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Montañismo y Exploración
Cordillera Blanca: paraíso andinista

Entre las cordilleras más grandes de la tierra está la delos Andes pero en ella está la Cordillera Blanca, de unos 200 kilómetros de longitud y que se ha convertido en un destino principal para todos los montañistas, sean de primera línea o no.







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La Cordillera de los Andes que atraviesa el Perú, tiene una impresionante longitud de casi 1500 km. Unos 200 de ellos pertenecen a un sector muy conocido: la Cordillera Blanca, ubicada al noreste de Lima (capital de Perú).

Lionel Terray, visionario alpinista Francés en los años 60,  ya definía a uno de estos “nevados” como:  la montaña imposible… se refería al Chacraraju (6,112  metros), donde él mismo dirigió una expedición a la arista noreste, realizando la primera apertura a esta imponente montaña. Años más tarde, alpinistas de nivel como J. Bouchard, Nicolas Jaegger, Pavle Kozjek o Rene Desmaison firmaban espectaculares primeras por casi todos sus flancos.

El macizo de los Huandoy.
Fotos, cortesía de nuestramontana.com
Click para agrandar.

La atracción fue inmediata: Renatto Casarotto, Agostino Da Polenza, Casimiro Ferrari, Charlie Fowler, Tomo Cesen, R. Paragot, Alex Lowe, entre otros, acudieron al “llamado de la montaña” y nos regalaron líneas impecables en varias montañas, sumándose a ello, la visita actual de montañistas como Steve House, Marko Prezelj, Jordi Corominas, Silvio Karo, es decir, todos ellos y otros más, siguen sucumbiendo al encanto desafiante de la Cordillera Blanca.

Acceso

Aeropuerto internacional Jorge Chávez de Lima, destino obligado de todos los vuelos internacionales. En Lima existen algunas compañías de trasporte fiables para realizar el viaje de ocho horas hasta la ciudad de Huaraz (3,100 metros), centro neurálgico de todas las expediciones a las cordilleras Blanca y Huayhuash. Existe además una aerolínea con vuelos diarios a Huaraz (hace una hora en el trayecto). El vuelo en la pequeña avioneta es impresionante si el  tiempo está despejado.

Huaraz es una ciudad multifacética. Sus desordenadas calles, enorme crecimiento demográfico y eterno ambiente de fiestas y procesiones, combinado con la calidez de su gente, la convierten en una ciudad de mucho interés. Antes del terremoto de 1970, en que aún se le podía llamar un pueblo de montaña, con sus calles estrechas o casas con tejados, Huaraz apenas superaba los 20 mil habitantes; hoy en día la ciudad y alrededores suman más de 120 mil, con tendencia al incremento por el desarrollo comercial de esta ciudad.

Actualmente Huaraz cuenta con todos los servicios, llámese infraestructura hotelera, bancos, restaurantes, policía, transporte y por supuesto agencias de viaje y un organismo del estado SERNARP (Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas) que es el ente velador del Parque Nacional Huascarán, creado en 1975 y donde precisamente se ubica la Cordillera Blanca.

El boom turístico o comercial  en temas de montaña se inicia a finales de los años 70, con la creación de la Escuela de Guías de Huaraz y la necesidad de organizar las numerosas expediciones que tuvieron como objetivo montañas de ese sector. Lamentablemente, durante mediados de los años 80, el terrorismo que asoló todo el Perú diezmó el turismo en todo su apogeo y Huaraz pasó a ser de una ciudad turística y montañera a un lugar asolado por los cortes intempestivos de luz y explosiones en los alrededores. Felizmente esta situación se acabó por completo y a mediados de los años 90 el turismo de montaña ha resurgido espléndidamente, junto con la afición interna que poco a poco está ganando más adeptos en cuanto a nivel deportivo se refiere.

El macizo

Con casi 200 km de longitud y 30 de ancho, la Cordillera Blanca, conformada por enormes bloques de granito, nieve, hielo y por supuesto mágicas lagunas en sus faldas (llegan casi a 300), se presenta ante el montañista con un enorme potencial deportivo y —por supuesto— laboral para quienes viven a sus alrededores.

Generalmente los vehículos nos trasladarán a los poblados de donde se inician las marchas de aproximación a los campos base de las montañas elegidas. Allí existen asociaciones de arrieros que trasladarán todo el material hasta el mismo campo base y también se puede pactar con ellos el regreso y si este es el caso, no es necesario hacer un prepago. Los costos son de cinco USD por cada burro y diez por arriero. Un arriero lleva hasta cinco burros por viaje. Adicional a ello, hay que incluirle su refrigerio del día y si vemos que hizo un trabajo con nuestros equipajes, una propina al volver no les caerá mal.

Igualmente existen asociaciones de porteadores y cocineros que nos pueden acompañar a las montañas por unos 25-30 USD por día. No incluye sus comidas pero sí todo su equipo de montaña si hay que pisar nieve con ellos. El tema de las agencias, guías y autorizaciones lo veremos al final y resultará de vital importancia para no ser estafados.

La mejor temporada para visitar la Cordillera Blanca es entre abril y septiembre, siendo los mejores meses, en teoría, entre junio y agosto. Ahora bien, el cambio climático que se presenta en todo el mundo ha hecho que la Cordillera Blanca no sea la excepción. Por ejemplo, las temporadas 2008 y 2009 fueron bastante secas y muchos glaciares sufrieron cambios inesperados durante la misma temporada supuestamente “seca” en que se presentaron fuertes lluvias o intensas nevadas que convertían, tras una tarde de fuerte calor, en una verdadera trampa de nieve floja algunos glaciares, causando avalanchas, apertura de grietas, desaparición de zonas nevadas y, por ende, algunos accidentes.

Es totalmente desaconsejable fiarse de las guías o manuales ya existentes que indican con “precisión” las condiciones de alguna montaña, incluso las más clásicas. La mejor información que obtendremos es conversar con la gente que está bajando. El mismo concepto debe aplicarse a las predicciones meteorológicas. Existen tantas quebradas o valles, que mientras que a una le puede estar cayendo una tormenta de nieve y lluvia tan brutal, en la próxima a unos cuantos kilómetros de distancia e incluso vista desde Huaraz, el intenso sol le estará ofreciendo una tarde impecable.

Dicen que los pobladores de las montañas son los mejores meteorólogos, pero actualmente, hasta ellos fallan. El barómetro es un buen indicador de cambios de tiempo, hay que estar al tanto y dar credibilidad si vemos un cambio extremo en la presión atmosférica si estamos en una tarde soleada. Seguro que el mal tiempo vendrá muy pronto o viceversa claro. El periodo de mal tiempo suele durar unos 2 o 3 días en la temporada invernal o “verano andino”, y se presenta un periodo estable de una semana o más.

Al ser una cordillera tropical, las temperaturas en esta zona fluctúan entre los 5 y 15 grados centígrados por encima de los cinco mil metros durante el día, descendiendo al amanecer a cero grados o incluso menos en alturas superiores a seis mil metros. Se han registrado temperaturas de 25, 30 en algunos glaciares sin viento y con cielo despejado. Al mismo tiempo se han registrado temperaturas de -20 en el campo 2 del Huascarán a unos 6 mil metros, por ejemplo.

El estado de la nieve según la ubicación de las mismas depende de la previa época de lluvias. A finales del 2009, han sido muy escasas, por lo que las condiciones de los glaciares son bastante inciertas. Si bien hubo días que incluso cayó granizo en Huaraz (fenómeno casi imposible hasta hace unos años) no compensa la recuperación de los glaciares y menos aún alientan al buen estado de algunas rutas de montaña clásicas en la Cordillera Blanca. De nuevo: la mejor información la obtendremos de gente que vienen bajando de las montañas.

A mediados de temporada, las montañas más clásicas tendrán la ruta bastante marcada y excepcionalmente se borrará la misma. Para objetivos con dificultad media en adelante, será improbable ver alguna huella. Una de las ventajas de escalar en la Cordillera Blanca es que existen tantos objetivos, incluso de vías normales, que es poco probable encontrarse con demasiada gente, excepto tener la mala suerte de coincidir con un grupo encabezado por algún guía de la vieja guardia que literalmente manda coser de cuerdas fijas algunas paredes tan bonitas para escalar como la del Alpamayo y le quita todo el encanto a otros montañistas que se encuentren al mismo tiempo.

Felizmente este tipo de guías, al menos en Perú, están en vías de extinción.

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