcán Popocatépetl no es un delito. Jurídicamente sólo es una falta administrativa, como conducir un auto en estado de ebriedad. Se recomienda no hacerlo, pero hay quienes lo hacen. Las consecuencias, como en el caso de manejar en estado de ebriedad, pueden ir desde cero hasta la pérdida de la vida de uno mismo y/o de otros. Es su decisión pero, ¿es correcto promoverlo?

Nos queda sólo el tema de que sean una motivación.

Cuando un montañista decide subir solo a una montaña, por una ruta muy difícil, fuera de la mejor temporada o con equipo no adecuado, es decisión suya, de nadie más. El montañismo solitario es criticado y no es recomendable, pero muchos lo practican cuando aprenden las reglas del juego a tal punto que se vuelven seguros de sí mismos y de lo que hacen. Se les nota en la vida diaria y uno ya no se preocupa por ellos.

Pero por más experimentado que sea una persona, si se mete a una zona de derrumbes, a una pared que se cae a pedazos de diferente tamaño, a un volcán que tiene un comportamiento no predecible o a cualquier sitio donde lo que sabe y domina no tiene un carácter decisivo en su seguridad, no queda más que preocuparse. Que salga vivo es sólo cuestión de suerte. Eso lo sabe él y los demás. No es habilidad, no es pericia ni experiencia. Es suerte.

El Popocatépetl es subido por un aventurero alemán

Por supuesto, quienes se quedan en la ciudad y conocen de su “éxito” sienten un poco de envidia y admiración por esa persona. No hay que malinterpretar: es muy distinto sentir admiración por un Walter Bonatti que se mete a resolver un problema que no ha sido solucionado por nadie a sentir la mirada llena de “está vivo por casualidad”. Uno es un verdadero aventurero, el otro, un superviviente.

Con la llegada de los medios en los que uno puede promocionarse a sí mismo, cualquier persona puede pasar por aventurero. No hay nada qué hacer al respecto, es la naturaleza de esos medios. Ya tendrán su canal en Youtube, su perfil de Facebook y quizá, en alguna parte, su propio blog, porque se les da menos escribir que posar.

Subir al Popocatépetl no es la gran hazaña deportiva y hay que entender que quienes suben no intentan llegar a la cumbre, sino a lo alto de un escenario donde pueden ser vistos, no precisamente por un público que los espere pero para eso hay videos y los aplausos vendrán luego. Por eso, este tema interesa a las televisoras: pueden emitir algo diferente y promueven un nuevo “héroe” que lo mismo puede quedar allá arriba que regresar con la experiencia. Por supuesto, lo promueven sólo si bajó con vida. En caso contrario, se trataba de un inexperto o temerario imprudente.

Espacio televisivo a un montañista que busca patrocinadores

Con la promoción al alcance de una computadora, es de esperar que esta oleada de “aventureros” siga creciendo. Lo que queda a los círculos especializados y a las autoridades es hacer una gran campaña de seguridad y que la gente no exponga su vida, al menos no por tonterías como tres minutos de fama.

En lo práctico, quizá falte a las autoridades (a quien corresponda este problema) sentar las bases para multas a la trasgresión de su prohibición. A un ebrio tras el volante se le multa por violar una prohibición. A quienes suben también debería aplicarse la misma regla.

Vuelo de reconocimiento del Popocatépetl



 



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