follow me
Montañismo y Exploración
Peña Bernal: un relato más cercano
1 noviembre 2013

La siguiente es una narración más completa del accidente sucedido en Peña Bernal el 31 de agosto de 2013. Aunque bien pudiera haber quedado con el informe presentado un par de días atrás, la verdad es que tengo muchas cosas más que decir al respecto y no podía conformarme con un simple “me caí”. Fueron semanas de pensar, preguntar e investigar para llegar a algo que pueda ser más útil que una simple nota de accidente.







  • SumoMe

5. La escalada

Un sábado, nos dirigimos a Peña Bernal. Éramos siete. Tres nos dirigimos hacia la arista noroccidental, exactamente del lado opuesto al que es más conocido. Nuestra intención era subir hasta la cumbre por esa ruta sencilla. Yo sabía que era tarde así que dejaba el “hasta la cumbre” más como una posibilidad que una realidad. Posiblemente llegaríamos hasta donde se une la ruta más larga con la que tiene bolts y por ahí bajaríamos.

Comenzamos. El sol era fuerte y subíamos en línea recta hacia la luz. La ruta era sencilla y ya la había escalado otras ocasiones. La primera parte no tiene anclajes y hay que colocarlos en la pared con equipo que lleve uno o usar los árboles o cualquier arruga que haya en la pared. Actualmente este tipo de escalada no es muy popular: por eso está abandonada esa cara de la montaña. El ascenso fue sencillo y rápido hasta que llegamos adonde la inclinación de la pared aumenta. Es un solo tramo de unos pocos metros y después continúa más sencillo. Sólo debía llegar a la siguiente repisa usando para protecciones ese cuerno de allá y el siguiente. Serían los seguros principales pero también seguiría haciendo como hasta ahora: cada vez que había una protuberancia o una pequeña fisura en la pared colocaba un anclaje, fuera un diminuto stopper o una anilla alrededor de la roca. Eso me detendría en caso de caída.

Tras cinco metros trepando por la repisa, llegué al inicio de la parte vertical. No la recordaba así pero sólo tenía que llegar a aquel cuerno de allá arriba, colocar mi anclaje con anilla y no habría problema. Tomé una cinta tubular y la coloqué alrededor de una protuberancia de la roca. Le hice un nudo para que no se saliera. Más arriba puse dos anclajes y alcancé una repisa. Sólo tenía que estirarme un poco para alcanzar el siguiente cuerno y poner otra anilla alrededor de la roca. Lo hice, pero lo que desde abajo parecía cuerno no resultó ser un lugar propicio para colocar nada. Regresé a la repisa.


6. La caída

Sentí el viento. Eran casi las 17:30 de la tarde. Podríamos intentar subir para bajar por la otra ruta o… bajar desde ahí. Al parecer tomé la segunda opción y en algún momento, la protección que estaba encima de mí, se salió al recibir la tensión hecha por el peso de mi cuerpo. Esto es algo que no recuerdo. Lo he reconstruido por lo que me han contado. Después, todo lo que quedan son los escasos recuerdos que ya narré.

De mis compañeros, Emmanuel me estaba asegurando y por su posición no me podía ver directamente. En cambio, Nadir me veía directo. Él vio la caída tal como sucedió. Caí, choqué con la repisa y luego seguí cayendo hacia la izquierda de la línea que estábamos siguiendo. Ahí fue donde me perdieron de vista porque además quedé por debajo de ellos. Emmanuel dice que sintió el jalón en la cuerda y que me detuve una fracción de tiempo; luego otro jalón y me volví a detener y finalmente un último jalón: Cada anclaje, aunque se había salido, había frenado un poco la caída. El último anclaje me había detenido sin salirse.


7. Lucha por vivir

La cuerda quedó tensa. Trataron de hacer contacto conmigo pero la cuerda ni siquiera se movía. Nadir aprovechó para llamar por teléfono al otro grupo y ponerlos al tanto de lo que estaba pasando. Un momento después de que colgara, la cuerda comenzó a moverse. Supusieron que yo trataba de subir de nuevo hacia ellos pero el viento estaba ya muy fuerte y no me escuchaban. Entonces se les ocurrió que usáramos el silbato que yo llevaba al cuello para las maniobras de cuerda. “Uno para recuperar, dos para dar”. De alguna manera, lo entendí y lo fui haciendo.

Según mi recuerdo, la pared que había elegido para subir tenía poca inclinación y se podría subir con facilidad. Antes de subir sentí un dolor en el hombro derecho y con la mano izquierda hice algo para aminorar ese dolor. Quizá algo de masaje. Subí. Tardé unos diez minutos en subir esos diez metros y finalmente aparecí ante ellos.

“Yo me asomaba a la pared por donde venías subiendo, pero no te veía porque estaba muy vertical. De repente apareciste. Subiste un poco más y te jalé del arnés. Terminaste acostado y cuando quise quitarte el equipo, me dijiste que no porque te lastimaba. Me pediste que te pusiera ropa, que te abrigara, que revisara los anclajes y nuestros seguros. Luego comenzaron a llegar las llamadas por teléfono.”


8. Intentos

Una vez seguros en la repisa, comenzó la actividad de comunicación entre los dos grupos para estar mejor informados. Habían llegado cuatro más de nuestros compañeros y con eso se agilizó el dar parte a Protección Civil y ponerse en contacto con nuestros compañeros en busca de apoyo técnico. Como todos los rescates, se fue haciendo una red de contactos que fue creciendo poco a poco hasta llegar a las personas indicadas. Al final, algunas personas que estuvieron en la ciudad de México, consiguieron localizar a quienes tenían la técnica suficiente para solucionar el problema técnico en que estábamos metidos, muy complicado si lo trataran de resolver personas que conocían la técnica.

Durante la noche apareció una mancha de luz allá abajo: ambulancias, patrullas y autos de personas que estaban participando. Mucha gente. Con ellos se mantenía la comunicación constante por teléfono.

Pese a mi comentario de que llegar desde la cumbre hasta nosotros no era una opción viable porque estábamos demasiado lejos, hubo un grupo que se pasó varias horas intentándolo. Usó algunos cientos de metros de cuerda y finalmente decidieron regresarse por donde habían bajado porque aún faltaba demasiado para llegar. Ya era de madrugada y en algún momento había caído la neblina. Afortunadamente no llovió. También se realizaron esfuerzos para llegar a nosotros por diferentes escaladores. Uno trató de llegar a la ruta 15, pero el camino estaba lleno de espinas y cuando llegaron ya estaba demasiado oscuro. Otro intentó subir en línea casi directa hacia nosotros.


9. Amanece

Por la mañana, el contacto se restableció para informarnos de lo que ellos estaban haciendo y preguntarnos si necesitábamos algo médico que fuera muy específico. “Les llamamos en cinco minutos” y después de un tiempo recibieron la llamada: “Tiene heridas en la cabeza, aunque tiene casco, pero ya cicatrizaron; se queja de mucho dolor en el lado derecho del cuerpo pero parece que no hay fracturas. Tiene pneumotórax. También dice que si suben un collarín”. Con la luz de día se organizó un grupo de escaladores con experiencia y ellos fueron quienes llegaron hasta nosotros, hicieron las maniobras y nos sacaron a todos de ahí.


10. La noticia hacia la televisión

En algún momento, la noticia llegó a los medios de comunicación. Al parecer las dos televisoras más fuertes enviaron corresponsables, pensando quizá que la noticia la conseguirían en breve. La verdad es que se vieron en la necesidad de pasar toda la noche ahí, esperando que sucediera lo que ellos (y todos) esperaban. Cuando el primero de nosotros puso pie en tierra, fue abordado y la respuesta fue sencilla: “Date cuenta que es más importante lo que está pasando y que no nos interesa lo que tú quieres hacer”. Ningún escalador o rescatista dio un nombre de quienes estábamos en la pared y con eso la nota proporcionada fue vaga, muy general.


11. La noticia en Internet

Pese a que se guardaba discreción sobre los nombres y lo que pasaba, la persona que había sido contactada como “equipo de rescate” y que yo había rechazado de una manera firme (aunque no recuerde mucho de ello) soltó la información en los foros a los que pertenecía. Prácticamente al momento, se hizo una reunión virtual de varios administradores de foros para detener el nombre.

Es posible que el objetivo no sea comprendido por la mayoría que (en esos momentos) estaban sentados en sus casas leyendo las noticias. De lo que se trataba era evitar que la línea de comunicación se saturara e impidiera acciones concretas y eficaces para conseguir el rescate. Como resultado secundario, se detuvo cualquier especulación. A la semana, muy pocos sabían el nombre del accidentado y quienes habían hecho aportaciones en los foros estaban hablando de algo tan tangible como los peligros objetivos de la montaña y la forma como pueden evitarse.

Páginas: 1 2 3 4



 



Suscríbete al Boletín

Google + Facebook Twitter RSS

 

Montañismo y Exploración © 1998-2017. Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con SIPER
Diseño por DaSoluciones.com©