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Montañismo y Exploración
To bolt or no to be (Estar o no estar sujeto con bolts)

Muchos montañeros y escaladores consideran nuestra actividad como un deporte libre, en otras palabras, como un deporte exento de reglas y regulaciones, pues disponemos de total libertad para practicarlo donde queramos, cuando queramos y con quien queramos. Pero esto no es totalmente cierto. Disponemos de nuestro propio código ético y de comportamiento en las montañas, que toma en consideración las cuestiones medioambientales y respeta a las personas relacionadas con nuestro deporte…







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The rotting peg and bolt syndrome
(El síndrome de la clavija podrida y el bolt)

K.J. Wilson
Baton Wicks Publications
Inglaterra


En mi opinión, Pit Schubert y la UIAA buscan un nuevo mandato para sustituir el viejo equipo por uno nuevo, o por lo menos descubrir los sentimientos de la gente antes de emprender alguna acción.

A primera vista, la solución de Schubert (que actualmente se utiliza en los riscos de los Alpes orientales) parece lógica y responsable, pero ¿lo es acaso en realidad?

Si nos decantamos por colocar equipos fijos de forma oficial, estaremos fomentando entre los escaladores a "desaprender" una de las reglas básicas de la escalada: que se responsabilicen de sus propias pertenencias. La presencia de un equipo fijo (bueno o malo) propicia los descuidos en este aspecto. Cualquier escalador sensato deja de lado el equipo fijo por otras sujeciones, actualmente empotradores y friends, tan fáciles de colocar que le resulta fácil construir sus propios aseguradores mucho más fiables. Evidentemente, siempre podemos improvisar por un tiempo y escalar las montañas y los riscos usando los sistemas fijos para ayudarnos en caso necesario, pero es importante no olvidar que la corrosión les afecta rápidamente.

En poco tiempo un equipo fijo se convierte en un método de seguridad superficial, pero en ningún caso en un método totalmente seguro, con lo que estaremos enviando a una generación de escaladores a las montañas sin que sepan cómo protegerse de forma adecuada. Es decir, esta gente no podrá considerarse auténticos escaladores, ya que a falta de equipos fijos será incapaz de moverse con seguridad por las montañas.

Esto puede acarrear graves consecuencias a los escaladores que quieran escalar nuevas cordilleras como las de Groenlandia, Patagonia, etc., ya que confiando en las que ventajas que les proporciona el equipo fijo existente en sus países, los escaladores europeos intentarán hacer lo mismo en el extranjero.

Antiguamente, los escaladores europeos llevaban consigo los pitones y los martillos. Eran competentes y, por lo tanto, podían cuidar de sí mismos. Hoy, en cambio, no los llevan porque se considera pasado de moda. Teniendo esto en cuenta me parece importante que la UIAA fomente firmemente en los escaladores la costumbre de llevar consigo empotradores y friends para que aseguren su avance, e incluso un martillo y algunos pitones cuando se trate de una ascensión de grandes riscos.

Los escaladores posiblemente encontraran algunos puntos de descenso con equipo fijo, pero en cualquier caso se tratará de algo excepcional.

Más que en términos de seguridad, el auténtico problema consiste principalmente en las marcas que deja en el camino. Antiguamente, en la época de los Dolomitas concretamente, se utilizaba equipo fijo para señalar la ruta correcta. Una ruta clásica compuesta por grandes precipicios que utilizan escaladores de diversas nacionalidades, no tiene nada que ver con los pequeños precipicios británicos, que están perfectamente explicados en las guías. Los escaladores poco asiduos (por ejemplo, los que escalan una vez al año) solían perderse fácilmente por estas rutas. Por consiguiente, en algunos casos es importante disponer de algún tipo de marca para señalar el camino correcto y las posturas, no mediante señales pintadas pero, por ejemplo, mediante algún tipo de señal de metal que puede colocarse en los lugares que se han limpiado de basura y que son lugares naturales perfectamente protegidos. El punto fuerte de este argumento es la necesidad de dotar a los Alpes cuanto antes, de refugios salvaguardados del mal tiempo, lo que tiende a buscar una solución de sujeción fija (en tiempos pasados los escaladores hubieran simplemente confiado en entrelazar viejos pitones).

Es importante reflexionar con detenimiento sobre este tema. En las rutas más populares los puntos de descenso son habituales (p. ej.: en Dülfer Couloir, en la cima del Grand Cap), con lo que resulta probable que los equipos se olviden de llevar consigo el equipo suficiente para protegerse de un largo descenso. Posiblemente las líneas de anclajes que garantizan una correcta sujeción pueden convertirse en la solución al problema, pero dicha solución debe fomentarse durante la ascensión. Sin embargo, soy consciente de que ningún organismo oficial se responsabiliza de controlar el exceso de puntos de descenso fijos, sobretodo en alta montaña, lo que deja muchas preguntas sin respuesta, y no precisamente relacionadas con el peligro de litigio que entraña cualquier asegurador al caerse. Debería establecerse un sistema de sustitución selectivo del equipo para que los puntos clave de la ascensión estuvieran en buenas condiciones, aunque si seguimos por este camino nos serviremos del mismo tipo de justificaciones que utilizan los suizos con referencia a las estacas de la Galerie Carrel en el Zmutt (aunque se trata de una ruta mixta y por lo tanto no es exactamente lo mismo). Este razonamiento parece apropiado, aunque efectivamente deja el paso libre a numerosos interrogantes: ¿por qué no disponer de cuerdas fijas en la Travesía de los Dioses?, ¿Deberían mantenerse las cuerdas fijas en la Travesía Hinterstoisser? Porque sin ellas, ¿cuántos lograrían escalar el Eigerwand?.

He observado que en su artículo habla de "alta montaña" y de "riscos de escalada". Ambos deportes, son seguramente las únicas modalidades de alpinismo que conocen los europeos. Por ello queremos ahora descubrir montañas altas para improvisar su escalada al igual que hacemos con los precipicios de entrenamiento. Debería fomentarse la actitud que adoptan los británicos con respecto a los riscos tradicionales (p.ej.: más o menos agrietados y verticales), es decir, tratarlos con respeto (en vez de acribillarlos con hierro) y aprender a colocar las protecciones para que cuando uno escale la montaña, no sienta ni sus habilidades ni su ética menospreciadas. Las actividades de escalada deben reservarse SÃ?LO para los riscos abruptos y sin grietas, así como para los escaladores físicamente bien preparados y expertos en el uso de las protecciones naturales, debiéndose desaprobar como técnica de masas. Si fallamos en el intento, el resultado que obtendremos es que tarde o temprano TODAS las escaladas en roca se acondicionarán con bolts porque los europeos ya no acarrearán martillos y pitones, ni tampoco sabrán (o querrán aprender) utilizar los empotradores.

En mi opinión, un entorno de montañas lleno de bolts es insostenible por cuestiones simplemente medioambientales (dejando de lado las cuestiones éticas). ¿Acaso la UIAA considera correcto colocar bolts de forma aleatoria en todas las montañas y riscos? Seguramente no. Por consiguiente, tanto usted como sus colegas británicos de la UIAA deberían alabar al líder británico que adoptara técnicas de protección y llamara la atención de los demás y les informara sobre la seguridad medioambiental y las cuestiones éticas (cualquier persona que lo tenga en cuenta es con diferencia mucho más segura).

Ha llegado el momento de subrayar la importancia que tienen las características de las cordilleras y de advertir a los que no pueden moverse por las montañas sin una taladradora mecánica o una ruta preequipada, que no pueden llamarse a sí mismos "escaladores" o "montañistas" en el amplio sentido de estas palabras. Además, con la caída en desuso de los pitones, todo escalador tiene la obligación de aprender y practicar los métodos de protección actuales. Es importante que comencemos a promocionar la virtud de estas técnicas en términos medioambientales. No se trata solamente de proscribir el uso de taladradoras automáticas en las Grandes Cordilleras, a cambio tenemos que fomentar en casa las técnicas de los empotradores.

 

La absoluta libertad de escalar versus la seguridad y la prevención de los accidentes de montaña

Bruno Durres
Comisión de Medicina de la UIAA
28-06-1998

Cada año, a finales de agosto, los medios de comunicación europeos anuncian el cómputo de víctimas que "las montañas asesinas" se han cobrado a lo largo del año, y citan a algunos escaladores de élite famosos (normalmente sin experiencia en cuestiones de rescate) para que expongan sus opiniones sobre cómo evitar los accidentes de montaña.

Instalar o no instalar bolts por cuestiones de seguridad en las rutas de escalada o en las de escalada tradicional (o incluso cuerdas fijas como, por ejemplo, en Matterhorn, Eiger Mittelegi), es uno de los temas que suscita interminables discusiones. Ambas opiniones cuentan con buenos argumentos en su defensa, por lo que resulta probable que cada cordillera termine por adoptar su propia solución al problema.

La libertad de escalar

Escalar con absoluta libertad implica poder escoger el lugar que uno quiere escalar y la técnica que uno quiere emplear para ello.

Cualquier escalador dispone de total libertad para escoger una determinada ruta o montaña, en función de su experiencia, entrenamiento y cualidades físicas. Mientras que los buceadores están obligados a presentar un certificado de formación para poder comprar o alquilar el equipo de submarinismo que necesitan, los escaladores no están sujetos a ningún tipo de control al respecto. Un escalador goza de plena "libertad" para sufrir accidentes mortales si no se ha entrenado teniendo en cuenta los estándares de las federaciones alpinas o las asociaciones de guías de montaña.

Todo escalador (correctamente entrenado o no) puede decidir libremente si desea utilizar el equipo fijo. Los escaladores puristas proponen la escalada limpia con aseguradores desmontables como único método de ayuda. Los que van en busca de adrenalina son libres para hacer caso omiso a cualquier tipo de sistema de protección fijo o bolt.

La responsabilidad de las federaciones de montañismo y la prevención de accidentes

La mayor parte de las regiones montañosas de los Alpes europeos viven del turismo y, por lo tanto, están muy interesadas en ofrecer rutas seguras y un sistema de rescate eficaz para sus visitantes.

Cerrar definitivamente el paso a las cordilleras para preservarlas para el futuro, es quizás una medida de máxima eficacia en términos de prevención, pero que va definitivamente en contra de la libertad de escalar.

De momento no existe ninguna prueba que demuestre que el número de accidentes ha incrementado en las rutas que disponen de equipos fijos. Por el contrario, la tasa de víctimas ha disminuido significativamente en las escaladas mixtas clásicas de los Alpes suizos en los que se han instalado dichos sistemas de protección.

La mayor parte de los rescatadores de los Alpes, que también se encargan de llevar a cabo peligrosos rescates de los cuerpos de las víctimas, proponen que se instale un número moderado de aseguradores en las rutas más comunes.

La libertad de escalar conlleva la necesidad de disponer de rutas seguras. En este aspecto, los escaladores de elite deberían ser más tolerantes hacia las actividades de prevención que llevan a cabo las regiones montañosas y las organizaciones de rescate.

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