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Montañismo y Exploración
Wolfgang Güllich, una vida en la vertical
4 mayo 2005


La escalada deportiva es aceptada hoy en día como una modalidad de la escalada en sí. Pero no siempre fue así. Wolfgang Güllich fue uno de los principales motores de esta revolución de la escalada para llevarla a grados cada vez más altos siguiendo el estilo más puro de la filosofía de Yosemite: escalar en libre.







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Tilmann Hepp. Wolfgang Güllich, una vida en la vertical. Ediciones Desnivel, Madrid. Segunda edición de 2004. 214 páginas. ISBN: 84-96192-57-1

La escalada significa ser libre.


El nombre de Wolfgang Güllich es desconocido para una gran cantidad de escaladores, que recuerdan sólo los nombres de aquellos que están en la punta ahora. Wolfgang Güllich, un nombre complicado para quien no sabe alemán, pero un nombre clave en el desarrollo de la escalada mundial. Durante cuatro ocasiones “levantó el listón” de la dificultad en la escalada, la última haciendo el primer 9a del mundo: Aktion Direkte, la ruta más difícil del mundo por un tiempo y que desatara en torno a él una gran polémica.

“Las personas que se hallan en la cumbre de un deporte determinado no siempre se relacionan entre sí en paz y concordia; sino que como muchas veces describe el periodismo deportivo, siguen los patrones de una sociedad llena de envidias. Muchos deportistas de segunda asimilan con dificultad la desigual remuneración por parte de los patrocinadores y la escasa atención de la prensa. Están poco satisfechos con la situación, han entrenado muy duro y su rendimiento quizá sólo sea un poco inferior al de los otros; miran con ansiedad el gran pastel, pero apenas consiguen algunas migajas caídas de la mesa de la fama.” (p. 185)

¿Quién fue este hombre que se pasó la vida pegado a la vertical y abriendo el camino para la actual escalada deportiva? Un personaje singular que a la edad de 16 años tenía ya un concepto firme de lo que era la escalada:

“1. Escalar significa superar los pasajes más difíciles en la roca utilizando el mínimo de fuerza. Se requiere por lo tanto de un hábil funcionamiento coordinado de las mano y los pies. “2. Es la experiencia la que forma a los buenos escaladores. Ellos reconocen inmediatamente cada apoyo y cada agarre, y no tienen que buscar durante mucho tiempo para encontrarlos. “3. No se pueden sobrevalorar ni el propio estado físico ni las propias fuerzas.” (p. 12-13)

Pocos años más tarde, realizaba su primera visita al Valle de Yosemite, que se distinguía por tener una comunidad de escaladores donde todo era camaradería y se perseguía la escalada pero en estilo libre, es decir: sin el uso de anclajes como progresión. Este viaje le ayudaría a tomar partido cuando en Alemania se enfrentaban algunos escaladores de la escalada libre con la oposición de los escaladores tradicionales.

“El mundillo montañero —tan gremialista— consideraba desde siempre las paredes y las montañas como un territorio ancestral, casi como un jardín privado en el que todos debían seguir sin excepción las reglas de escalada establecidas.” (p. 27)

Aunque, claro, no había reglas establecidas y eso era precisamente lo que hacía de la escalada algo importante: no estar regulada. Ese fue el inicio de la escalada libre en Alemania (y el resto de Europa):

“Las asociaciones alpinas se mostraban desde hacía años cordialmente en contra de la escalada libre. Primero la despreciaron por completo, después la consideraron con arrogancia y finalmente con ansiedad. De acuerdo con su manera tradicional de entender la montaña rehusaron durante mucho tiempo a «degradar una actividad» que por primera vez era considerada un deporte. Escalar montañas —sublime concepto— siempre se había entendido como «mucho más que un simple deporte.»” (p. 92)

Wolfgang se negó siempre a tomar partido en las abiertas disputas pero poco a poco sus escaladas le hicieron ganar un prestigio y pronto emitía sus opiniones a las revistas de escalada:

“Es preciso superar las barreras también en el plano ideológico, cuestionar los fenómenos que nos han sido transmitidos. La crítica de lo ya aceptado se convierte en la base del pensamiento imaginativo…” (W.G. cit. en p. 40)

Pero su participación más importante fue en el plano de los hechos: las rutas que escalaba, las que abría y a las que llegaba a base de un fuerte entrenamiento porque “…en ningún deporte se alcanza el éxito mundial entrenando sólo un ratito los domingos después del postre.” (p. 97) Pronto llegó a la premisa básica del deporte:

“…la regla decisiva es la voluntad incondicional de poner en juego todas las fuerzas disponibles, incluso a pesar del dolor o cualquier otra condición que suponga un obstáculo… He vuelto a ver claro que únicamente la actitud y la voluntad de resolver un problema son la medida de todas las cosas…” (W.G. cit. en p. 56)

Wolfgang Güllich fue quien acuñó la frase de que el músculo más importante es la mente: “…el psiquismo es el músculo más fuerte en una actividad deportiva, pues es el que formula la tarea y programa la voluntad para llevarla a cabo, guiado a su vez por factores del mundo exterior.” (W.G., cit. en p. 57)

Romper barreras, en escalada, es como “romper récords” en otros deportes. Ahí se tienen que dirigir los punteros de la escalada, a las barreras de lo establecido. Y es ahí donde Wolfgang Güllich se movía:

“Esta ruptura de una barrera establecida desde hacía décadas, de aquella barrera de la capacidad humana que parecía casi infranqueable, es algo más que un simple grado de nombres de rutas famosas. Separate Reality, Hangdog, Flyer o Phoenix son en su significado absoluto tan sólo los productos secundarios. Nos han abierto los ojos y han sentado las bases de un nuevo juego en el que la seducción radica en «buscar la lógica de la locura» porque la lógica de lo normal aburre. La nueva concepción de la escalada libre fue llevada por los más jóvenes a todos los lugares del mundo y el legado quedó provechosamente establecido.” (W.G., cit. en p. 58)

Activo como escalador de primera línea durante muchos años, llegó a conocer las diferentes facetas de su deporte, desde la naciente escalada de competencia, contra la que se manifestó en un principio para retractarse después diciendo: “…una posición dogmática a favor o en contra de una determinada tendencia de la escalada contradice la filosofía básica de la escalada libre: la tolerancia.” (W.G., cit. en p. 155)

Wolfgang Güllich tenía una visión clara de la escalada y su opinión sigue siendo válida hoy en día:

“La escalada no es una tendencia de la moda ni un fenómeno del espíritu de los tiempos, sino un deporte normal de alto rendimiento. Su definición está perfectamente clara y cumple el requisito básico de ser susceptible de medición objetiva. Hace ya muchos años que existe un patrón objetivo a través de la comparación del rendimiento en una ruta determinada. Aunque pasen cincuenta años nadie podrá decir quién fue el mejor tenista de la última década… puesto que nunca jugaron uno contra otro en un torneo. Pero en la escalada por ejemplo, teniendo a mano unas rutas representativas, se puede seguir el nivel de los pioneros del Elbsandstein durante los últimos ochenta años.” (W.G., cit. en p. 142-143)

La biografía de Güllich, hecha por un periodista amigo suyo y escalador también, tiene los matices de la gente que lo ha conocido pero tiene la imperfección de lo subjetivo. Aunque con frecuencia utiliza comentarios de amigos y familiares de Wolfgang, al final termina usando el material escrito que Güllich había dejado, lo que le da una enorme valía al libro, pues son sus opiniones las que se hacen resaltar con el paso de los años.

Un detalle importante es que se utilizan las escalas de graduación de la UIAA, Francia y Estados Unidos, casi de manera indiscriminada y eso se debe a que el autor no convierte el grado de una ruta a una sola, sino que respeta el original. Esto está muy bien pero tiene la desventaja de tener al lector un tanto confuso. Al final del libro viene la tabla comparativa, cosa que no se anuncia en un principio.


Erratas

Página 75, última línea, dice: “finales de mayo de 1993”. La fecha debe ser “finales de mayo de 1983”.



 



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