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Montañismo y Exploración
Peña Bernal: un relato más cercano
1 noviembre 2013

La siguiente es una narración más completa del accidente sucedido en Peña Bernal el 31 de agosto de 2013. Aunque bien pudiera haber quedado con el informe presentado un par de días atrás, la verdad es que tengo muchas cosas más que decir al respecto y no podía conformarme con un simple “me caí”. Fueron semanas de pensar, preguntar e investigar para llegar a algo que pueda ser más útil que una simple nota de accidente.







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16. ¿Tenemos en México un cuerpo de rescate técnico?

Esta ha sido una pregunta formulada muchas veces en diferentes tonos. La gran mayoría de rescates en la montaña son en terreno de un acceso relativamente fácil. Cuando la dificultad es tan alta que los integrantes de un grupo de rescate no pueden solucionarlo, son los escaladores que están por ahí quienes resuelven la parte técnica y los integrantes de los diferentes cuerpos de rescate sólo realizan la evacuación hasta la ambulancia.

El rescate de Peña Bernal se hizo en un terreno relativamente fácil (como la escalada que hacíamos). El único problema consistió en hacer llegar a nosotros a la gente con la técnica suficiente como para bajarnos. Eso llevó su tiempo, sobre todo porque el accidente sucedió por la tarde. ¿Qué hubiera pasado si el terreno hubiera sido más complejo? ¿De verdad hubieran podido evacuar a tiempo a un accidentado?

A mí me queda claro algo: si yo soy el accidentado (en este caso concreto, lo fui), me gustaría que quienes se involucraran fueran aquellos que conocen la técnica a la perfección. Creo que eso pensarían todos. Actualmente, para lograr un rescate de verdad técnico se hubiera tenido que llamar a escaladores capacitados y unirlos en un objetivo común. Pero incluso juntos los escaladores, pocos son los que conocen las técnicas de rescate y habría que echar mano de quienes conocen técnicas de rescate vertical.

En México no existe actualmente un grupo de rescate que actúe de forma técnica en un terreno rocoso. De hecho, el rescate fue posible porque se unieron ambas vertientes. El rescate en cavernas, que apuntaba a ser uno de los más problemáticos, fue solucionado cuando se creó Espeleo Rescate México, que tiene como función capacitar gente que tenga el nivel técnico mínimo adecuado para participar en un rescate en cuevas. Al parecer en escalada habrá que dar el mismo paso si se quiere que los rescates terminen siendo siempre exitosos.


17. El peor de los escenarios

Una vez en mi casa, mi secretaria comentó: “Es increíble que no te haya pasado nada más. No te rompiste ni una pierna ni un brazo”. Ya me lo habían dicho pero en su voz tomó otro matiz y me pregunté: ¿Qué hubiera pasado si hubiera aparecido una fractura en una pierna o un brazo? Estuve pensando algunos días. Con una fractura en la pierna es posible que no hubiera podido escalar y entonces hubiera permanecido colgado del arnés. Se hubiera presentado el “síndrome del arnés” con rapidez y hubiera pasado la noche colgado, sin protección adicional. Lo mismo hubiera pasado si me hubiera fracturado un brazo. Lo más seguro es que hubiera muerto.

Hay otros escenarios donde el resultado hubiera sido parecido: las plantas espinosas me hubieran atravesado de haber llegado con fuerza a ellas; de haber permanecido más tiempo de cabeza, la circulación de la sangre hubiera embotado más mi cerebro, etc.


18.  Asombro

El primer sábado que vinieron a mi casa diferentes escaladores, estaban asombrados de las pocas lesiones que había adquirido pese a la caída. Carlos Ariza comentó: “Ya era muy tarde para estar escalando ahí”. Es cierto. El viento soplaba ya fuerte.

Israel Correa dijo: “A mí lo que me asombra es que… ¿cómo pudiste hacer todo de la manera correcta con tanto dolor? Siempre hiciste las cosas como debían ser hechas. Que te dolió, seguro que te dolió, pero lo hiciste. Llegaste con tus compañeros. Y aún así, estabas al pendiente de todo lo que pasaba y lo corregías. Abajo incluso decían que estabas dirigiendo tu propio rescate”.

A mí me asombra aún que haya podido escalar diez metros con el hombro lastimado y el pulmón perforado. Hasta hace un par de semanas, tenía como cierto que la pared por la que había subido era de poca pendiente porque así lo registra mi recuerdo. Pero Nadir, primero, y Héctor, después, me dijeron que era una pared muy vertical. Héctor añade que tendría una dificultad de 5.9. Emmanuel dijo que escalé con el viento soplando con fuerza.

Pero más que nada, me asombra que no recuerde nada de eso. El dolor debió ser terrible como para que mi cerebro decidiera olvidarlo. Como sea, no dejé de hacer lo que debía hacer pese al dolor. La carencia de recuerdos me tuvo preocupado muchas semanas. ¿Amnesia? ¿Me había golpeado tan fuerte la cabeza que podría tener problemas neurológicos? Un neurocirujano me tranquilizó: es común que en situaciones graves donde el cuerpo sufre, el cerebro olvide. Un estudio más mostró que no había ningún problema neurológico. Pero aún con la explicación del doctor, no deja de asombrarme ese vacío. Comprendo ahora el terror de las personas que sufren amnesia sin poder recordar nada de su pasado.

Numerosas veces he leído sobre una persona que fallece en la montaña el comentario que siempre me ha parecido inadecuado: “Murió haciendo lo que le gusta”. Me parece inadecuado porque quien va ahí lo que menos busca es un accidente y que si murió ahí fue precisamente por un accidente, no por un gusto. De ahí que el comentario suene tan hueco, como una de las múltiples frases que tenemos y usamos cotidianamente.

También me asombra que yo haya seguido luchando todo el tiempo, pese a estar herido. Mi estado era médicamente grave pero seguí peleando por hacer lo que nos llevaba a tierra firme. De alguna manera, una parte de mí analizaba y tomaba decisiones mientras el resto de mi cuerpo permanecía fuera de este mundo, en las sombras del sueño o la inconsciencia. Eso me reconforta porque toda mi vida en la montaña ha sido precisamente luchar por alcanzar metas, por superar obstáculos, los propios y los de la montaña. Es una senda que tengo aprendida y que ahora sé que puedo recorrer en el peor de los casos.

Por eso sigo con vida.


19. Agradecimientos

Sólo imagina que estás bien y que al siguiente momento de tu memoria estás luchando por vivir. No recuerdas nada más. Sólo pelear para llegar a un lugar seguro donde esperas recuperarte o que lleguen a ti. Y mientras tanto, tu cuerpo batalla para seguir vivo, para coordinar ideas coherentes, para no caer en esa oscuridad que no te deja pensar ni actuar, tan atractiva porque ahí no sientes dolor. O no lo recuerdas. Salir de la oscuridad a la vida real implicaba siempre un dolor muy intenso que mi cerebro decidió olvidar sin preguntarme nada antes. Sabes que estás ahí, esperando ayuda pero también esperando la ayuda correcta o no tendría sentido toda esa espera. Y cuando descubres que el dolor ha disminuido es porque ya te administraron un sedante y estás ya lejos de la pared. A salvo.

¿Cómo no estar agradecido a todos los que se movieron para participar en el rescate? Yo les estoy agradecido, desde mis compañeros que vivieron esa noche conmigo en la pared esperando que sobreviviera hasta que llegara la ayuda hasta quien facilitó un helicóptero para llevarme pronto a un hospital porque ignoro si hubiera sobrevivido a una hora de carretera.

No puedo agradecer a todos los que participaron. Recuerdo poco de lo que pasó. Sólo recuerdo a “Carlos” y al “Doc”, que llegaron primero. Después me enteraría que Fueron Carlos Pescador, del grupo Rescate 1, y el doctor José Luis González Aguilar, quien trabaja en el Hospital General de Querétaro y es parte del grupo de rescate de Protección Civil estatal de Querétaro. Para ellos no tengo palabras suficientes. Un grupo atorado en la pared recibe a cualquiera con los brazos abiertos pero ellos dieron mucho para alcanzarnos. Ese primer encuentro fue algo muy valioso. Es cierto: aún no estábamos fuera de la pared pero tener a alguien cerca que viene por ti es el paso decisivo que indica que en unos momentos estarás fuera de peligro.

Eso, hay que subrayarlo, lo hicieron estupendamente.

Mucha gente me ha llamado y preguntado cómo estoy, cómo me siento. La respuesta, cuando pude darla, fue: “Estoy feliz. Sigo vivo.”

¿Cómo no agradecer?


20. Aprendizaje

Caer, podemos caer todos. Lo importante es que sepamos aprender de esos errores. Yo trato de hacerlo y puedo decir que mis grandes aprendizajes sobre esto son:

Uno

El montañismo es un deporte peligroso. Sí, lo he leído muchas veces como introducción a manuales y lo he dado innumerables ocasiones  en cursos. Es peligroso. Pero hasta ver cuánto daño puede causar un accidente se percata uno de que realmente es peligroso. No es lo mismo teorizar sobre las posibilidades de un accidente que sentirlas. Don Whilans lo plasmaba muy bien en una respuesta muy breve: “Te mueres”. A lo largo de los años uno aprende que para escalar más hay que arriesgar un poco. Y lo logra. Romper esa barrera es lo que hace atractiva la actividad para cualquier persona. En mi caso no es demasiado tarde para bajar ese nivel de riesgo aceptado. Posiblemente me convierta en uno de esos escaladores que están aprendiendo y en los primeros metros colocan hasta diez protecciones.

Dos

Generalmente uno piensa en una fractura como resultado de una caída de escalada. De hecho, el escalador la espera, además de los raspones, hematomas y sangrados. Mi gran descubrimiento es que las heridas internas son más dolorosas, restan más energía y tardan mucho más en curar. Mi respiración no era suficiente después de la caída porque uno de los pulmones no estaba funcionando como debería. Aún ahora, que puedo caminar bien y que sigue doliéndome el costado del tórax, que sigo teniendo dolor continuo por sólo respirar, de repente me descubro pensando en que hubiera sido mejor fracturarme una pierna que perforarme un pulmón. Quizá hubiera sido más difícil la terapia pero no estaría el dolor las 24 horas del día.

Tres

En cada rescate hay errores y aciertos. He aprendido más de los errores y con ello perfeccionaremos nuestro protocolo para casos de urgencia. La idea es que esos errores se minimicen, pero la idea principal es que ese protocolo se dé a conocer. Da miedo pensar que una persona tenga un accidente similar y no salga de ahí por desconocer un solo paso. Hasta ahora se ha hecho hincapié en la seguridad como prevención y se deja el siguiente paso a los cuerpos de rescate, sin pensar que son los accidentados quienes deben dar pasos previos para que el rescate sea exitoso.

Cuatro

Hay mucha gente que tiene miedo a levantar la mano para decir “tuve un accidente” y narrarlo a personas ajenas. Quizá tenga mucho que ver que en el ámbito de internet los comentarios suelen pisotear a las personas aún sin saber qué fue lo que pasó. Yo siempre he sido de la idea de que si queremos que el montañismo sea más seguro, hay que compartir estas experiencias. Parece que ha dado resultado: el informe previo, breve por fuerza, bastó para que alguien escribiera preguntando datos técnicos de la ruta para colocar protecciones y evitar accidentes ahí. Solo esto es ya un gran logro, aunque muchos se inclinen a pisotear en lugar de exprimir algo de la experiencia.

 


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