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Montañismo y Exploración
Lo que nos han hecho los tramposos
20 marzo 2013

El uso de oxígeno suplementario es muy común en las montañas más altas del mundo. Algunos se preguntan si esto es válido cuando ya hace tiempo que se demostró que se puede subir incluso al Everest sin él. Mark Twight, un escalador élite y autor del conocido libro Alpinismo Extremo, da su punto de vista en este artículo, que tradujimos con su autorización expresa.







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El otro día leía algunas observaciones en la red que felicitaban a alguien por haber escalado el Monte Everest. Por supuesto, y como es habitual, el protagonista llegó hasta allí por haber contratado guías que fijaban las cuerdas por las que subió, que le suministraron oxígeno, que disminuían el riesgo, que contrataban ayuda local para llevar su equipo y para establecer los campamentos donde dormía.

Se puede argumentar que la escalada es un deporte individual y que “él” no escaló realmente la montaña. Se podría argumentar con igual vigor que el estar de pie en la cumbre fue el resultado de un trabajo en equipo y que el montañismo es un deporte de equipo.

Podría estar de acuerdo con la idea de que es un deporte de equipo en algunos niveles, y que las cuerdas fijas pueden tener un lugar en algunas formas de escalada; sin embargo, el uso de oxígeno no tiene lugar, es hacer trampa y anula todo otro reclamo al logro. El oxígeno suplementario es dopaje, sin duda. No se trata de una necesidad médica, lo que se ha demostrado por muchos, muchos ascensos a los ochomiles sin oxígeno suplementario.

¿Por qué no es considerado el oxígeno suplementario como dopaje? Algunos sostienen que se trata de un problema de seguridad, que no quieren correr el riesgo de mal de altura, o congelación. Quieren “la experiencia de escalar el Everest”, pero no pueden o no quieren enfrentar el desafío natural, así que modifican esa experiencia al aumentar su propio rendimiento. Si el oxígeno permite llevar a cabo una tarea que de otro modo no podría o no estaba dispuesto a hacer de otra forma, entonces el oxígeno es una droga para mejorar el rendimiento, y debe tratarse como tal.

Lamentablemente, cuando alguien que ha escalado el Everest con la ayuda de suplementos de O2 y un “sirviente” para llevar las botellas extra y preparar el camino le dice a un público absorto de no escaladores que escaló el Everest y eso es todo, dice. Se fija en los resultados y no los medios utilizados para lograrlo. Y si su audiencia no está lo suficientemente bien informado como para preguntar acerca de los medios, el orador se permitirá la omisión de ello, permitiendo que piensen mejor de él. Hace más de una década me preocupaba mucho por la forma en que subíamos más que en el éxito obtenido. Tratamos de abordar de forma natural los desafíos existentes con un mínimo de ventajas tecnológicas y tratábamos una y otra vez de responder la pregunta: “¿Qué tan ligero es demasiado ligero?” Si hubiéramos obtenido la respuesta a través de la experiencia real, no estaría escribiendo esto. Aunque llegamos realmente cerca.

Ahora veo al oxígeno suplementario como parte de un problema mucho más grande. Como seres humanos, familiarizados con la historia de la especie y su potencial, queremos creer profundamente en el extraordinario rendimiento humano. Muchos logros genuinos, raros y veraces allanaron el camino para nuestra creencia en lo que se podría hacer. De vuelta al día en que se notificaba algo extraordinario, nuestra primera respuesta era impresión, inspiración y tal vez nuestros frenos se aflojaban en nosotros mismos un poco.

Los tiempos han cambiado. El engaño es común y el dopaje está muy extendido, incluso en los niveles más bajos del deporte. Cuando miro hacia las diferentes disciplinas, me es evidente que nadie es especial y nadie es inmune: cuando los seres humanos se reúnen para formar un grupo, un porcentaje de ellos va a engañar o es susceptibles a la idea de hacerlo. Lamentablemente, parece que esto es cierto para cualquier deporte y en algún momento nuestro hábito como atleta o espectador se convierte en desconfianza. En estos días, la mayoría de los grandes logros llevan una voz dentro que insta a una opinión escéptica.

La gente miente en currículos y miente en los exámenes para obtener trabajo, sin preocuparse si serán capaces de hacer el trabajo si lo consiguen. Los atletas amateur mienten sobre sus logros para obtener una retroalimentación social positiva, y prefieren que una mentira sea alabada en lugar de aceptar la alabanza fuera de contexto. Los atletas profesionales mienten para ganar o para mantener su competitividad frente a otros tramposos, y lo hacen por el dinero y el prestigio. Eventualmente se convencen a sí mismos que la droga no les ayudó y que merecen la medalla, la recompensa, el status. Que el dopaje sea tan común ha cambiado la forma en que respondemos al anuncio de un actuación o logro espectacular.

Lamentablemente, nuestra reacción más escéptica nos aprisiona dentro de los límites que fijamos para nosotros mismos o aceptamos que otros establezcan límites para nosotros. Si damos la bienvenida a cada gran evento con recelo, ¿en qué se convierte su potencial de inspiración? ¿Qué medios vamos a utilizar para desbloquear nuestro propio potencial? ¿Quién va a plantar las señales a lo largo del camino? ¿Qué nuevo nivel de rendimiento por uno o dos individuos liberarán los cientos que luchan justo debajo de ellos?

Esto es lo que los tramposos nos han hecho. Por eso debemos denunciar y oponernos a ellos siempre que sea posible.

 

Sobre este artículo

Este artículo fue escrito por Mark Twight y publicado en el sitio web de su gimnasio, que es de acceso cerrado. Sin embargo, su reproducción fue autorizada para Cold Thistle. Ahí fue donde conocí el escrito de Mark y le solicité el permiso para traducirlo y publicarlo en montanismo.org. Por favor no copies ni reproduzcas el contenido de este material. Para hacerlo, es necesario contar con la autorización por escrito del autor. Traducción: Carlos Rangel.

 

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