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Montañismo y Exploración
Nueva ruta en la cara sur del Ranrapalca
22 septiembre 2009

El Ranrapalca (6,162 metros), en la Cordillera Blanca de Perú, es una montaña con caras aún sin escalar. En agosto, los hermanos Eloy y Octavio Salazar, junto con Eric Albino, abrieron una nueva ruta en la cara sur, hasta entonces no escalada, en estilo alpino.







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Tras 29 horas entre el ascenso y descenso, los montañistas peruanos Octavio y Eloy Salazar Obregón, junto con Eric Albino Lluiya, realizaron lo que posiblemente se trate de una nueva ruta sobre la abrupta cara sur del nevado Ranrapalca.

La cara sur del Ranrapalca (“lugar pedregoso” en quechua), se ubica en la zona central del Parque Nacional Huascarán. Es una mole de unos seis kilómetros de longitud con paredes de roca, hielo y nieve de unos 750 a 850 metros de desnivel, sin contar su gigantesca planicie final, que conduce hacia la afilada cumbre de 6,162 metros.

El Ranrapalca con la ruta seguida.
Foto: Octavio Salazar.
Haz click en las imágenes para agrandarlas.

Eloy, guía de montaña local, y Octavio, aspirante, ya han sido protagonistas de importantes ascensiones netamente deportivas en la Cordillera Blanca, desde un rápido ascenso al Alpamayo (tres días de ida y vuelta porteando ellos mismo todo su material) hasta un arriesgado intento de apertura al Huantsán Grande el año pasado, por su aún inescalada cara noroeste.

Esta vez se unió a ellos otro joven aspirante a guía de montaña, Eric Albino, y los tres iniciaron la marcha de aproximación (26 de agosto) por la quebrada Cojup, colindante con la Ishinca. A la mitad de la quebrada y con la pared sur por encima de ellos, trazaron un desvío para aproximarse a la morrena después pernoctar a 4,800 metros. Ellos portearon su propio material.

Buscando el ingreso al glaciar.
Foto: Eric Albino.

El 27 de agosto las condiciones del tiempo fueron bastante malas, como en casi toda esta inusual temporada, así que el grupo decidió inspeccionar la zona de ingreso y trazar una posible ruta. El glaciar les quedaba a 20 minutos del campamento, pero las dificultades apenas iniciaban allí. Las condiciones del glaciar eran muy malas, desde subidas y bajadas por hielo frágil, grietas enormes y frágiles puentes de hielo en los que tuvieron que reptar para cruzar.

Luego de trazar una línea imaginaria, regresaron al campamento por la tarde y se encuentran con una sorpresa: mejoría absoluta en el clima. No había tiempo que perder: comieron algo, “descansaron” un poco y a las 23:00 horas retoman el ascenso.

La pared con los primeros rayos de luz

El 28 de agosto atravesaron la primera rimaya de acceso a la pared pero unos metros más arriba ubicaron la segunda y definitiva (5,150) que los colocó al pie de la gigantesca pared sur del Ranrapalca.

Los primeros 240 metros de pared, lo realizaron en ensamble, por una pendiente de nieve suelta de 50 y hasta 60 grados de inclinación. La nieve suelta les brindó la seguridad de hundirse a tal punto que los pasos eran seguros y continuados.

En el primer tramo en mixto, Octavio hizo un hongo de nieve dura como anclaje principal. Sus compañeros escalaban detrás de él y escalaban a la par, con cinco metros de diferencia entre uno y otro. Cuando terminaron esta zona, continuaron sobre nieve dura por unos 240 metros, que escalaron en ensamble para terminar la pared que nos les daba tregua: el primero de cordada subía e iba colocando estacas, pero sin montar una sola reunión. Sus compañeros las recogían pero estaban atentos por si su compañero caía.

Escalando en ensamble.
Foto: Octavio Salazar.

Este mismo método de progresión lo emplearon en el tercio superior de la pared, en una zona más complicada y con hielo duro. Sólo hacían las reuniones cuando se les acababa el material. De esta manera lograron superar casi toda la pared antes de anochecer y aún les dio tiempo de continuar a la última parte, que resultó la más complicada de la escalada.

La zona final presentaba una zona extraplomada donde colocaron tornillos de hielo. Después ingresaron a un canal de 120 metros con unos 80 grados de inclinación, que los llevó directamente a la arista que los llevó a la cumbre del Ranrapalca. Pero esa arista no es muy común porque se transforma por partes sea en zonas planas o tan afiladas que tuvieron que “cabalgar” sobre ella. A las 18:30 horas, los tres alcanzaban la cumbre del Ranrapalca.

Asegurando en las zonas más técnicas.
Foto: Eric Albino.

Con la última luz de la tarde, comenzaron a bajar por la pared oriental de la montaña: tres rapeles y el resto desescalando, pues la pendiente ahí es de 50 a 55 grados. Cuando llegaron al collado del Ranrapalca con el Nevado Ishinca, pudieron regresar a su campamento, adonde llegaron a las 4 de la mañana tras 29 horas de actividad ininterrumpida. El mismo 28 de agosto regresaron a Huaraz, tras dormir algunas horas.

Aunque aún no se verifica la totalidad de la ruta como nueva, se presume que lo es, ya que se conocen vías en esta cara por las zonas occidental y oriental, pero ninguna surca la mitad de la pared. Los montañistas catalogan su escalda como ED, 50° – 90°/95°, 850 m., con 20 horas de subida y 9 de bajada sin vivacs intermedios y en total estilo alpino. Le pusieron por nombre La paliza del Ranrapalca. Razones no les faltaron.

El material utilizado fueron cuerdas de 60 metros, juegos completos de pitones de roca y tornillos de hielo y estacas para nieve. Solo abandonaron una de ellas.

Canaleta de salida.
Foto: Octavio Salazar.

Eloy Salazar antes de la zona extraplomada.
Foto: Octavio Salazar.

Los hermanos Eloy y Octavio Salazar en la cumbre del Ranrapalca.
Foto: Eric Albino.



 



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