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Montañismo y Exploración
Ascenso al Volcán del Cóndor
12 mayo 2008

El acceso a las montañas de Argentina es largo y eso ha determinado que no sean muy frecuentadas. El Volcán del Cóndor es una de ellas y Jaimr Suárez hace vivir el ascenso a esta montaña de una manera peculiar.







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No creímos poder encontrar, aunque las carpas quedaron separadas por piedras, otro lugar mejor, y al día siguiente lo corroboraríamos. Teníamos unos manchones de nieve bastante cercanos metidos entre las rocas, y a la tarde pudimos obtener, aunque un poco trabajosamente, agua de deshielo que discurría entre las piedras.

El campamento 2 era un balcón desde donde admirábamos al Peinado y las lagunas,  pudiendo ver también la carpa y las camionetas a lo lejos, y el lugar del campamento Alex, del que nos separaban apenas unos 540 metros y sólo 225 metros de desnivel. Pero estábamos mucho más cerca de la cumbre, aproximadamente a 2,500 metros de distancia y a poco más de 600 metros de diferencia de altura. Y a los 5,800 todavía se duerme bien.

Hacia la cumbre

El sábado 26 de enero era el día de cumbre. Desayunamos temprano y enfundados en las bolsas de dormir. Luego procedimos al lento proceso de vestimenta cargando posteriormente en la mochila un litro de agua, comida de cumbre, la parka, el pantalón impermeable, los mitones y los crampones. Por fin podía sentir mi mochila realmente liviana. A las 8:30 de la mañana cerramos las carpas y partimos.

El comienzo fue trabajoso, especialmente al dirigirnos hacia la derecha para ingresar al cauce formado por la unión de cordones rocosos que descendían de los sectores más altos. Debimos con mucho cuidado y evitando perder altura, alcanzar un nivel superior a partir del cual se hizo un poco más cómodo el ascenso.

Comenzamos por fin a pisar nieve. Casi dos horas después continuábamos por ese cauce a cuya izquierda teníamos escalonadas crestas nevadas a cuyo final se encontraba el sector de cumbre, y a la derecha lomadas que iban perdiendo importancia a medida que al ascender superábamos su nivel.

A las 11:30 paramos, ya alcanzados  los  6,100 metros para un descanso y llevar agua y alguna fruta a la boca. Pronto divisamos el nevado collado que separaba los cráteres sur y norte, principales cúspides de esta gran montaña. Hans, siguiendo los puntos de Alex encaró resueltamente hacia el Norte.

Para subirlo mejor debimos colocar los crampones y hacer zigzagueos ascendentes sobre el glaciar que tapizaba la cima. Pasadas las 14 horas superamos los 6,300 metros de altura y finalmente a las 15 horas nos reuníamos en la más alta formación rocosa que por sobre los 6,400 metros sobresalía en el sector sur del cráter norte.

A grandes rasgos, estos dos grandes sectores de cumbre, el norte y sur,  están conformados por labios-cumbres que rodeaban sus pronunciados aunque ocluidos cráteres. Aunque hay en este nevado, distribuidos en niveles inferiores, más cráteres. Miramos preocupados y detenidamente la altura del que teníamos al Sur, y visualmente lo vimos a la altura del que hollábamos, y como a unos 500 m de distancia. Estaba muy parejo todo. De haber diferencias de altura, serían muy pocos metros. Eran notorias las amarillentas manchas de azufre en la ladera de acceso a él, que teníamos enfrente.

Magguy y Lis buscaron afanosamente comprobantes en la mayor altura de la torre de rocas. Sabíamos que Henri Barret había subido ambas cumbres, el 1966 la sur y en 2002 la norte; a la que también llegó, por fotografía que después pude ver, Alex Von Gotz con otro alemán. Pronto sentimos con Hans gritos alborozados; las chicas habían encontrado el comprobante de la expedición de [Guillermo] Glass y  [Darío] Brácali, de enero del 2007, donde indicaban que se dirigirían también hacia la cumbre sur.

Pusieron nuestro comprobante que fue un pedazo de tela con todos nuestros  nombres. Nuestra expedición era la cuarta en ascender este sector de El Cóndor y para diferenciar más esta cumbre de la otra la bautizamos con el nombre de “Museo Seismiles”, en el afán de difundir más el gran esfuerzo que por las actividades de montaña, hacían nuestras jóvenes acompañantes.

Leímos los GPS que alcanzaban, este 26 de Enero de 2008 en la posición de cumbre S26°37´558 y O68°21´833, los 6,430 metros. Hacia el Sur a 20 kilómetros el Falso Azufre, y el Inca Huasi a 45 kilómetros. Hacia el Sudoeste, a 30 kilómetros, era apreciable casi completamente la Laguna Verde de Chile, y tras ella el Ojos. En sentido Norte el Antofalla resaltaba claramente su níveo perfil a 130 kilómetros de distancia. Y así nos seguimos  deleitando con el inigualable paisaje que brinda una cumbre, mientras con alborozo intercambiábamos comentarios y algunos conversábamos con nosotros mismos.

Regreso...

Habían sido unas siete horas de trabajoso ascenso para llegar a la cumbre, y debíamos volver. Cuarenta minutos después de haberla alcanzado iniciamos el regreso, desandando las huellas dejadas primero, y el recuerdo de las grandes piedras y puntos de referencia, después. A las 20,30 estábamos abriendo las carpas que nos esperaban en el campamento 2. Fueron 12 horas de continua actividad y emociones. Correspondía un té caliente, una comida para recuperar energías y un buen descanso.

Al día siguiente, lunes 27, sin ningún tipo de apuro y luego de desarmar el campamento, partimos hacia el  campamento base 120. Teníamos un desnivel de casi mil metros y nos separaba una distancia de poco más de 3.5 kilómetros. Nos esperaban un maduro y oloroso melón y cuatro latas de cerveza para festejar, pero también desarmar la carpa y la intriga de poder hacer arrancar los vehículos, luego de que pasaran varias noches con temperaturas bajo cero.

Y luego el retorno, con rumbo hacia Antofagasta de la Sierra. Pero esa es otra larga historia.

Jaime Suárez Enero 2008

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