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Montañismo y Exploración
Cartas de relación de un viaje
1 octubre 1999

Lo que ahora se conoce como la “Ruta de Cortés” fue la primera ruta seguida por los europeos para penetrar un continente que conocían apenas por su costa. Después de Cortés y sus soldados, nadie volvió a recorrerla jamás y dados los pocos detalles que hay de ella, quienes han repetido ese recorrido han tenido que hacer una investigación exhaustiva para elegir una de las variantes que hay. Sin embargo, ninguno ha quedado conforme con la certeza que adquieren de la ruta elegida por Cortés y la vaguedad de sus descripciones en la Segunda Carta de Relación.







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CARTA CUARTA

La selva de Xico

Xico... El antiguo Xocoximalco. Para entonces habíamos descubierto que la letra X tenía un sonido doble en esta zona y que corroboramos hasta mucho tiempo después. Si iba antes de una vocal, sonaba como jota; si iba antes de una consonante, sonaba con "sh". Xico sonaba como Jico; Xalapa como Jalapa; Xicoximalco como Jicojimalco... Pero todos respetaban la grafía. Estábamos entrando por una puerta misteriosa a un lugar que no sólo era diferente, sino antiguo. El tiempo, aquí, no se había movido mucho.

Xico es un pueblo grande. A muchos metros por debajo de la cumbre del Cofre de Perote (cuya cima tiene 4,290 metros), está incrustada en la selva, entre ríos. A unos kilómetros de ella, una cascada se desprende de lo alto y los habitantes del pueblo han hecho de ella el principal atractivo. La gente llega, baja 278 escalones (no llegan a los 365 que nos habían dicho) y luego una veredita de lodo para estar a unos cuantos metros del chorro blanco y frío. Porque estaba frío.

Y pese a la afluencia de turistas (estábamos en Semana Santa) casi nadie prestaba atención a una roca que descansaba a un lado del árbol. "Es Texolo" (Tesholo), el mono. Se trataba de una roca de río, casi circular, que tenía en sobrerelieve la figura de algo que parecía un mono. El vendedor de nieves nos dijo incluso que faltaba otra roca igual, porque siempre aparecían por pares. Claro: nunca nos dijo el por qué consideraba que la roca fuera macho y no hembra.

Xicoximalco. Con sus calles largas y de subida, son tiendas que hacían y vendían lo más tradicional del pueblo: pan dulce, delicioso; mole, vinos suaves... Más arriba, detrás de la iglesia, los autobuses que iban para todos lados: desde pueblos cuyos nombres son difíciles de retener después de haberlos leído varias veces hasta la capital de Veracruz: la Xalapa tropical.

Además de ir a la cascada de Texolo, fuimos a Xico el Viejo, el lugar adonde Hernán Cortés y sus soldados y sus indios totonacos llegaron. A un lado de la pequeña iglesia hay un letrero que dice: "Xicoximalco Viejo. Fundado en 1353". No más datos, no más indicios de población que las pocas casas que veíamos. A un kilómetro vimos un promontorio enorme. "Una pirámide", confirmaron los demás cuando la vieron. Pero no era tal. O lo fue y estaba tan sepultada en siglos y tierra y lodo y pasto y excremento de vaca que no hallamos nada. Nada del pasado.

Un ejército conquistador del tamaño del de Cortés no pudo haber pasado por ahí. "¿Por qué? La ruta es clara hacia arriba". La respuesta vino inmediatamente: no había pueblos que pudieran alimentar a un ejército. Así que tuvieron que retroceder y buscar un paso por entre la maraña de ríos que bajan del Cofre, la gran montaña que para los españoles de entonces significó una gran muralla y una variedad de climas.

"Cerca está el Barranca Grande"... Ahí, casi al alcance de la mano, estaba el río que precisamente un año antes y que lleva ese nombre tan bello. Cuando llegamos ahí, con nuestras balsas, no sabíamos por qué se llamaba así. Cien metros de galopar sobre las olas del río nos dieron la respuesta: el río dejaba de tener riberas y se metía en un cañón que tenía unas paredes de cientos de metros. ¿Salidas? Ninguna. Salíamos de un rápido muy fuerte, descansábamos 20 metros y comenzaba otro. No hubo descansos. Al atardecer del primer día estábamos cansados y preocupados porque no había un solo lugar en donde pasar la noche. Podíamos hacerlo, en caso extremo, sobre la balsa, pero yo sabía que no soportaríamos mucho tiempo: el cansancio.

Poco antes de que acabara el día, la barranca se abrió y vimos un pueblo. Ahí dormimos. Pero el día siguiente fue peor: el río era cada vez más complicado, más difícil y el cansancio se iba acumulando, nos volvíamos torpes. Para colmo, una balsa se pinchó y tuvimos que reacomodarnos: la carga la pasamos a una balsa y dos personas las pasamos a otra. Las balsas se volvían pesadas, el río tenía cascadas y nosotros estábamos cansados. Al final del segundo día encontramos un afluente: a partir de ahí, el río se llamaba "Pescados". Ya lo conocíamos. Gritamos de alegría en medio del crepúsculo.

Todo eso recordaba. Había sido un año antes. Ahora estábamos cerca pero todo lo haríamos a pie. Me preguntaba: "¿Cómo pasó Cortés con caballos, cañones y todo un ejército, en plena temporada de lluvias, por aquí?" La pregunta la íbamos a averiguar al día siguiente pues en la noche estudiamos detenidamente los mapas. No teníamos más que eso para averiguar la ruta de Cortés, la que estábamos siguiendo. Al día siguiente nos levantaríamos temprano y caminaríamos rumbo a Ixhuacán de los Reyes, otro poblado plenamente identificado.

Pero la selva... ¿se tragaría por siempre la verdadera ruta por la que pasaron los primeros europeos en adentrarse en tierra firme del continente americano?

Texolo se entiende como tet, piedra, y xólotl, el mono, pero también el gemelo, nombre de referencia mágica al dios Tezcatlipoca, "el que está presente en todas las cosas", invisible en el aire y conocedor de lo más profundo de los pensamientos. Un mito azteca habla de Tezcatlipoca como hermano gemelo de Quetzalcóatl, dador de las artes y de la agricultura (una especie de Prometeo).

Se representa como un guajolote o como un mono. El primero es macho por una estructura patriarcal de la cultura prehispánica. El primer principio es el uno y es masculino, aunque nada es sin el principio generador que es la mujer.

Xico es un lugar de grandes magos y, para perplejidades, se venera a la Virgen de la Asunción, que también, en su representación sincretizada, representa ese momento de la vida del mago en que se asume en su poder.

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