follow me
Montañismo y Exploración
Everest, el primer ascenso por la Arista Oeste

El libro de Tom Hornbein no se ha traducido al español, lo cual es una pena, pues se trata de un verdadero libro de montaña. Hemos seleccionado algunos fragmentos para que el lector de habla española se dé una idea de lo que es este libro.







  • SumoMe

Los siguientes son fragmentos de Everest, the West Ridge, escrito por Thomas Hornbein y que proporcionan una idea de lo que fue su escalada por la Arista Noroeste en 1963.

 

…una copia de Mountain World de 1954 que contenía nuestra única foto de la Arista Oeste.

...

¡Lo habían conseguido! A pesar de los vientos, ¡lo habían conseguido! Willi y yo nos abrazamos con una sensación de alivio. Alivio y placer también por su éxito. Jim y Gombu nos habían dado nuestra oportunidad para intentar la Arista Oeste.

“Si hubiera sabido que Tom iba a ser tan fanático de la Arista Oeste”, dijo [Norman Dyhrenfurth], y esta vez terminó el pensamiento, “hubiera incrementado nuestro presupuesto, ordenado trescientas botellas de oxígeno y contratado cincuenta sherpas.”

...

En las seis semanas que habíamos estado en la montaña, Barry no había probado un día de escalada real, de subir una ruta por un nuevo terreno. Había pasado su tiempo porteando y trabajando duro las cargas por el winch, o sentado descansadamente en el Base Avanzado. Aunque decía poco, su frustración y decepción eran evidentes. Había descubierto que no había mucha escalada real al escalar los picos más altos del mundo. Era un alpinista excepcional. Podría haber ido fácilmente a la cima.

...

“Creo que Willi y Tom deben ir”, dijo Barry. “Por algo han estado conectados más fuerte en la ruta que cualquiera del resto de nosotros.”

...

Mis pensamientos sólo conocían la restricción impuesta por los límites de mi capacidad de sentir y comprender. Un kilómetro vertical, arriba, en el extremo más alejado de la Arista Oeste, era el punto más alto de la tierra. ¿Para pasado mañana?

...

Miré más allá del Gran Couloir al escalón en donde fueron vistos por última vez Mallory e Irvine. Tan cercano del Everest de mi infancia, me sentía incómodo, como si estuviera invadiendo un terreno sagrado. Miré la misma Cara Norte que habían visto cuarenta años antes; sentí lo que deben haber sentido. El pasado era parte de lo correcto de nuestra ruta.

Miré hacia abajo. El descenso era totalmente inapetecible. La roca podrida, la nieve blanda, incluso la ausencia de grietas para un pitón tolerable, sólo aumentaban nuestro deseo de seguir adelante. Mucho trabajo, muchas noches sin dormir y muchos sueños se habían invertido para traernos hasta aquí.

...

Supongamos que fallemos. El pensamiento no me trajo ningún remordimiento, ningún miedo. Una vez activo, ni siquiera parecía interesante. Lo que más importaba aquí éramos Willi y yo, unidos por una cuerda, y la montaña, su cumbre no inaccesible por encima de nosotros. La razón por la que habíamos llegado estaba a nuestro alcance. Nosotros pertenecíamos a la montaña y ella a nosotros.

...

Habíamos estado ascendiendo durante ocho horas y sabíamos que teníamos que tomar tiempo para repostar. En un afloramiento de rocas arcillosas paramos para almorzar.

...

Nos movíamos juntos, Willi por delante. Parecía casi como si estuviéramos haciendo trampa, utilizando oxígeno, que casi podríamos dar este paso final…

Willi se detuvo. ¿Qué está esperando?, me pregunté mientras continuaba hasta unirme a él. Con un sentimiento de incredulidad miré hacia arriba. Doce metros más adelante, hecha jirones y azotada por el viento, estaba la bandera que Jim [Whittaker] había dejado tres semanas antes. Eran las 6:15 [pm]. Caían horizontalmente a través de la cumbre. Nos abrazamos mientras las lágrimas escurrían por las mejillas…

…ese ritual de cumbre: fotografiar el día que terminaba (es un maravilloso lugar para tomar fotografías del puesta de sol), sonreír detrás de nuestras máscaras para la inevitable foto de “Yo estuve ahí”.

...

La pregunta de por qué habíamos venido no se iba a responder ahora, sin embargo, algo aquí debía tener una respuesta, algo sólo vagamente sentido, comprendido por los sentidos que llegaban más lejos aún que el punto en el que estábamos de pie… Las respuestas no están en la cima del Everest, ni en el cielo por encima de ella, sino en el mundo al que pertenecíamos y al que ahora debíamos devolver.

La partida fue demasiado irreal, demasiado parte de otro mundo para ser realmente comprendida.

...

Ahora todo lo que le quedaba [a Willi Unsoeld] eran semanas en la cama, sentado, balanceándose en el dolor, a la espera de que los dedos momificaran para amputarlos.

...

El placer yace medio escondido debajo del malestar, la fatiga, la soledad. Willi se había ido. El espacio donde había estado estaba lleno con una pregunta: ¿Por qué yo no había sabido que tenía los pies entumecidos? Seguramente hubiera podido hacer algo, aunque sólo fuese… Estaba demasiado fatigado para saber que la pregunta no podría resolverse. La mitad de mí parecía haberse ido con él, y la otra estaba aislada de mis compañeros por una experiencia que no podía compartir y por la sensación de que algo que había significado demasiado estaba por terminar.

...

Escalamos el Everest. ¿Esto era bueno para Jake [Breitenbach, murió en un alud en la Cascada de Hielo]? ¿Para Willi, para Barrel? ¿Para Norman, con el Everest ya conseguido ahora? ¿Y el resto de nosotros? ¿Qué esperaba? ¿Qué precio menos tangibles que los dedos de los pies? Tiene que haber algo más que el peaje otra — aunque cara — montaña. Tal vez había algo de la nobleza que pertenece al hombre en algún lugar, pero era difícil estar seguro.

...

Sí, estaba satisfecho de alguna manera. No sólo por subir la montaña sino todo el esfuerzo, la creación de algo, los pocos de nosotros que lo moldeamos desde el principio. Con un montón de suerte, lo habíamos conseguido. Pero ¿qué habíamos probado?

Había sido un sueño maravilloso, pero ahora todo quedaba en la memoria. El sueño se había terminado.

 

Tomado de: Thomas Hornbein. Everest, the West Ridge. Mountaineers Books. Edición especial del 50 aniversario. 2013. 304 páginas. ISBN: 978-1594857072. Traducción: Carlos Rangel Plasencia.

 

Relacionado

Everest, la Arista Oeste



 



Suscríbete al Boletín

Google + Facebook Twitter RSS

 

Montañismo y Exploración © 1998-2017. Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con SIPER
Diseño por DaSoluciones.com©