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Montañismo y Exploración
Festival Banff en México: una perspectiva
10 diciembre 2012

El Festival Banff de Cine de Montaña ya cumplió once años de presentarse sin interrupción. Lo que esto significa está más allá del recuento de películas presentadas o invitados especiales que han asistido. Su verdadero impacto está en la fusión de los montañistas.







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El Festival Banff de Cine de Montaña llegó en México en el año 2000. Entonces no había un solo evento de cine de montaña y nos teníamos que conformar con lo que pudiéramos ver por Internet o lo que llegaran a presentar en los cines (como Límite vertical, K2, etc.) o algo en televisión, por lo general documentales que sólo veían un puñado de gente.

Por eso no fue una sorpresa que el Festival Banff fuera un éxito total. Cada año, cientos de montañistas y familiares de éstos acudían a ver películas de todo tipo: descenso de ríos, travesías en desiertos o selvas, bicicleta de montaña, parapente, escalada a montañas y mucho más. Algunos no estaban de acuerdo con el programa (no les atraían las actividades de bicicleta de montaña, por ejemplo, y querían ver sólo películas de montañismo) pero cada año regresaban.

El Banff también se convirtió en un centro de montañistas donde muchísimas personas nos veíamos sólo esos días e intercambiábamos unas palabras y noticias de lo que estábamos haciendo. Aunado a la presentación de un personaje dentro del montañismo, el evento se convertía en la piedra fundamental de cada año para quienes estaban presentes. El gran evento fue el año pasado, con la presencia de Reinhold Messner, o con Alberto Iñurrategui y su Hire Himalaya, o Jordi Pons o cualesquiera otro invitado.

Durante años, el Banff se presentó en las salas del Centro Cultural Universitario, en Ciudad Universitaria pero una remodelación de las salas (la más grande fue partida en dos) hizo que el Festival emigrara a otro sitio y lo encontró en la Cineteca Nacional, un lugar más céntrico y con más variedad transporte. Pero este año, la Cineteca entró a una fase de remodelación tan intensa que no se reconoce en ella al antiguo edificio que sirvió como cine durante muchos años.

Dos semanas antes, los organizadores del Festival Banff en México no sabían si podrían proyectar o no las películas. Pero se arriesgaron, aunque no tanto como para invitar a un personaje del montañismo y que no hubiera evento. Quizá por eso se sintió un poco vacío el Festival, pero la verdad es que más que ese personaje, las instalaciones exteriores (aún no terminadas en su totalidad) impidieron encontrar a muchos de los amigos con quienes uno se encuentra sólo ahí.

Un comentario persistente del público fue que ya habían visto alguna(s) películas en otro lado, sea en Internet o en otro festival de cine en México. Ya no les llamaba estar ahí por eso. La aparición de más festivales de cine ha hecho que algunos vean Cold (por ejemplo) más de una vez. Sin embargo, lo que urge rescatar es que el Festival no sea sólo una muestra de cine sino ese encuentro entre montañistas que se hacía cada año. Ése es el gran plus que el Banff ofrece y que este año decayó por problemas técnicos.

Indudablemente, el Festival Banff es un punto de referencia en el montañismo y debería seguir siéndolo, más allá de la presentación de películas. El Séptimo Grado lo ha sabido manejar muy bien por buscar en el Festival más la cultura de montaña que la ganancia monetaria. Una muestra es su proyecto de reforestación en el Iztaccíhuatl que año con año se realiza con los fondos recaudados por las aportaciones voluntarias de los asistentes.

Hace once años, muchos niños que estuvieron en el Banff ni siquiera habían nacido. Es seguro que vayan con sus novias dentro de nueve años más y con sus hijos dentro de 19.



 



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