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Montañismo y Exploración
To bolt or no to be (Estar o no estar sujeto con bolts)

Muchos montañeros y escaladores consideran nuestra actividad como un deporte libre, en otras palabras, como un deporte exento de reglas y regulaciones, pues disponemos de total libertad para practicarlo donde queramos, cuando queramos y con quien queramos. Pero esto no es totalmente cierto. Disponemos de nuestro propio código ético y de comportamiento en las montañas, que toma en consideración las cuestiones medioambientales y respeta a las personas relacionadas con nuestro deporte…







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6. Artículos del Boletín de la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo (UIAA)
"Montañas de Hierro y Acero"
Carta del presidente Ian McNaught-Davis:

El 1 de Julio de 1936 un importante grupo de alpinistas alemanes se propuso escalar la cara oriental del Tryfan, una montaña situada al norte del País de Gales. Al encontrar que las rutas estaban por debajo de su nivel, se percataron de una sección de roca que no había sido escalada previamente. Ese mismo día, Hans Teufel, Heini Sedlmayr y J.R. Jenkins marcaron un hito en la historia del alpinismo británico. Abrieron una nueva ruta, bastante ardua, a la que bautizaron con el nombre de Munich Climb (Escalada Munich), y en la que colocaron tres pitones que llevaban consigo. Los miembros del alpinismo británico no vieron con buenos ojos su actuación ya que, por aquel entonces, estaba totalmente prohibido emplear material de hierro en las exploraciones de riscos. Menlove Edwards, uno de los miembros del club de alpinismo, al ver un mosquetón y un pitón de bronce perfectamente visibles, se lo tomó como un desafío. Dos semanas más tarde escaló la ruta sin ayuda artificial alguna y extrajo los ofensivos pitones con el atizador de una cabaña del club de alpinismo cercana. Jamás volvieron a sustituirse a pesar de que, por muchos años, fue la peor ruta de acceso a la montaña y en ella se produjeron numerosos accidentes mortales hasta que las técnicas de protección modernas se fueron desarrollando.

Esta actitud de rechazar el uso de pitones y bolts en los riscos de alta montaña ha constituido una práctica muy habitual en Gran Bretaña, por lo que resulta difícil encontrarlos hoy en día. La acogida de esta práctica, así como el hecho de que aumentan las dificultades en las escaladas, es algo sorprendente que ha propiciado acalorados debates sobre cuándo es lícito utilizar equipo fijo. En la mayor parte de los precipicios de alta montaña de Gran Bretaña puede escalarse sin encontrar apenas huellas de un alpinista que haya hecho previamente esa misma ruta. Las hileras de pitones, los cómodos bolts en posición de asegurar o los puntos de descenso fijos son inexistentes. Si tenemos en cuenta el elevado número de alpinistas de hoy en día, es lo más cercano a una experiencia natural que se puede vivir.

Dos consecuencias se derivan de esta ética. En primer lugar, deben desarrollarse nuevos métodos de protección fijos no dañinos para la roca. En un principio se utilizaban guijarros o pequeños trozos de roca que se metían en las grietas ensartados con un hilo nylon. Era una práctica ardua que requería mucho tiempo y trabajo. Durante los años 60 y 70 se inventaron las cuñas que podían ensartarse en anillas y por último los empotradores metálicos y los friends, hoy en día componentes habituales del equipo de cualquier alpinista. Gran parte de las rocas eran de granito duro o cuarzo con prácticas grietas que facilitaban una buena protección. Este sistema no funciona demasiado bien en rocas blandas, como las de piedra caliza o arenisca, ni en las rutas alpinas en las que resulta imposible escalar sin la ayuda de pitones. La técnica que utilizaban la mayor parte de los alpinistas británicos con pocos recursos, consistía en escalar las rutas más conocidas y apoderarse del mayor número posible de pitones, que luego utilizaban al escalar rutas nuevas o difíciles o como puntos de descenso fijos. El martillo era una herramienta indispensable para cualquier aspirante a alpinista, aunque sólo fuera para formar parte de su stock de herramientas.

Los debates sobre estas cuestiones han protagonizado los últimos sesenta años y estos últimos cinco se han agravado con motivo de la presión actual por proteger nuestras montañas de los crecientes daños que les inflingen los excursionistas, escaladores, alpinistas y montañistas (sin por ello olvidarnos de los esquiadores).

Los temas a tratar son graves y las cuestiones a debatir son muchas:

¿Tienen los alpinistas derecho a clavar los pitones y los bolts de forma aleatoria en cualquier risco, montaña o reserva nacional que elijan y sin tomar en consideración el daño medioambiental que pueden llegar a ocasionar?

¿Deberían equiparse las rutas tradicionales y más comunes con bolts, clavijas y montantes, etc. con la excusa de que proporcionan más seguridad o de que facilitan y agilizan el trabajo a los grupos guiados?

¿Resulta conveniente dejar estas rutas sin protección para revivir las sensaciones de la primera ascensión lo máximo posible, así como el aura de emoción y descubrimiento que suele normalmente acompañar a cualquiera ruta improvisada?

¿Conforme la corrosión se apodera del equipo instalado (imprescindible para lograr escalar la ruta) y éste se convierte en peligroso, debería sustituirse por bolts con protección anticorrosión o deberían los alpinistas esforzarse en utilizar, a ser posible, empotradores y friends?

¿Debería permitirse a los responsables de los refugios de montaña que se encarguen de equipar las rutas clásicas para promocionar sus refugios? (¿Quién debería encargarse a su vez de controlarlos?)

¿Quién es el responsable cuando se producen fallos en los sistemas de protección fija: la persona que los instaló, los patrocinadores o la federación nacional que respaldó la política de acondicionamiento?

¿Es posible conseguir una política internacional fiable o debe permitirse a cada país establecer sus propias normas al respecto?

Estos son algunos de los temas que se discutirán en la próxima Asamblea General de la UIAA que se celebrará en octubre. Aunque no logremos encontrar solución a todos los problemas, espero que podamos progresar, aunque sólo sea un poco, en la futura protección de nuestras actividades.

En resumen, la calidad de una escalada no guarda relación alguna con la forma como se lleva a cabo.

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