13-nov-04.
San José a Turrialba (96 kms.)La ruta de este dÃa consistirá en una subida de alrededor de 50 kms. partiendo de 1,200 msnm. y hasta alcanzar los 2,900 msnm. en el volcán Irazú, alrededor de 12 kms. de camino mayormente plano y de bajada con piedra suelta cruzando hacia el volcán Turrialba, y cerca de 35 kms. de una bajada constante y sumamente técnica en algunos tramos, que nos llevará a la meta en la ciudad de Turrialba. El descenso está lejos de ser mi especialidad, por lo que anticipo un final del dÃa sumamente difÃcil, peor aún si el pronóstico meteorológico se cumple y el clima se torna frÃo y lluvioso al alcanzar la cima y durante el descenso.
La llamada telefónica del servicio de despertador del hotel suena a las cuatro de la mañana. El esfuerzo del dÃa anterior ha dejado su huella en mÃ, pero mi cuerpo sabe que no puede darse el lujo de sentirse agotado, pues la competencia está aún lejos de haber terminado.
El menú del desayuno consiste nuevamente en fruta, huevos, gallo pinto y café. El autobús que supuestamente pasarÃa por nosotros al cuarto para las seis para llevarnos al punto de partida hace su arribo hasta pasadas las seis de la mañana. Llegando, comienzo a buscar frenéticamente a mi adorada F-700 entre los montones de bicicletas que el servicio mecánico se llevó un dÃa antes para lavar, lubricar y reparar y que tiene formadas a lo largo de un par de calles. La encuentro después de varios minutos y la monto para probarla. Todo está en orden.
Mientras esperamos el momento de la salida, que se retrasó una hora (hasta las siete de la mañana), el tiempo se nos va en comentar los incidentes del dÃa anterior, felicitarnos por haber logrado terminarlo, hacer un par de bromas y desearnos buena suerte. La calle es una auténtica fiesta multicolor, repleta con más de 300 ciclistas vestidos con vistosos uniformes. Se le alegra a uno el corazón nada más de vernos a todos juntos.
Finalmente suena la sirena de arranque y salimos todos disparados por las calles de San José. No parece que se hayan realizado muchos cortes a la circulación, por lo que de repente no queda más remedio que ir sorteando a los coches. Menos mal que he aprendido a hacerlo en los paseos domingueros del Gato...
Alcanzamos después de un rato las faldas del volcán Turrialba y empiezan 50 kms. de subida, en su mayorÃa en asfalto o terreno bastante pedaleable, y con una pendiente por momentos francamente muy inclinada. Mis piernas por fin se han calentado, y el pedaleo fluye sin dificultades.
Llego al primer puesto de control y constato que si bien la hora de salida se retrasó una hora, los tiempos de cierre en los
check-points se han corrido sólo treinta y cinco minutos. Comienza la presión. Como algo, lleno mi
camel, bebo un
Red Bull y salgo en pos del siguiente puesto. Yendo totalmente en contra de los pronósticos, el sol brilla radiante, y si bien por momentos llega a calar, es un alivio sentirlo, pues eso quiere decir que no haremos el descenso en medio de una tormenta. ¡Menos mal, una preocupación menos!
A eso de 2,500 msnm alcanzo a un par de ciclistas panameños muy fuertes que no tienen más remedio que ir caminando pues están acostumbrados a pedalear a nivel del mar y la altitud los ha hecho sentirse mal. Recuerdo entonces que en la Ciudad de México los lugares para rodar están siempre a no menos de 2,500 msnm. y de repente me siento muy afortunada...
Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8