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Montañismo y Exploración
Accidente y molestias
21 abril 2014

Pocas personas saben que cuando hay un accidente en la montaña se tiene que rendir un informe ante autoridades competentes, lo que lleva bastante tiempo. El siguiente informe es un relato de un montañista que estuvo presente en el momento de un accidente y se vio obligado a dar detalles… ante personas no competentes.







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La cantidad de accidentes que hay en los volcanes de México no se conocen. Los grupos de rescate cumplen con su misión de bajar al accidentado o fallecido y dar parte. Sólo conocen esa parte. Pero es difícil encontrar a alguien que sepa exactamente cuántos accidentes hay. Cada grupo de rescate puede dar un aproximado por los servicios en que ha participado, pero no son todos.

¿Por qué? Es la gran pregunta. Y parece que no tendremos respuesta clara.

Hace poco, un amigo me hizo llegar un relato de un accidente en donde él participó simplemente porque estaba ahí. La solidaridad hizo que metiera las manos y ayudara a la persona accidentada. Fuera de lo complicado que debió ser el extraer a una persona del lugar en donde estaba y con las heridas que tenía, mi amigo no sabía algo importante: como “testigo” de los hechos, debería hacer una declaración.

Esto es lo que ofrece él, sin ofrecer nombres de personas ni de grupos que intervinieron.

En el año 2013, cuando descendía por la ladera del Iztaccíhuatl por un arenal, me tocó presenciar un accidente. Cerca de mí, una persona tropezó y no fue capaz de frenar su caída. Reaccioné y corrí; logré frenar su caída con una tacleada. Aunque rodamos unos metros más, serví de freno y al final de ancla. Cuando nos detuvimos, vi que estaba inconsciente y eso me espantó. Traté de tranquilizarme y revisé sus signos vitales: respiraba.

Al poco tiempo recobró la consciencia. Moviendo sólo lo estrictamente necesario realicé una revisión del cuerpo hueso por hueso y articulaciones. No había daño en extremidades, cadera o espalda. Llevaba casco pero eso no había evitado una fractura nasal y otra mandibular, lo suficiente como para necesitar ayuda durante la bajada. Para suerte, el sangrado era escaso.

Avancé lo más posible arrastrando el cuerpo como pude pero sobre todo necesitaba que mantuviera la consciencia. Cuando terminó el arenal, cubrí con varias capas todo su cuerpo y al final una manta térmica. Volví a inspeccionar su estado físico y su grado de consciencia. Vi gente pasar a lo lejos y corrí hacia ellos para pedir ayuda (mi teléfono celular se había descargado por el frío). Algunos de ellos dieron parte y otros me ayudaron a bajar al herido. Para cuando llegaron dos rescatistas con la camilla, ya habíamos descendido bastante más.

Al final, llegamos a la ambulancia y me sorprendí de ser el centro de atención: me hacían preguntas como si fuera un interrogatorio en forma, con lámparas y flashes para tomar fotografías. Como no me parecía la gente adecuada para todo esto, sólo di la información suficiente, lo que sabía y nada más. La sesión fotográfica cesó cuando la ambulancia tenía ya las intenciones de marcharse. Al fin nos dirigíamos al hospital. Aún esperaba otro suceso que no entendería ni entonces ni hasta la fecha: ¿por qué la ambulancia se detuvo ante otro grupo similar y desde allá hicieron las mismas preguntas? ¿El caso no lo consideraban una urgencia?

El rescate del accidentado fue posible gracias a la buena voluntad de quienes participamos y a la suerte de encontrar más personas cerca. ¿Qué hubiera pasado si no hubiéramos estado?

Lo que aún ahora sigue llamando mi atención es el afán de hacer preguntas a alguien que participó en ese rescate y que fuera fotografiado sin pedir permiso siquiera o con algún objetivo claro. Quizá les interese llenar un reporte, una noticia o señalar un culpable (que en este caso no hubo).

 

Ficha técnica
Lugar: Nevado de Toluca
Terreno: Arenal, rocoso
Ascenso o descenso: Descenso
Causas inmediata: Resbalón
Causas que contribuyeron: terreno inestable
Edad del individuo: 32 años
Nivel de experiencia: Medio
Mes del año: Octubre
Tipo de herida: fractura triple mandibular, fractura nasal.

 

Lo que salta a la vista es su impaciencia porque todo termine. Al fin de cuentas, él estaba sólo presente cuando sucedió todo. Presente no quiere decir “partícipe de”, sino sólo estar ahí, como nos ha pasado a muchos.

Por supuesto, hay que dar una declaración, pero ante las autoridades que corresponda y eso fue lo que molestó. Se puede notar en su narración.



 



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