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Montañismo y Exploración
Línea Directa: el alpinismo original de nuevo empieza
12 noviembre 2013

De entre tanta gente que se dedica a hacer “más de lo mismo”, siempre es un placer hallar gente que se separa de la senda tan hollada por todos. Es el caso del grupo Línea Directa, quien llamó poderosamente la atención al hacer el primer ascenso mexicano a la Cassin Ridge, en el McKinley. Sin embargo, esa ruta era sólo la punta de un iceberg que había que descubrir platicando con sus fundadores.







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El montañismo en México tuvo un origen y tiene un desarrollo, pero sería equivocado creer que ese desarrollo ha sido lineal y siempre hacia la mejora. Ha habido momentos en que el montañismo en México ha estado entre lo mejor del mundo y otros en los que sólo se hace más de lo mismo. Para llegar al primero hay que buscar y conseguir retos de dificultad o algo novedoso dentro del deporte porque, a fin de cuentas, el mejor montañismo implica exploración.

La carencia de una base sólida que sólo puede dar una cultura de montaña, ha hecho que incluso esos protagonistas que fueron punta de lanza se retiren y permanezcan aislados después de haber llegado a su máximo. Por eso se redescubre continuamente el gusto por la dificultad, por algo nuevo. Esto no es fácil, sobre todo si se nada entre tantas de repeticiones de ascensiones que se promueven mercadotécnicamente a niveles de patrocinadores de miles de dólares.

En mayo de este año, la famosa arista Cassin del Denali, en Alaska, vio recorrer por toda su línea por primera vez a dos mexicanos: Pedro L. Corcuera Wenzel y Diego Eden Wynter Blanco, de Línea Directa, se habían ido a Alaska y, sin publicidad comercial de ningún tipo, llegaron y subieron la ruta en estilo alpino. La Cassin Ridge… una ruta de leyenda en el montañismo. Sólo lo anunciaron poco antes de irse, sin apoyo de marcas.

Al parecer había surgido un nuevo brote en México de esa rara enfermedad que Mark Twight llamó “alpinismo extremo”. ¿Quiénes son, cómo surgieron, cómo es que se les ocurrió la Cassin en lugar de un ochomil? Esta es una entrevista con Pedro Corcuera, uno de los dos escaladores que subieron la ruta y que nos hablan no precisamente del ascenso sino de cómo llegaron a él.

 

Montañismo y Exploración: Hola Pedro y Diego, gracias por aceptar la entrevista.

Ambos: Un placer, Carlos. Al contrario, gracias por interesarte en nosotros.

MyE: Cómo es que llegaron a pensar en la ruta Cassin. Ha sido intentada pocas veces por mexicanos y ustedes fueron los primeros en lograrlo. ¿Cuál fue el camino recorrido para llegar a esa cumbre?

Pedro Corcuera: La historia es algo larga…

MyE: Tenemos tiempo.

PC: Yo comencé a hacer montaña a fines del siglo pasado en mi club, en Guadalajara y recorrí el mismo camino que los demás. Fuimos al Aconcagua (2001) y luego (2002) hicimos un intento al Shisha Pangma, en el Himalaya. Llegamos a los 7,200 metros, pero la verdad ese ambiente no me gustó. Todo estaba muy planeado y casi no tenía nada qué hacer. Era casi como subir escaleras eléctricas. Francamente sentí que era un alpinismo que estaba muy alejado del que nos dejaron Messner, Carsolio, Steve House, Mark Tiwght y todos los grandes de la historia. Yo soñaba con escalar con mis mejores amigos las paredes más grandes de la Tierra. Y que ellos se sintieran igualmente inspirados por estos grandes alpinistas. Llegaría el día en que eso fuera posible. Ese era mi sueño.

Entonces pensé en buscar retos de dificultad. Al año siguiente fui a Ecuador con otros compañeros y en el 2004 escalé la West Rib del McKinley con Ignacio Carothers en estilo alpino en cinco días. Fue un ascenso muy bonito y demandante. En 2006 fuimos a Perú a escalar diferentes montañas y ahí me encontré de nuevo con Diego, con quien ya había estado en Ecuador.

MyE: ¿Ahí se conocieron?

PC: No, nos conocíamos y escalábamos muy seguido porque pertenecíamos al mismo Club, pero por decirlo así, no éramos compañeros de cordada. Esa vez, en Huaraz, nos vimos y platicamos entusiasmados de nuestras respectivas escaladas, porque habíamos ya escalado diferentes montañas por su lado cada quien. Ahí mismo, en Huaraz, platicamos de la Cassin. Diego confiaba mucho en mí porque yo ya había subido la West Rib y mi experiencia era mayor. Así que nos entrenamos y fuimos a Alaska. Pero a los dos largos de cuerda, decidimos regresar. Diego estaba muy cansado de las pantorrillas y era apenas el principio.

MyE: Pero habían entrenado, ¿había alguna falla en la alimentación?

Diego Wynter: No, la falla era más sencilla: la West Rib era una escalada difícil dentro de las sencillas. La Cassin ya era una escalada de gran pared. La graduación en Alaska va del uno al seis; la West Rib es grado cuatro y la Cassin es cinco. Nunca pensamos que habría tanta diferencia con un solo grado de diferencia en la dificultad. La verdad no estábamos a la altura del proyecto. Y qué bueno que nos regresamos porque quizá más adelante no hubiéramos podido bajar. Además teníamos una gran carencia: siempre hemos aprendido por nuestro lado, leyendo, aprendiendo de donde podemos y no hemos tomado ningún curso formal. Estando en Guadalajara, ni siquiera teníamos contacto con gente como Héctor Ponce de León o Carlos Carsolio y nosotros, rancherotes, ni siquiera intentamos buscarlos por correo electrónico. Esta carencia de formación hizo que intentáramos la Cassin con mochilas de 25 kilos a la espalda y eso nos mataba toda la energía. Lo hicimos así porque nuestra estrategia siempre nos había dado resultado.

MyE: 25 kilos es mucho peso para rutas de ese nivel…

DW: Pero no lo sabíamos entonces. Estábamos en la creencia de que mi experiencia en la West Rib era suficiente pero descubrimos que no. Debíamos entrenar más todavía y cuando regresamos a México comenzamos a hacer mucha escalada en roca alpina, porque la ruta tiene muchas dificultades de este tipo, pasos de hasta 5.8 con crampones, guantes, una mochila pesada, frío, etc. Moverte con fluidez ahí es vital. Al año siguiente fuimos de nuevo… Pero fue una de las peores temporadas y ni siquiera nos pudimos acerca a la pared. Estuvimos semanas en el campamento, frustrados. Pero las nevadas trajeron lo más importante de ese viaje: la convivencia con dos escaladores estadounidenses: Evan Freeman y John Fitzgerald. Convivimos todo ese tiempo en el campamento y conforme pasaron los días y las tormentas nos hicimos grandes amigos.

Por supuesto, criticaron nuestra forma de intentar la pared y nuestro equipo. Esos días dentro de la tienda que parecían interminables si esperabas para subir, parecieron muy cortos cuando nos enseñaban a reducir el peso y así nos dijeron cómo bajar el peso de una mochila de 25, como la nuestra, a sólo 13 kilos. Esa era la diferencia. Cuando estás intentando paredes como la Cassin, el equipo se vuelve de importancia vital y cada gramo que ahorres hace una diferencia enorme.

Otro punto vital es que nuestro entrenamiento hasta entonces había consistido básicamente en correr y hacer escalada deportiva, pero con la plática en el campamento del McKinley aprendimos que teníamos que trabajar en el gimnasio. Así que retomamos el libro de Mark Twight y seguimos la parte de entrenamiento al pie de la letra. Pronto notamos la diferencia.

Pero para decirlo en una palabra: nos adoptaron y aprendimos de ellos muchas cosas…

MyE: Se convirtieron en sus mentores.

DW: Sí, y les estamos muy agradecidos por todo. Nos cambiaron la forma de ver las cosas. Aunque no había sido un curso formal, aprendimos todo porque lo absorbíamos como esponjas secas. Al regreso a México platicamos que sería muy egoísta de nuestra parte quedarnos con toda esa información y decidimos transmitirla a otras personas.

MyE: ¿Decidieron crear una escuela?

PC: En cierta forma, sí, pero muy lejos de considerarse escuela. Lo que queríamos era que hubiera gente que hiciera lo mismo que hacíamos nosotros, con el mismo nivel de compromiso o más, con la misma información que nosotros o más, con las mismas ambiciones o más. Porque imagínate: nosotros subimos la Cassin, pero ¿qué tal si fuéramos no sólo dos sino veinte o cien? ¿En dónde estaría el montañismo mexicano ahora?

 

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