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Montañismo y Exploración
Desinformación de la ruta normal al Huascarán Sur

La dificultad de una montaña es única, pero ante los ojos de los hombres, puede ser muy variada. Todo depende de cuánta información se tenga de ella. Este es un aviso a quienes quieran subir el Huascarán… o cualquiera otra montaña.







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A pesar de la desmedida desinformación que se ofrece en Huaraz sobre la ruta normal al Huascarán Sur, algunos grupos guiados e independientes lograron hacer cumbre, demostrando que sí es posible acceder a la cima y que las condiciones están como siempre han estado: peligrosas. El siguiente artículo, intenta ofrecer una visión concreta de lo que acontece en esta montaña y sobre todo fuera de ella.

Desde su primer ascenso en 1932, el Huascarán se ha cobrado muchas vidas y ha dejado escapar muchas otras. Las vivencias allí ocurridas en más de medio siglo de éxitos y tragedias, implicarían extensos volúmenes literarios, cada uno de ellos más espectacular que el siguiente. Todos quienes alguna vez pasamos por allí, coincidiremos en el peligro latente que implica atravesar la zona de “la canaleta”, la travesía al campo 2 y la zona final antes de las “pampas” de acceso a la cumbre, todo ello amalgamado con la altitud (6,768 metros).

Durante las temporadas 2004 al 2007, el acceso a la cumbre sur por la ruta normal estuvo “cerrada” y los pocos grupos que hacían cumbre, debían escalar  “El Escudo”, una pared de hielo muy técnica y expuesta, pero carente de peligros objetivos. Los montañistas que lograban hacer cumbre por esa pared, bajaban sin problemas por la ruta normal o por “La Garganta”. Algunas personas se preguntaron: “Si es posible bajar por ahí, ¿por qué nadie sube?”

Para junio del 2007, varios equipos guiados coincidieron en el campo 2; algunos de ellos tenían como meta la cumbre norte, que era el objetivo usual en esos años. Algunos de los guías locales que allí se encontraban, resultaron de los más entusiastas y de un nivel muy alto en cuanto a escalada se refiere. Todos ellos unieron fuerzas y “reaperturaron” la ruta normal al Huascarán Sur después de tres años que no se había subido.

En una plática con uno de los guías que impulsó la idea de hacer la cumbre sur en aquella ocasión, refirió que no era que “no se podía”, más bien era que “nadie quería”. En Huaraz los comentarios al respecto indicaban lo terrible que era subir al Huascarán y lo imposible que resultaría cualquier intento a la cumbre sur desde “La Garganta”.

Durante esta temporada 2010 hubo una exageración desmedida de muchos “montañistas de oficina” para ofrecer información sobre la ruta del Huascarán. Alguien me comentó que hasta le llamaron “suicida” por intentar la cumbre sur por la ruta normal, que era mejor cambiar de objetivo inmediatamente. Este consejo es muy común y generalmente justifica la retirada o, si le llamamos por su nombre, el temor de ir a esta montaña.

Estos comentarios de gente “especializada” causó cierto bajón moral a quien llegaba entusiasmado con un objetivo definido en mente: nuestra montaña más alta. Se ha demostrado hasta la saciedad que este bajón moral merma el rendimiento y la seguridad de las deportivas de alto rendimiento como el montañismo.

También hay quienes bajan de la montaña y para justificar su regreso, inician una serie de inverosímiles versiones como que hay grietas insalvables, puentes caídos, y todo tipo de exageradas afirmaciones. Jamás se les oirá decir que no pasaron por el temor que les infunde la montaña o simplemente por carecer de una capacidad innata de ascender por donde otros no lo pueden hacer.

Lo más lamentable de todo esto es que en algunas ocasiones todo esto proviene de algunos (preciso “algunos” a fin de no herir susceptibilidades) guías de montañas locales. Por supuesto, también lo hacen quienes usurpan el papel de guía sin tener absoluto conocimiento de las rutas. Cuando regresan a la agencia que los contrató, inician esa bola de nieve que nadie puede detener después. En Huaraz empiezan las llamadas “bolas”: exageraciones de persona a persona. Cada quien va haciendo su propia versión, cada vez más terrible, por supuesto, y entonces se genera un ambiente de tensión sobre el Huascarán y nadie quiere ir.

Don Abraham Cordero, pionero en la sacrificada labor de arriero en la zona de Musho, al pie del Huascarán, me confiaba alguna vez que desde que él era niño, todas las expediciones sabían de los peligros objetivos en esa montaña y así se mantiene hasta la actualidad. El Huascarán siempre ha sido peligroso y el montañismo es un deporte de riesgo asumido y hasta cierto punto controlado, donde la montaña, aunque nos deje salir de allí, siempre es la que manda.

De todo esto es posible concluir algo muy positivo: así como existe una parte poco profesional de personas dedicadas a este negocio, hay algunos otros (vuelvo a mencionar “algunos” a fin que no se incluyan todos) que cuentan con un excelente nivel técnico, profesional y sobre todo una capacidad innata de buscar salidas en la montaña por donde la mayoría de nosotros ni siquiera nos plantearíamos darnos una vuelta. Como siempre están en la montaña, es difícil encontrarlos en la ciudad y obtener de ellos una versión veraz de las condiciones reinantes en montañas como el Huascarán. No se les ve presumiendo de sí mismos en los bares de Huaraz. Por eso muy poca gente tiene información confiable y real de las condiciones en esa montaña.

No pretendo provocar una masiva afluencia de montañistas al Huascarán para la siguiente temporada sino sugerir a quienes tienen como objetivo esta montaña, que evalúen seriamente sus probabilidades de ascenso, nivel técnico, psicológico y, ya reunido todo esto (que seguramente se hace antes de llegar a Huaraz) que no se dejen llevar por comentarios vertidos en las calles u oficinas de Huaraz, que sean críticos.

Ver Huascarán en mapa más grande



 



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