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Montañismo y Exploración
Ascenso por la ruta noroccidental del Citlaltépetl
20 marzo 2013

El Citlaltépetl o Pico de Orizaba, es la tercera montaña más alta de América del Norte y es visitado por muchos montañistas cada fin de semana. ¿Por dónde debe uno subir si se quiere tener una experiencia realmente solitaria?







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El Citlaltépetl (Cerro de la Estrella, en náhuatl) es la montaña más alta de México y la tercera de América del Norte, superada únicamente por los montes McKinley (Alaska; 6,145 metros) y Logan (Canadá; 5,958). Por eso es tan atractivo a montañistas nacionales y extranjeros, particularmente la ruta norte, del glaciar Jamapa, que es también el glaciar más grande de México. Pero es una ruta bastante transitada.

Hace años, mi amigo Israel Correa y yo escalamos la ruta La Cara del Muerto, por el flanco oeste. En esa ocasión escalamos una pequeña cascada, algunos corredores nevados y mucho terreno rocoso que había aflorado por el retroceso del glaciar. Recuerdo que arriba del pueblo Villa Hidalgo no volvimos a ver a nadie, ni en el bosque ni en el glaciar. Un lugar perfectamente aislado, si uno buscaba la soledad.

Siempre me ha entusiasmado subir una montaña pero hacerlo en solitario la dimensión es otra, por lo que lleva consigo de compromiso y aprendizaje. En zonas muy transitadas sería difícil hablar de subir en solitario cuando hay más gente alrededor. Pero en el Citlaltépetl y en esa cara oeste, se podría encontrar todo lo necesario para estar realmente solo.

Y llegó el momento.

Era finales de noviembre de 2012. Un buen amigo iba a pasar un fin de semana en algún lado y de paso me dejaría en el pueblo de la base del volcán. Llegamos a Tlalchichuca sin contratiempos y un transporte alquilado me llevó a Villa Miguel Hidalgo (3,300). Ya era mediodía. Debía dirigirme hacia un paraje que llaman La Noria y mi única referencia real era un transporte abandonado hacía años ahí. Por supuesto, no lo encontré y llegar a La Noria fue algo difícil porque hay demasiadas veredas. Un camino se interna en el bosque, sube y al final baja por una de las muchas cañadas, Así pasa con todas las veredas y hay que elegir otra.

A las dos de la tarde encontré finalmente la cresta que me haría ganar altura y seguí caminando por ella con rapidez porque debía llegar a mi sitio de pernocta antes del ocaso. La vista era maravillosa desde la cresta, aunque tuviera que saltar o reptar por debajo de los troncos que estaban caídos en el camino. La bruma que veía desde abajo era sólo eso y ya había quedado por debajo de mí, en el bosque. La montaña lucía majestuosa por encima: el Sarcófago hacia mi izquierda y las paredes rocosas debajo de él, peñas y coladores. Más abajo, los arenales a los que debía llegar.

A las seis había alcanzado una pendiente de unos 40 grados. ¡Diablos! He tomado muy pocas fotos por estar caminando a buen ritmo. Hacía frío ya. Casi a las siete vi lo que parecían los restos del refugio José Llaca Nieto. Estaba ya a 4,800 metros y elegí un lugar entre el roquerío para levantar mi tienda por debajo del glaciar noroccidental.

Mientras preparaba mi cena fría, me di cuenta que eso era lo que realmente deseaba: una experiencia en solitario con una gran bóveda celeste por encima de mí, clara y brillante, donde pudiera ver de vez en cuando estrellas fugaces.

Partí a las 5:40 de la mañana rumbo a la cumbre. Quise avanzar por los roqueríos pero estaban expuestos a caídas de rocas, así que fui avanzando hacia el glaciar y ya en él, seguí de frente. La pendiente era de 40 a 50 grados, con algunas placas de hielo cubiertas de nieve. Con cuidado. El viento levantaba nieve del glaciar y me golpeaba en el rostro. Hacia oeste, la sombra de la montaña iba decreciendo conforme avanzaba el día. Lejos se veían los eternos enamorados Popocatépetl e Iztaccíhuatl; un poco más cerca, la Malinche (4,462) y Las Derrumbadas (4,462) que iban perdiendo la sombra del Citlaltépetl.

Yo seguía subiendo por la sombra helada y tan pronto como dejé las últimas rocas hice una travesía en diagonal hacia la izquierda, en dirección a la cumbre. Pasé por encima de las paredes rocosas por las que corre La Cara del Muerto. Hacia las nueve de la mañana el sol comenzó alcanzarme y me puse los gogles. Desde un punto, comencé a ver la ruta sur de la montaña porque alcanzaba a ver la Sierra Negra (4,621) con su observatorio astronómico en la punta y vi el Púlpito, que está al final de la ruta sur.

Ya casi llego. Pasé la zona de grietas por donde emanan vapores del volcán y vi la cruz que se alza en lo más alto de México. Varias personas que habían subido por la cara sur me saludaban pero también me miraban como algo raro. ¿Solo, con esa gran mochila y por esa ruta? Debían creer que había perdido alguna de las rutas más frecuentadas. Alguien me tomó una foto en la cumbre. Eran las 10 de la mañana. Miré extasiado el cráter del volcán, el paisaje de México visto desde su cumbre más alta.

Más gente fue llegando, entre ellos dos amigos. El encanto de estar solo se había terminado, pero disfruté de su compañía mientras les contaba por dónde había subido.

Información sobre el Citlaltépetl

El Citlaltépetl, conocido generalmente como Pico de Orizaba, es un volcán del tipo estratocono de composición andesítica. Forma parte de dos sistemas orográficos: la Cordillera Neovolcánica, que cruza de mar a mar el país, y la Sierra Madre Oriental, que corre paralela al Golfo de México. El volcán está considerado como activo. Su cráter tiene forma ovalada, con unos 500 metros de diámetro mayor y 400 de diámetro menor. Su profundidad: 300 metros.

Visto desde la altiplanicie (al occidente de la montaña), se eleva sólo 2,700 metros, pero del lado oriental tiene un desnivel de más de cuatro kilómetros, lo que lo hace una de las montañas más prominentes, pues ocupa el séptimo lugar, después del Everest, Aconcagua, McKinley, Kilimanjaro, Pico Cristóbal Colón y Monte Logan. Por eso representa una notable barrera física que divide al altiplano central (semiárido) de la selvática planicie costera del Golfo.

 

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