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Montañismo y Exploración
Aprender a vivir en el K2

Benjamín Salazar nos otorgó una entrevista sobre su reciente expedición al K2, en la cordillera del Karakorum, en Paquistán. Una experiencia más en su vida de montañista donde aprendió a volver a vivir, fuera de cualquier frustración.







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Acabo de alcanzar el campo 2, estoy con muchas fuerzas pero la montaña ha hablado: lo mejor es regresar cuanto antes al campo base. Con estas condiciones de nieve y desprendimientos, el ataque a cima se puede convertir en una trampa mortal.

Alex Txikon

—Tienes suerte porque vas a bajar del K2 vivo.

Es la voz de Alex Txikon, quien llega al Campo 2 del K2 por la ruta de los Abruzos. Suelta la mochila y sigue hablando en voz alta: “No sé para qué traigo tanta mierda”, y mira la mochila que acaba de depositar en la nieve, llena de equipo y con la que ha decidido a bajar en unos minutos más. Benjamín Salazar lo escucha desde dentro de su tienda mientras lo graba. “Yo, me largo.” Y, dirigiéndose a Benjamín, le dice: “Baja mañana pronto porque mañana yo me largo, ¿eh? Nos vamos mañana, ¿no? ¿O qué? Aunque sea a Concordia o algo de eso un poquito.”

Todas las expediciones que esperaban usar la ventana de buen tiempo para alcanzar la cumbre del K2 han decidido regresar por una sencilla razón: ha estado nevando mucho, tanto que sólo han llegado al campo 2 y aunque la ventana de buen tiempo apenas está por comenzar, la nieve caída ha sido mucha y hay un gran riesgo de avalanchas. Alex Txikon no se da por vencido y sigue convenciendo a Benjamín para que bajen todos juntos. Muchos minutos después, lo logra.

Llegan por la noche al campo base, golpeados por el esfuerzo de haber subido desde el campo uno hasta el campo dos (en el caso de Alex Txikon, había subido desde el Campo Base) y luego de regreso hasta el base, caminando de noche y sobre los restos de un “pequeño” alud que les tapaba un poco el camino antes de llegar al base. Apesadumbrado, Benjamín se retira del K2, la montaña de sus sueños. Pero sobre todo, está refunfuñando.

Cuando bajábamos, pasé por la tienda donde estaban Marty y Denali Schmidt y me preguntaron por qué me bajaba. Les dije que porque había mucho peligro de avalancha, por eso nos íbamos. “Te ves fuerte, te ves bien, ¿por qué te vas a bajar?” Y todo el camino me quedó la duda de si había tomado la decisión correcta, si no había decidido bajar cuando aún no comenzaba la ventana de buen tiempo.

El día siguiente amaneció lleno de sol, luminoso, brillante, sin una sola nube. La desilusión de haber bajado. Estaba furioso. ¿Por qué había hecho caso? En este momento estaría ya en el Campo 3 y pasado mañana estaría haciendo el ataque a la cumbre. Poco después del desayuno, les avisaron que hubo un alud que barrió el C2. Más tarde se enterarían que Marty y Denali Schmidt habían desaparecido con ese alud.

La decisión había sido la correcta.

K2 en el horizonte

Desde niño siempre quiso subir montañas porque su familia lo llevaba a ellas. Escuchó hablar del K2 por radio y desde entonces lo quiso subir. Pero antes fue al Everest y en el 2007 lo subió. Estaba en tan buena condición física que hizo sólo 6:20 horas desde el campo 4 a la cumbre. Después sólo tenía que convencer a patrocinadores de que el K2 era el siguiente paso a dar. Finalmente, le dieron la respuesta que él quería recibir y voló a Paquistán.

Cuando finalmente comenzaron a viajar por la Karakoram Highway, iban varias expediciones, entre ellas la del propio Benjamín y la del español Alex Txikon.

¿Te habías unido a una expedición? —No. Yo organicé mi propia expedición y pagué por ello. En Paquistán las cosas funcionan de diferente forma que en Nepal. Mi expedición estaba formada por dos porteadores de altura del país y un sherpa de Nepal. Había decidido llevar tres porque finalmente era mejor no estar solo. En el camino conocí a la expedición española y nos hicimos buenos amigos y al final ya éramos bastantes y podíamos trabajar en conjunto, lo cual me agradó. Nos agradó.

En el acercamiento a la montaña pasaron por un punto de referencia donde hay un letrero: “Vea hacia su izquierda la montaña asesina: el Nanga Parbat. 8,126 metros”. Ese mismo día se estaba llevando a cabo la matanza de once montañistas extranjeros por un grupo armado. Mientras las olas de protesta e indignación se levantaban por todo el mundo, muchos trekkers y expediciones cancelaron y regresaron a sus países.

¿Por qué no regresaste? —Cuando supimos la noticia preguntamos a nuestro operador y a los porteadores de altura qué pensaban y me dijeron que hacia Concordia no corríamos ningún peligro porque ahí no operaban los talibanes. Nos dijeron que era más seguro seguir que regresar. Además, había puestos militares, por eso no se meterían en esta zona. En un mismo transporte íbamos varias expediciones y todos seguimos.

El campo base del K2 recibió un colorido grupo de sombrillas de todos colores y diseños, cada una protegía a un montañista que quería llegar a la cumbre de la segunda montaña más alta del mundo. Y la más difícil. Entonces se pusieron a trabajar. Una expedición japonesa había llegado antes que ellos y ya estaba armando la ruta por el espolón de los Abruzos. Los demás comenzaron a aclimatar haciendo viajes desde el campo base al campo base avanzado y luego al campo 1.

La ruta estaba siendo establecida por los porteadores de altura de cada expedición. Nos pusimos de acuerdo las diferentes expediciones y llegamos a un acuerdo: como los japoneses habían armado hasta el campo 2 con su equipo y sus porteadores, a partir de ahí comenzarían a armar los porteadores de las otras expediciones: los de Seven Summits, los de Alex Txikon y los míos. Quienes no llevaran porteadores pagarían derecho de uso de cuerda. En ese momento, ninguno de nosotros estaba aún en forma como para ir por encima del campo 2 para armar la ruta y se necesitaba hacerlo con rapidez para que estuviera lista cuando nos dieran el pronóstico del tiempo con la ventana óptima para el ataque a la cumbre.

¿Dónde está la montaña?

¿Cuál fue tu primera impresión de la montaña? —Mi primera impresión… ¡Quería ver la montaña! No la había visto en el acercamiento y tampoco cuando llegamos al campo base. Podía haberme sentido apesadumbrado por no haberla visto. Claro que la conocía por fotos y por relatos pero ya que estaba ahí, a sus pies, ¡nada! Y mientras llegaba el tiempo de verla, teníamos que aclimatar haciendo viajes de porteo hacia el Campo Base Avanzado y luego al Campo Uno. Tuvieron que pasar unos días para verla al fin.

El tiempo en el K2 no es de los más benéficos. La montaña suele estar cubierta de nubes y muchas expediciones se retiran de ahí por el mal tiempo. A un lado, el Broad Peak y más al fondo, los Gasherbrum I y II. Son los cuatro ochomiles que están juntos. El quinto ochomil de Paquistán es el Nanga Parbat pero está considerablemente más retirado. Mientras tanto, la expedición de Benjamín Salazar estaba ya en el K2.

Se dice en corto: “Estoy en el K2”, pero no se trataba sólo de estar. El viento me hizo ver que nunca había sentido un frío tan intenso, tan agudo, como cuando tienes fiebre y de repente te llega un escalofrío más fuerte, pero todo el tiempo. Y además surgieron otros problemas que no tenía contemplados: mi operador me había ofrecido mucha comida y de buena calidad y la verdad era que estaba pasando mucha hambre. Badía [Bonilla] me regaló unas galletas y unas latas de atún que me hizo soportable todo eso.

El Colador de los Japoneses

Todo esto se vio superado cuando al final les dieron el periodo de buen tiempo para subir la montaña. Todas las expediciones se prepararon. Sólo habría una ventana, una oportunidad. No cabía pensar más en problemas, sino en soluciones. Benjamín salió del Campo Base, pasó por el Campo Avanzado, pernoctó en el Campo Uno y continuó al Campo Dos.

¿Cuál fue el tramo más difícil? —Sin duda, el Colador de los Japoneses. Es un canal de roca cubierta de hielo que está para llegar al Campo Dos. Es muy vertical y en ocasiones está desplomado. Y tienes que pasar por ahí, con tu mochila y asegurado de una cuerda que alguien más ha puesto. Esa fue la única vez que usé el jumar como tal porque antes había preferido unirme sólo con un mosquetón a la cuerda y subir por mis propios medios. Me siento más seguro con mis dos piolets que subir jalándome de una cuerda de la que se colgaban todos los demás. Hay quienes prefieren dormir antes del Colador. Nosotros colocamos nuestro C2 poco después de haberlo pasado.

Benjamín ya había pasado algunas veces por ahí, en viajes de aclimatación y de aprovisionamiento para los campamentos superiores. La vez anterior había dormido en el C2 y subido aún más para dejar una carga, pero sin llegar al C3. Pero por muchas veces que pasara, el Colador seguía provocando la misma respuesta: un miedo que debía controlarse, cuerdas que debían cuidarse porque con el roce podrían terminar siendo nada.

Pero entonces ¿ibas siguiendo las cuerdas? —Sí, pero no me colgaba. Había un grupo suizo que según ellos iban en estilo alpino pero ponían su jumar y se jalaban de la cuerda como todos los demás. Hubo otra ocasión en que yo coloqué mi jumar pero terminé por olvidarme de él: la cuerda estaba cubierta de hielo y el jumar no se detenía.

Esta vez llegaron y encontraron al surafricano Mike Horn y su grupo, que se preparaba para bajar. La siguiente es una transcripción de uno de los videos que tomó el propio Benjamín, al apenas llegar al C2.

Terreno de avalanchas

El K2 ha sido subido sólo por un puñado de gente. Mexicanos, sólo Carlos Carsolio, aunque también han estado ahí Héctor Ponce de León, Armando Dattoli, Ricardo Torres Nava y otros más. Ahí murió también Adrián Benítez en 1992.

Recordaba a todos ellos conforme estaba en la montaña. Armando y Héctor me habían apoyado mucho en México y me habían animado a seguir.

—Llegamos hace rato al campo 2. Malas noticias: nos ha estado nevando todo el tiempo, está muy peligroso. Estamos Alí, los amigos suizos… pero demasiada nieve. Ahí está Mike Horn.

[Mike mira hacia la cámara y dice en un español pausado para no equivocarse]: “Nieve. Mucho. Peligroso. La vida es muy importante. El K2 se queda aquí y nosotros [silba y hace el gesto de regresar] abajo.”

[Un compañero de Mike comenta]: “Tenemos miedo. Puedes ser un experto en avalanchas pero las avalanchas no saben que tú eres un experto. Por mí… No me siento bien. Demasiada nieve.” [Y después da una explicación técnica de la acumulación de nieve y cómo puede desprenderse una avalancha por tanta nieve que está cayendo].

Los porteadores habían regresado de las cercanías del Campo 3 y decían que la nieve era mucha, que les llegaba al pecho y que era imposible avanzar así. Señales de alarma que reconocen todos los que han estado en grandes montañas.

Pese a todo, Benjamín decide pasar la noche ahí y cuando ya está instalado, llega Alex Txikon y, con él y su persistencia, la decisión de bajar juntos.

Me salvó la vida.

Aprendizaje

El K2 es la montaña de mis sueños y quería subirla, pero no se pudo. Tanta nieve no la podemos comprender quienes vivimos en un país donde no hay casi ninguna. En una montaña como el K2, una nevada tan abundante y continua es signo de problemas que se avecinan. El día que comenzaba la ventana de buen tiempo yo estaba frustrado por no saber si había hecho bien en regresar. Quizá debía haberme, como habían hecho Marty y Denali. Pero ya estaba abajo. ¿Qué podía hacer?

Por desgracia, tuve que saber de la muerte de Marty y Denali para que se me quitara esa frustración, esa desazón de no saber si había hecho bien. Había “vuelto a nacer” gracias a la terquedad de Alex Txikon, gracias a que había insistido tanto y que al final entre él y Mike Horn habían minado mi persistencia. Pero sobre todo Alex. Aprendí que debo escuchar a los que saben y aprender a ver más la montaña. Estaba rodeado de gente experta y qué bueno que regresé. Aunque había ido solo a la montaña, la expedición estaba compuesta por muchos que la habían hecho posible. Sobre todo por mi esposa, quien vivía su propio K2 desde la casa.


Ver K2 en un mapa más grande

Agradecemos a Benjamín Salazar por el tiempo dedicado a esta entrevista y el material proporcionado. Con todos los videos pudimos reconstruir una historia completa.



 



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